El agustino recoleto Jesús María Cizaurre, obispo de la Diócesis de Bragança do Pará (Brasil), está a punto de llegar a Roma para participar de la Asamblea Especial para la Región Panamazónica del Sínodo de los Obispos (6-27 octubre 2019). Semanas antes de su partida hemos querido dialogar con él sobre este importante evento eclesial para la Familia Agustino-Recoleta, tan presente en la Amazonia.

Jesús María Cizaurre (Valtierra, Navarra, España, 1952) es agustino recoleto y obispo de Bragança do Pará, una Diócesis de algo más de un millón de habitantes, el 71% católicos, en 68.316 kilómetros cuadrados que comprenden 20 municipios del estado brasileño de Pará divididos en 28 parroquias. La Diócesis está situada en el lado sur y este de la desembocadura del río Amazonas, a algo más de 200 kilómetros de la capital del estado, Belém.

La vida de este agustino recoleto ha estado ligada a Brasil casi desde su ordenación sacerdotal en 1976. Primero fue misionero en la Prelatura de Marajó, la isla fluvial situada justo en la desembocadura del Amazonas, donde sirvió en las parroquias de Portel, Afuá, Salvaterra y Soure. En este último lugar fue animador y coordinador de sus hermanos agustinos recoletos en la Prelatura así como rector del seminario.

En 1990 es enviado a São Paulo durante cuatro años; en 1994 vuelve al Estado de Pará como párroco y vicario episcopal en la capital, Belém, y desde 1997 vicario de los Agustinos Recoletos en Brasil. Así hasta que el año 2000 es nombrado primer obispo de la recién creada Prelatura de Cametá, en el valle del río Tocantins, al oeste de Belém, convertida en Diócesis en 2013. El año 2016 recibió el nombramiento como cuarto obispo de la Diócesis de Bragança.

Buen conocedor de la Amazonia, donde ha desarrollado ya casi 40 años de actividad pastoral, tanto como misionero en pequeñas parroquias rurales aisladas, como en grandes urbes como Belém, y ahora desde el servicio episcopal, hemos querido conocer su visión del Sínodo para la Amazonia que está a punto de comenzar.

¿Con qué expectativa comienza el Sínodo el obispo de una Diócesis con más de un millón de habitantes?

En primer lugar, creo que es conveniente indicar el origen de este Sínodo. Los obispos de las diócesis situadas en la Amazonia ya hace tiempo que veníamos hablando sobre la posibilidad de un encuentro eclesial amplio que contemplase la participación de las Diócesis y Prelaturas de los nueve países que integran esta región del mundo para reflexionar sobre nuestros problemas propiamente amazónicos y compartir nuestras experiencias pastorales.

Con el surgimiento de la Red Eclesial Pan-Amazónica (REPAM) en septiembre de 2014, los encuentros eclesiales que ya se realizaban en la Amazonia brasileña se hicieron más frecuentes y con mayor participación y número de representantes de las Diócesis de otros países amazónicos.

Pero fue en el encuentro de los obispos brasileños con el Papa Francisco, en Río de Janeiro, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, en el año 2013, cuando fue solicitado al Papa la realización de un sínodo específico sobre la Amazonia.

Recuerdo que en aquel encuentro el tema de la Amazonia fue citado por el Papa Francisco en su discurso y, en el posterior debate sobre este tema, ocupando una buena parte de nuestro tiempo. Creo que la participación del entonces cardenal Bergoglio en la V Conferencia del Episcopado de América Latina y Caribe, en Aparecida (mayo de 2007), hizo que se aproximase más al tema de la Amazonia.

Por eso, cuando el Papa Francisco convocó el Sínodo para la Amazonia lo hizo indicando dos temas centrales: buscar nuevos caminos de evangelización y atención para la ecología integral.

En el Instrumentum laboris de la Asamblea Especial para la Región Panamazónica del Sínodo de los Obispos (6-27 octubre 2019) se reafirma la urgencia de pensar el presente y el futuro de la Evangelización de los nueve países que comprenden este bioma de 8,1 millones de kilómetros. cuadrados habitado por 37 millones de habitantes de culturas e historias diversas.

¿Cómo se han preparado en la Diócesis de Bragança para el Sínodo?

La Diócesis a la que sirvo nació como Iglesia Local en 1934 con el nombre de Prelatura de Nuestra Señora del Rosario del Guamá y fue encomendada a los cuidados pastorales de la Orden de los Clérigos Regulares de San Pablo, conocidos popularmente como Barnabitas. En 1979, san Juan Pablo II elevó la Prelatura a la condición de Diócesis de Bragança do Pará.

Su territorio geográfico ha sido uno de los que más han sufrido la destrucción de la selva por la construcción de dos grandes carreteras en la década de los setenta, la BR010/BR153 Belém-Brasilia y la BR316 Belém-Maceió y por la riqueza de sus tierras para el pastoreo de animales y, últimamente, para las plantaciones de soja.

Hasta la construcción de estas infraestructuras, buena parte del territorio de la diócesis era selva. La apertura de ambas carreteras atrajo muchas inversiones del sur del país para la construcción de grandes aserraderos. Hoy los únicos territorios propiamente selváticos que quedan están en las reservas indígenas.

Por causa de esa devastación y, también, por los desafíos pastorales que en la actualidad tenemos, el Sínodo ha despertado gran interés en nuestro pueblo, y podemos afirmar que se ha manifestado, de forma especial, en la llamada “escucha del Sínodo” realizada en el segundo semestre de 2018 en todas las parroquias de la Diócesis, dando voz a las comunidades eclesiales, servicios pastorales, movimientos eclesiales, e incluso grupos no propiamente eclesiales, como sindicatos y universidades.

Esta dinámica del Sínodo de escuchar al pueblo es muy interesante, ya que invita a la participación de todos los fieles. A través de esta “Escucha”, la gente ha tenido la oportunidad de expresar sus preocupaciones y señalar los problemas más importantes tanto en el aspecto ambiental como en la evangelización.

Fue interesante leer las respuestas que llegaron a la Curia Diocesana, manifestando preocupación por el avance de las sectas pentecostales, la acomodación de algunas comunidades eclesiales, la falta de comunión de algunos movimientos eclesiales y un cierto aburguesamiento del clero.

Todas estas respuestas procedentes de la “Escucha” fueron sintetizadas y enviadas a la Conferencia Episcopal Brasileña (CNBB) que, por su parte, junto con otras “escuchas” de otras Diócesis, las envió a la Secretaría del Sínodo contribuyendo para la redacción del Instrumento de Trabajo que hemos estudiado nuevamente en las parroquias, comunidades eclesiales, servicios pastorales y movimientos eclesiales.

Aquellas escuchas que enviamos han vuelto, así, de forma más organizada y completada con todas las demás escuchas para ayudarnos a entender mejor nuestra realidad eclesial y social.

Un aspecto que ha contribuido a que el pueblo tenga más interés es, sin duda, la convocatoria a los obispos titulares para participar en Roma del Sínodo. En los últimos meses he sido abordado repetidamente por algunos fieles diciendo que estaban rezando por su obispo y por el Sínodo. En el mes de mayo, envié una carta a todas las parroquias y comunidades pidiendo oraciones al Señor Jesús por el éxito del Sínodo y para que sea un nuevo impulso del Espíritu Santo en la evangelización de la Amazonia y de toda la Iglesia.

También hemos publicado y distribuido un folleto sobre el mes misionero extraordinario convocado por el Papa Francisco para octubre. La coincidencia de estas dos celebraciones en las mismas fechas nos está ayudando a fomentar la dimensión misionera en una Iglesia Local que quiere ser Iglesia en salida.

¿Qué esperan la sociedad y la Iglesia brasileñas del Sínodo?

El Instrumento de trabajo ya recoge algunos desafíos sociales y pastorales de nuestra realidad amazónica: las migraciones de los más pobres con expectativas de tierra y trabajo, la corrupción en todos los niveles de la sociedad, la ambición por las riquezas de la Amazonia (madera, minerales, biodiversidad, energía e hidrocarburos…), las sectas pentecostales y su fragmentada multiplicación, la concentración urbana y la necesidad de una evangelización más profunda, entre otros.

Desde el punto de vista pastoral sentimos el agotamiento de algunos modelos que en el pasado dieron excelentes frutos pero que hoy no parecen tener vitalidad. Me refiero, en particular, a las comunidades eclesiales de base que nacieron con mucha fuerza pastoral después del Vaticano II y de Medellín.

Yo creo que continúan siendo excelentes instrumentos de evangelización, especialmente en el medio rural; sin embargo, no podemos negar que, muchas de ellas, han perdido fuerza evangélica y vitalidad.

Lo mismo se puede decir de los servicios pastorales y de los movimientos eclesiales que, por falta de una vivencia más profunda de la fe, sus actividades dejan de ser evangelización para ser puro mantenimiento sin vida.

En la Diócesis de Bragança nuestras esperanzas están puestas principalmente en una renovación espiritual personal que haga posible la renovación pastoral. No esperamos muchas novedades, ni tampoco soluciones milagrosas, pero tenemos la certeza de que el Sínodo será un tiempo de actuación del Espíritu Santo cuyos frutos se prolongarán y extenderán por nuestras Iglesias, no solo de la Amazonia, sino del mundo entero.

¿Lograremos salvar el pulmón del mundo de la voracidad capitalista?

Sobre el tema de la preservación ambiental creo que el asunto ha quedado muy bien centrado al abordar la ecología integral, donde se incluyen, también, a las personas que viven en la Amazonia. Es bueno recordar que en la Amazonia brasileña viven más de 25 millones de personas, cifra que se eleva a 37 millones si hablamos de todo el espacio internacional amazónico.

Esto significa que cuando hablamos de la Amazonia, tenemos que tener en cuenta a la gente que aquí vive. Durante mucho tiempo, desde el Gobierno de Brasil y sus políticas, se ha visto la Amazonia como un territorio deshabitado, vacío. Si alguna vez esto fue realidad, hoy ya no lo es.

Creo que el Sínodo, como ya lo hizo anteriormente el Papa Francisco con la Laudato sí’, nos ayudará a entender el grave problema ambiental de la Amazonia, pero personalmente soy un poco pesimista sobre este tema.

Creo que desde hace demasiado tiempo venimos perdiendo la guerra ambiental. Los bosques cada año disminuyen por causa de la fuerza del capital; los números oficiales más engañan que muestran la cruel realidad. El Gobierno no tiene interés en preservar, al contrario, incentiva y financia la destrucción del bosque amazónico.

El modelo económico para la Amazonia , de antes y de ahora, de los poderes políticos y económicos, pretende extraer toda la riqueza existente en la región, sin pensar en la gente que aquí vive. Es un nuevo proyecto colonial que no se compadece con la gente que aquí vive ni con la Naturaleza, sino que únicamente está dirigido al lucro, a la exportación de materias primas y el crecimiento del PIB.

Este proyecto neocolonial está sustentado por el mito de que las riquezas de la Amazonia son infinitas. Me temo que la voz del Sínodo denunciando la explotación irracional e insostenible de la Amazonia se apagará rápidamente. Espero que no sea así.

Aunque sabemos que el modelo económico que hoy impera en la Amazonia es poderoso, no perdemos la esperanza de la implantación de otro modelo que respete la fauna y la flora y traiga desarrollo humano, social y económico para la gente de nuestra Amazonia.

Nos anima en esto la certeza de que Dios está con nosotros, está con la gente sencilla de la Amazonia. Oremos todos por el éxito do Sínodo.