Uso del bambú para diversas infraestructuras.

El agustino recoleto Diego Cera (Graus, Huesca, España, 1762 — Manila, Filipinas, 1832) es un buen representante del trabajo socio-evangelizador de los Agustinos Recoletos en Filipinas. Sus aportaciones a la cultura universal han llegado hasta nuestros días. En este IV Centenario (1621-2021) de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, su vida “siempre en misión” y su entrega al pueblo filipino animan a los misioneros del presente y del futuro.

A) El desafío de la ingeniería del bambú

No concibe fray Diego un templo digno sin un órgano digno. Pero esta vez no tiene un generoso presupuesto como en San Nicolás de Intramuros. Así que trabaja con la cabeza antes que con las manos: ¿Por qué no usar los materiales abundantes y baratos de la zona y construir un órgano customizado para Las Piñas? Comienza a pergeñar su hoy ya famoso órgano de bambú.

Suele describirse el bambú como un vegetal duradero, pero esto vale para su estado natural, vivo, no se refiere a su durabilidad una vez cortado. Es una gramínea, sin las propiedades de la madera. Por tanto, debe ser necesariamente tratado para conseguir esa durabilidad. Hay casi 1.500 especies de bambú; Cera usó la variedad bambusa spinosa, que se encuentra en Batangas y Luzón.

El bambú es una planta hueca, sin corteza ni anillos de crecimiento, y no aumenta de diámetro una vez madurado. Puede crecer hasta 25 centímetros al día, llegando a su altura máxima en seis o siete meses; algunas variedades tropicales alcanzan hasta 40 metros. Es un recurso muy sostenible, pues las plantas rebrotan después de cortadas sin necesidad de replantar.

Cuando tiene entre tres y seis años de vida se corta, pero sin tratar dura menos de dos años, quizá entre cuatro y siete sin exposición a la intemperie. Tiene mucho almidón, atractivo para los hongos y los xilófagos; sus ceras, resinas y taninos naturales no le sirven de defensa por no tener la proporción suficiente.

Actualmente las técnicas de conservación usan bórax o ácido bórico, que convierten los azúcares de las fibras del bambú en sales. Fundamental es el punto de humedad: muy húmedo, se pudre; muy seco, encoge y se agrieta. Para que conserve sus propiedades, no debe contactar con el suelo; no se debe unir a o con metales; no debe caerse o golpearse; y deben añadirse cera, parafina, resina y aglutinantes que anulen o minimicen la degradación, la contracción o la hinchazón.

Es probable que fray Diego Cera no tuviese contacto con el bambú antes de llegar a Filipinas. Por eso admira que realizase un órgano estable con un material tan sensible. Cada modificación tubular infiere en su sonido y afinación. Si Cera no hubiese aprendido a tratar correctamente el bambú, nunca hubiera tenido un órgano armónico.

Sabemos que escogía él mismo uno a uno los tallos que se cortaban y los enterraba en la playa durante seis meses. Este proceso actuaba de insecticida y “salinizaba” el bambú. Cera escogió y trató un total de 950 plantas, de las cuales 832 acabaron formando parte del órgano.

B) Un órgano de tecnología hispano-filipina

Fray Diego construyó su órgano de bambú durante ocho años con técnicas de la organería hispana adaptadas al lugar, clima y recursos. Consiguió dos juegos de trompetería de metal para los sonidos que no consiguió imitar con el bambú, con los que remató la fachada principal. Son 953 tubos, 832 de bambú y 121 de metal, con 22 registros (10 en el tablero izquierdo, 11 en el derecho, y 1 registro de pedal) y dos que imitaban, respectivamente, percusión y pájaros cantando. Este efecto se conseguía con burbujas, añadiendo agua en un depósito especial por el que el aire interactuaba con el agua.

En el caso de la tubería de metal, desconocemos por qué Cera varió la costumbre hispánica y puso los tubos más anchos y largos abajo y los pequeños arriba. Rompió con una costumbre estética, pero también práctica, pues en el modo tradicional es más fácil proceder a los ajustes y limpieza.

El órgano tiene 5,17 metros de altura por 4,11 de anchura y 1,41 de fondo; el teclado es de cinco octavas completas de do a do, y una octava completa de pedales. Estos son sus registros:

C) Los embates del tiempo

Tras la muerte de fray Diego en 1832, el rodillo del tiempo y varias catástrofes pasaron por encima del órgano. Se introdujeron modificaciones sustanciales sin mayor pericia y sin ánimo de conservar la obra original. Así sucedió con la caja de ecos o con los fuelles, elementos que usan cuero, muy sensible a ambientes húmedos y cálidos, en perpetuo inflado y desinflado y con profusión de piezas móviles. La norma en España es cambiar la marroquinería de un órgano cada 50 años, pero el clima filipino reduce ese arco de durabilidad a unos 30 años máximo.

En 1862 un terremoto afectó gravemente a todo el complejo y al órgano; y veinte años después, en 1882, un tifón levantó el tejado y el flujo de agua fue tal que muchos tubos del órgano acabaron flotando, algo fatal para su cometido.

Fue el momento más crítico para el órgano de bambú, cuando alguien sugirió venderlo y sustituirlo con un armónium para el culto. Un tal Pedro, que años más tarde sería fiscal del templo, se ofreció a repararlo para desactivar la idea de la venta. Con 270 pesos entre aportaciones del ayuntamiento, de los parroquianos y del arzobispado, se repararon tan solo dos registros.

En 1888, el P. Saturio Albéniz inició un proyecto de mejora, pero al no conseguir completarlo, en realidad el instrumento se degradó aún más. Desde esa fecha y hasta 1917 el órgano jamás volvió a sonar. Sin embargo, su particularidad seguía de algún modo viva.

En 1909 se publicó en el periódico The Philippine Catholic un artículo en inglés firmado por Crisógono, quizá un pseudónimo, titulado El constructor del famoso órgano de caña del pueblo de Las Piñas, Cavite, Filipinas. Cuatro años después fue editado en español por El Siglo Futuro (11 de julio de 1913). El artículo denunciaba el lamentable estado del órgano y del templo, pero ofrece un dato esperanzador, la presencia constante de turistas:

“Si cada uno de los muchos americanos que visitan el pueblo de Las Piñas con el único fin de ver este admirable instrumento diese una limosna, aunque insignificante, se podría disponer de una cantidad suficiente para reparar tanto la iglesia como el órgano”.

Expulsados los Recoletos tras la Revolución filipina, la Congregación del Inmaculado Corazón de María (vulgo Padres Belgas) se hicieron cargo de la Parroquia de San José de Las Piñas. El P. Víctor Faniel, párroco entre 1915 y 1920, mostró un enorme interés por el órgano y comenzó una campaña para lograr su restauración. Publicó un folleto, comenzó a pedir limosnas a los turistas para su restauración y consiguió ponerlo de nuevo en funcionamiento. Otro miembro de su Congregación, Paul Hubaux, instaló en 1932 un motor eléctrico Wagner para sustituir los fuelles.

En 1960 el embajador de la República Federal Alemana en Filipinas, Friedrich von Fürstenberg, ofrece una donación de 150.000 marcos con la condición de que sea restaurado en Alemania. No cuajó, pero la idea quedó en el ambiente. En 1962 la Sociedad de Conservación Histórica y un misionero del Verbo Divino, Hermann Schablitzki, quisieron restaurar el órgano, pero la insuficiencia de fondos solo permitió trabajos parciales.

El órgano era ya un enfermo terminal: trompetería horizontal desconectada, solo dos registros en funcionamiento, fugas de aire en el secreto y un montón de tubos amontonados sin uso dentro del armario del órgano.

A partir de los años 70 los Padres Belgas (sobre todo Mark Lesage y John van der Steen) y las autoridades locales ven la necesidad imperiosa de salvar el órgano. Para hacer un diagnóstico real acuden a la empresa Klais Orgelbau GmbH & Co. de Bonn (Alemania), de gran experiencia en la restauración de órganos españoles. Sus técnicos concluyen en 1972 que el órgano aún puede salvarse, pero es necesario hacerlo en Alemania y por no menos de 200.000 marcos alemanes.

Con la cooperación internacional y el esfuerzo de no pocas personas e instituciones, en marzo de 1973 los técnicos Joseph Tramnitz y Joseph Pick desmontan y embalan el órgano. El bambú es enviado a un taller especializado en Japón que, ya tratado, lo reenvía a Bonn, donde le esperan el armazón o caja, consola, teclado, pedalero, registros, mecanismos y fuelles. Hubo que sustituir 89 tubos por otros nuevos, 35 de metal y 53 de bambú.

Se acondicionó el taller con la misma temperatura y humedad media que la del templo de San José de Las Piñas para que el bambú respondiese adecuadamente. Todo el proceso duró dos años (1973-1975). Solo se aprobó un cambio de importancia sobre el proyecto original, ya que por seguridad se resituaron los fuelles a un lado del coro y junto al campanario.

Entre tanto, desde 1971 a 1975 el templo recuperó su aspecto original, aunque se resituó el altar según la reforma litúrgica del Vaticano II. De las paredes se eliminó una capa de tres a cuatro pulgadas (10 centímetros) de yeso. Se descubrió enterrada en el patio la pila bautismal original, que volvió a su lugar. También se cambiaron las redes eléctricas y elementos modernos para que no dañasen ni alterasen la forma original diseñada por Cera.

El 18 de febrero de 1975 el órgano de bambú volvió a sonar en Alemania con un concierto de Wolfgang Oehms (1932-1993) en la Embajada de Filipinas en Bonn y con la grabación de un LP. Menos de un mes después, el 13 de marzo, con la colaboración de Sabena (hoy Brussels Airlines), el órgano volvió a Manila.

El concierto inaugural fue ofrecido también por Oehms, junto con el Coro de Niños Las Piñas, la Orquesta del Centro Cultural de Filipinas y la Maharlika Rondalla. Y se estrenó la primera edición del Festival de Música del Órgano de Bambú, que ha continuado hasta hoy.

Como es lógico, el órgano es casi un ser vivo al que hay continuamente que atender, limpiar, afinar y conservar. Por ejemplo, en 1990 se reemplazaron piezas óseas del teclado con la supervisión por Klais Orgelbau GmbH & Co.

En 1994 algunos antiguos miembros del coro parroquial y del Colegio San José de Las Piñas crean una empresa llamada Diego Cera Organbuilders INC. con dos objetivos: mantener siempre el órgano al punto y recuperar la antigua tradición organera de Las Piñas iniciada por fray Diego Cera y sus discípulos, tan bien reflejada en la estatua del recoleto en la plaza de acceso al templo.

Los miembros de la nueva empresa se formaron en Grunbach, Austria, como aprendices de Helmut Allgaeuer Orgelbau gracias a una beca de la Bamboo Organ Foundation Incorporated, organización sin ánimo de lucro que organiza el Festival Internacional anual y cuida del órgano.

Entre 2003 y 2004 Diego Cera Organbuilders INC, con financiación de la Comisión Nacional para la Cultura y las Artes de Filipinas, desmonta el instrumento para reemplazar las piezas de cuero y mejorar el suministro de aire con un fuelle paralelo de pliegues múltiples para el que se tomó como modelo el de un órgano construido por Cera en Baclayon (Bohol). Se usó piel de una variedad local de cerdo en vez de cordero, Se usó piel de una variedad local de cerdo en vez de piel de cordero, buscando un mejor aclimatación del nuevo fuelle.

El Museo Nacional de Filipinas declaró oficialmente el órgano de bambú de Las Piñas como Tesoro Cultural Nacional el 24 de noviembre de 2003.

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