El logotipo y el lema acompañarán a la celebración de los 400 años de esta Provincia religiosa, así como el significado de sus distintos elementos desde el 10 de septiembre de 2020 al 5 de diciembre de 2021. Vienen a mostrar que estos 400 años han pasado entre lo fugaz y lo permanente.

La Provincia de San Nicolás de Tolentino de la Orden de Agustinos Recoletos está a punto de celebrar nada menos que su cuarto centenario. Para soplar cuatrocientas velas se necesita de tal fuelle en el pulmón, que solo está a la altura del siempre presente soplo del Espíritu Santo, a veces brisa, a veces huracán.

Él fue quien movió los hilos para que san Agustín propusiese un estilo de vida comunitario en su Regla, que ha guiado la vida de generaciones de consagrados hasta hoy. En el siglo XIII nacían los Agustinos fruto de la unión de varias congregaciones seguidoras de esa Regla, y en el siglo XVI, a finales, la Recolección Agustiniana.

Dentro de esa Recolección, algunos de sus religiosos quisieron dedicar todo su esfuerzo a la tarea misionera en Filipinas. En 1621 estas comunidades misioneras se conforman como Provincia de San Nicolás de Tolentino.

Casi cuatrocientos años más tarde, continuamos entre lo fugaz, el tiempo que pasa, o vuela, según se mire; y lo permanente, el carisma, los valores que han inspirado la vida personal y comunitaria de tantos religiosos y laicos comprometidos de diversos modos.

El logo: Un tren que no se detiene

En el marco de la estrella de san Nicolás de Tolentino, que ya era el logotipo de la Provincia religiosa de los Agustinos Recoletos a la que apadrina, caldeados por su luz, saltan a la vista los números de la cifra que convoca a la celebración: 400.

En el primero de sus ceros está la figura del santo, identificado por su estrella y por el evangelio que se desborda debido a su testimonio concreto de vida, encarnación de esos valores evangélicos del seguimiento de Cristo según el carisma de san Agustín.

En el segundo cero está una barca, que nos lleva a la misión, a Pedro y los demás que, alentados por el Maestro, vencen la zozobra, reman mar adentro y salen a pescar hombres. También la barca fue el principal medio de transporte en el país de las mil islas, Filipinas, misión originaria de la Provincia que, 400 años después, está por tantos mares y ríos del mundo en tres continentes.

El lema, Siempre en misión completa, junto con el arco de años de la celebración, ese primer vistazo donde predomina el color verde, color que identificaba ya a la Provincia en su logotipo y en su comunicación pública.

• La estación eres tú

Propongamos una lectura más gráfica: imaginemos que se trata de un tren comandado por el tiempo, incapaz de detenerse: la máquina es el cuatro; y tiene sus dos primeros vagones fijos, los ceros: san Nicolás y la misión.

A continuación, ahora fuera de foco, siguen el resto de los vagones, cada uno dedicado a las distintas áreas de trabajo, pastoral, misión, vida espiritual y encuentro con la sociedad que tiene hoy la Provincia: parroquias, colegios, proyectos sociales, centros de espiritualidad y de formación permanente, casas de formación inicial, cultura, diálogo social, centros de atención a los mayores…

Estos vagones pueden variar, pero todos caminan unidos por el vínculo de la misión, del estar presentes donde la Iglesia quiera.

Y, ¿dónde para este tren? Las estaciones están hoy en tres continentes, en cientos de familias, en aquellos a quienes se sirve y se lleva el evangelio en forma de testimonio, de alegría por una vocación, de seguimiento de Cristo. Tú, que lees esto, eres una de las estaciones de ese tren.

Dentro de cien años se cambiará la máquina por una mucho más potente, la del “cinco”, el medio milenio. El tren del tiempo no se detiene y la estrella de san Nicolás seguirá brillando mientras el soplo del Espíritu mantenga a bordo de la barca a los llamados a esta misión en este carisma, religiosos y laicos comprometidos en las Fraternidades Seglares, en las Juventudes Agustino-Recoletas, en los grupos de espiritualidad y de apoyo misionero, en las familias cercanas de los religiosos, en los bienhechores y amigos.

• San Nicolás de Tolentino:
el fuego del Evangelio y la entrega sin cálculos

Se elige el patronazgo de san Nicolás de Tolentino, el primero en el tiempo de los santos de la Familia Agustiniana, porque retrata con claridad el ansia de aquellos frailes con ganas de comerse el mundo para Cristo.

El gran mensaje de Nicolás para quienes vamos a celebrar este aniversario no está en el milagrito deslumbrante sino en el diario latir de su corazón, amasado según el molde de Agustín de Hipona; esto es: un corazón sencillo, solidario, entregado a los demás sin cálculos egoístas, buscador del rostro de Dios en los ojos de los que sufren, constructor de amistad…

Nicolás de Tolentino (1245-1305) entendió que el lenguaje de la atención, el cariño y la cercanía tienen la última palabra, de tal manera que para llegar a ser testigos del evangelio tenemos que buscar juntos lo esencial, más allá de apariencias, como hogueras avivadas por el Evangelio.

Su estrella en el pecho recuerda que se dejó encender y abrasar por la lumbre del Evangelio y fue capaz de poner luz en medio de los nubarrones del sufrimiento. Este aniversario es ocasión propicia para ser estrellas, prendidos de evangelio y llevando al día a día la dispar propuesta evangélica que Nicolás entendió a la perfección: cuanto más se da y menos se recibe, se es más feliz.

• La barca:
océanos hacia misiones lejanas
y mar adentro hacia el Maestro Interior

Una de las decisiones del Capítulo de Toledo de la Provincia de Castilla de la Orden de San Agustín en el que nació laRecolección en 1588 exigía que los nuevos conventos recoletos tuviesen siempre una iglesia abierta a los fieles, porque no solo se buscaba el recogimiento sino también una esmerada atención al pueblo de Dios.

En 1606, solo 18 años después de nacer la Recolección, partió la primera expedición misionera recoleta a Filipinas. Querían responder a esa misión encomendada por Cristo y por la Iglesia de llevar el Evangelio a lugares desconocidos e inhóspitos, aunque ello supusiese mil y una penurias.

La barca evoca la dura travesía por dos océanos donde muchos dejaron la vida, pero a la vez rinde homenaje al coraje evangélico de quienes remaron sin desfallecer ni desanimarse ante las mil y una dificultades.

Es la barca de aquellos pescadores de hombres que se dejan la piel sembrando esperanza en medio de tantos sinsentidos; y también la barca de quienes, siguiendo el carisma agustino recoleto, “reman mar adentro” para encontrarse con el Maestro Interior, conocerse a si mismos y beber del silencio y la paz reparadoras para luego testimoniar a Cristo vivo y defender la dignidad de los hijos de Dios y de su Creación.

EL LEMA: Siempre en misión

Ningún bautizado puede renunciar a la misión: es parte inherente al seguimiento de Cristo.

Por su parte, las personas consagradas han elegido dedicar su vida y orientar sus desvelos para que la esperanza y la alegría amplíen los horizontes de quienes viven atenazados por las mil caras del dolor.

Los agustinos recoletos, y los miembros de la Provincia de San Nicolás de Tolentino como consagrados desde ese carisma agustino recoleto, han estado disponibles para lo que la Iglesia necesita.

E intentan imitar a su santo patrón, de quien han aprendido que en cada parroquia, colegio, proyecto social, en la convivencia comunitaria o en la formación, han de reír, llorar, amar, vivir, creer, soñar, sentir, crecer, vibrar, en sinfonía de fraternidad, con una sola alma y un solo corazón. Es así como se está siempre en misión.