Un fraile agustino recoleto, José Alberto Moreno, ha sufrido y gozado con el amanecer y primera infancia del Hogar Santa Mónica, un proyecto humanitario, tan bello y desafiante como necesario. La ciudad brasileña de Fortaleza, cerca de la que está ubicado el Hogar, es la beneficiaria de este proyecto loable de los agustinos recoletos.

A José Alberto acudimos para charlar sobre el Hogar que con cierta frecuencia aparece en esta página de internet y le pedimos que sea él quien se autopresente antes de plantearle algunas preguntas.

Cuando me miro al espejo, continúo viendo un joven, casi un niño… y ya con 41 años… Llegué a Fortaleza hace ocho años. Parece que fue ayer. ¿Años felices? Sí, y complicados también. Los tres primeros años fui el responsable del Área Pastoral de la Barra de Ceará, y los cinco restantes el director del Hogar Santa Mónica. Este último trienio soy además el prior de la comunidad de Fortaleza: cinco religiosos metidos en muchas refriegas pastorales, formativas, vocacionales y sociales, siempre listos para dar el callo y hacer las cosas bien hechas.

Es cierto, que algún que otro achaque ha traído alguna limitación física a mi vida, pero nada que me impida seguir soñando y trabajando cada día, mirando el futuro con esperanza y viviendo el hoy con alegría. Es bonito gastar la vida por aquello en lo que creemos.

En algunos medios de comunicación y sectores más o menos amplios de la sociedad hispanohablante la referencia “Hogar Santa Mónica” se va haciendo familiar, pero tal vez no conozcan su historia ni a grandes rasgos. Me gustaría que contaras a los visitantes de la página www.agustinosrecoletos.org, aunque sea de forma breve, su historia: precedentes y puesta en funcionamiento.

El año 2006, después de pasar cinco años en Getafe (Madrid), fui destinado a Fortaleza. El prior provincial de entonces me envió con una consigna clara: ver qué respuesta podíamos dar los agustinos recoletos al problema del abuso y explotación sexual de niñas y adolescentes en esta ciudad del nordeste brasileño.

Anteriormente ya había habido un intento de organizarse y de poner en marcha un proyecto que fue denominado “Renacer a la Esperanza”. Pero todo quedó en “agua de borrajas”. Hoy vemos con claridad que aquel no era el camino, ni el momento, ni las personas.

La primera tarea era situarse, conocer el lugar, las personas, la problemática y las respuestas que ya se estaban dando a los innumerables problemas sociales que aquí se viven. Para ello conté con la colaboración de Inés Parrondo, que ya conocía el ambiente por haber participado en el proyecto “Renacer a la Esperanza”.

Cuatro meses después enviamos un amplio informe al Provincial y su Consejo, explicando la situación y proponiendo la creación del proyecto “Hogar Santa Mónica”. Provincial y Secretario viajaron inmediatamente a Fortaleza para analizar la propuesta junto a la comunidad. Algunas semanas después el Consejo Provincial daba luz verde a la puesta en marcha de este proyecto: la creación de un centro de acogida para niñas y adolescentes víctimas de abuso y explotación sexual. El lugar escogido sería el Condominio Espiritual Uirapurú (CEU), asociándonos a otras 21 instituciones católicas, en búsqueda de la unidad y de la vida plena de todos los hombres.

Lo primero, había que crear el marco legal y así nació el 2007 la Asociación Benéfica de los Agustinos Recoletos de Fortaleza (ABARF). A continuación se elaboraron los proyectos arquitectónico y pedagógico. El 19 de marzo de 2009 comenzaba la construcción de la primera casa de acogida y el 27 de agosto la inaugurábamos.

¿Cómo fueron los comienzos? ¿Qué dificultades más destacables se encontraron?

Los comienzos del Hogar Santa Mónica se encuentran en las favelas de la Barra do Ceará. Allí es donde todos los días pasábamos horas y horas visitando a las familias, interesándonos por su situación y especialmente por las condiciones de vida de sus hijos/as. Los funcionarios del proyecto, los seminaristas, la fraternidad seglar agustino-recoleta y los religiosos fuimos tejiendo una red de solidaridad que llegaba a los pobres y al mismo tiempo nos introducía en el mundo de los organismos y estructuras sociales del municipio, Iglesia, ONGs y asociaciones del CEU.

Las primeras niñas y adolescentes llegaron a la casa santa Mónica en la que había apenas una madre social dedicada 24 h oras al cuidado de esas pequeñas. Pronto percibimos la necesidad y exigencia legal de disponer de un Equipo técnico y contratamos una pedagoga, un educador social y más tarde una psicóloga y una asistente social.

Con el tiempo hemos ido aprendiendo que además de amor, en este trabajo hay que poner mucha profesionalidad. No basta con la buena voluntad; hay que hacer el trabajo bien, conforme a la ley. La coordinación con el Poder Judicial debe ser constante, pues las chiquillas están bajo la tutela judicial como medida de protección, y nosotros somos los guardianes de esa tutela. Lo que quiere decir que no faltan papeleos y exigencias por parte de los jueces.

Tampoco ha sido fácil el tema de la financiación. Comenzábamos de la nada. Es cierto que la provincia agustino-recoleta de San Nicolás de Tolentino, mentora y promotora de este proyecto, aportó en un primer momento el dinero necesario para la construcción de la primera casa y que existía un dinero para dar el puntapié inicial, pero después ha habido que moverse para conseguir fondos para las construcciones y el mantenimiento. La situación en Fortaleza es muy complicada al respecto. Ayuntamiento y Gobierno estatal no se prodigan mucho en ayudas, además de que estas llegan siempre tarde y mal. A comienzos de este año fuimos seleccionados por el Gobierno de Ceará para recibir ayudas públicas que con un poco de suerte sólo empezaremos a recibir a finales de 2015.

Aunque este ministerio socio-educativo lo asumió la provincia de San Nicolás de Tolentino de la Orden de Agustinos Recoletos, tu papel en la historia del Hogar Santa Mónica ha sido decisivo, sobre todo en encauzar una “obra” indefinida que se intuía que era un reto pero sin saber a ciencia cierta qué caminos recorrer. Por esto, ¿puede decirse que la gestión es “personal” o hay un respaldo real por parte de la comunidad local y provincial, o más bien “te dejan hacer”?

Alguna vez he escuchado eso de que “este proyecto es tuyo”. Nada más lejos de la realidad. Yo no pedí venir a Fortaleza a hacer este trabajo. La obediencia me trajo hasta aquí, y el amor y la responsabilidad hicieron el resto. Al principio no fue fácil convencer a los religiosos de la comunidad, ni a los de la Delegación de Brasil, ni a otros religiosos de la Provincia. Pero la dificultad no procedía del proyecto “Hogar Santa Mónica”, sino de los problemas que habían existido en el anterior proyecto “Renacer a la Esperanza” y que “envenenaron” el ambiente. De cualquier manera hubo que tener paciencia e ir poniendo las bases sólidas del proyecto sin esperar reconocimientos, ni palmaditas en la espalda –a veces algún que otro arañazo–, esperando que el tiempo y la razón colocaran las cosas en su sitio. Como así ha sido.

Actualmente yo soy el director, pero debido a la lejanía del centro, que está situado a 25 km de nuestra casa, solo voy los lunes, miércoles, viernes y domingos. El resto de la semana la completa fray Pedro Izura, que me deja hacer en la gestión, pero que con su presencia y trabajo da estabilidad al proyecto. Fray José Luis Villanueva también participa un día a la semana con la parte académica de las niñas. No es fácil nuestra presencia allí porque hay que atravesar toda la ciudad para llegar, con la consiguiente pérdida de tiempo. De todos modos, la comunidad es informada y participa en la toma de decisiones, pues hemos hecho que el “Hogar Santa Mónica” sea siempre un tema fijo de nuestra reunión de comunidad mensual. También la comunicación con el Provincial ha sido siempre constante y, aunque algunas veces han podido surgir diferencias, el proyecto nunca ha estado al margen de la Provincia ni de las decisiones y orientaciones del Delegado, del Provincial o del Capítulo provincial.

• ¿Cuál es el ritmo de vida de las chicas internas un día cualquiera?

Se levantan a las 5.30 de la mañana. Se asean y desayunan. Algunas de las mayores se marchan ya para algunos cursos de capacitación como jóvenes aprendices que realizan en empresas de la ciudad. La mayoría comienza las clases en el Centro Cultural San Agustín a las 7.00 horas. Estudian portugués, matemáticas, geografía e historia, inglés, español, artes, educación física, y también hay tiempo para la terapia de grupo y la creación del proyecto participativo de vida.

A las 11.00 van a asearse y a las 11.30 comen. A las 12.30 salen en dirección al colegio donde empiezan las clases a las 13.00h. A las 17.30 ya están de vuelta. Juegan, descansan un poco y a las 18.15 tienen un momento de espiritualidad, cada grupo en su casa. A las 19.45 cenan. Después, cada día hay una actividad diferente: la biblioteca abre tres noches a la semana; los miércoles una de las instituciones del CEU realiza un momento de oración muy dinámico con cantos y danzas; los viernes hay sesión de cine y palomitas, etc. Los sábados por la mañana tienen catequesis y por la tarde actividades con grupos que vienen de fuera. Los domingos aprovechan para dormir un poco más y por la mañana tenemos la misa con las otras entidades que forman el CEU. Por la tarde, dos domingos al mes tienen visitas de sus familias; otro domingo tarde cultural en la ciudad (teatro, espectáculos, etc.) y otro domingo lo pasan en el seminario San Agustín de Fortaleza jugando en la piscina y llenando el seminario de ruido y vida.

Como ves, muchas, muchísimas actividades que hacen que no quede un momento ocioso. No es fácil para estas niñas y adolescentes entrar en este ritmo de vida tan organizado, pero poco a poco, y con mucha paciencia y firmeza por parte de las educadoras, se va consiguiendo el milagro.

¿Qué actividades “extra” se han organizado para la integración social de las chicas acogidas en el Hogar?

Hemos firmado varios convenios con organismos del gobierno y empresas para que las “mayores” participen de cursos de profesionalización que buscan su capacitación en el mundo del trabajo. Además, en varios casos hemos solicitado a la Secretaría de vivienda del municipio y al Ministerio público viviendas de protección social para cuando las niñas salgan del HSM (Hogar Santa Mónica). En alguno de los casos incluso hemos conseguido ya una pensión vitalicia por invalidez mental.

Un centro como Hogar Santa Mónica siempre está necesitado de recursos humanos y económicos. ¿Hay algún plan diseñado para responder a este doble ámbito?

Las dos cuestiones son importantes. El talón de Aquiles del proyecto está en los recursos humanos. El proyecto exige educadoras “vocacionadas” que “vistan la camiseta” del equipo agustino recoleto. Personas que compaginen en su vida fe y misión. Por eso no es fácil encontrar este tipo de personas que renuncien a todo y “vayan a vivir” al Hogar Santa Mónica para cuidar de estas niñas. Actualmente tenemos tres “madres sociales”: Roberta, que forma parte de la Fraternidad seglar agustino-recoleta y vive en la casa Santa Mónica con su marido y sus dos hijos; Franciany, que pertenece a la parroquia de la Barra de Ceará, donde estamos los Agustinos Recoletos, y que vive con las pequeñas en la casa Nuestra Señora de la Consolación; y Margarita, de la parroquia de Nuestra Señora de Buenavista de Getafe (Madrid, España), que hace cuatro meses decidió venir a Fortaleza para asumir esta misión y que hace las sustituciones de los días libres de las dos madres sociales. Este es, sin duda, el trabajo más delicado y para el que no es fácil encontrar recambios.

Los recursos financieros también tienen su importancia. No es fácil mantener una institución como esta: exige bastante personal cualificado, pues la atención es total y durante todo el año. Las ayudas públicas son escasas y la iniciativa privada en esta ciudad es muy tímida. Además se junta otro problema, los Agustinos Recoletos no somos nada conocidos en Fortaleza, no disponemos de una base social que nos ayude a promover y mantener este tipo de proyectos. Nuestra parroquia es de las más pobres de la ciudad y con muchísimas necesidades, así que no podemos esperar ayudas significativas de los parroquianos. Son personas de otros barrios y que van conociendo el Hogar Santa Mónica las que se sensibilizan y nos ayudan donando alimentos, ropas, etc.

Hace cinco años se creó en Getafe la ONG Ayudafortaleza para ayudar al mantenimiento del Hogar Santa Mónica. Hoy son ya 220 socios y tienen también una delegación en Arnedo (La Rioja, España). Además hay otras instituciones públicas y privadas de España, Italia, Holanda, Alemania… que durante estos años nos han venido ayudando a realizar principalmente los proyectos de construcción. También desde la Comisión de misiones y obra social de la Provincia tenemos todo el apoyo para la realización de proyectos.

¿Cuántas chicas se han beneficiado de este proyecto en su todavía corta historia? ¿Tenéis constancia de cómo han respondido a la vida una vez que han dejado la tutela y amparo del Hogar? ¿Se sienten “normales” en la sociedad? ¿Hay algún mecanismo para seguir ayudándolas?

Desde que se inauguró el año 2009, el Hogar Santa Mónica ha acogido a setenta y nueve niñas/adolescentes. No todas han dejado el Centro de manera normal, algunas se han fugado o han sido trasladadas a otros centros. Pero en la mayoría de los casos se ha producido una reintegración gradual y positiva con las propias familias o familias de acogida. En todos los casos es el Juzgado de menores el que decide cómo, cuándo y con quién. Nosotros orientamos a la Juez de las posibles respuestas a esas preguntas, pero al final la decisión es del poder judicial y nosotros acatamos.

Nos gustaría que las niñas se quedaran en el Hogar Santa Mónica más tiempo porque creemos que tendrían una vida más digna y saldrían mejor preparadas para afrontar la vida. En algunos casos esto es posible porque, o no tienen a nadie, o la estructura familiar está tan deteriorada que la Juez las destituye familiarmente y entonces se quedan con nosotros. Sin embargo, muchas desean volver a sus casas, con sus madres y hermanos, aunque eso signifique volver a un mundo de pobreza, de falta de valores o recursos económicos. Es difícil de entender, pero así es la realidad.

Cuando salen todavía les hacemos un seguimiento durante algunos meses (seis nos manda la ley). Sabemos qué es de la vida de la mayoría de ellas: algunas están muy bien, otras desearíamos que estuvieran mejor, pero la ley brasileña dice que “pobreza” no tipifica “acogida institucional”, así que “deben” volver al ambiente social del que salieron. Eso sí, siempre libres de lo que las hizo salir de sus casas e ingresar en el Hogar Santa Mónica, que fue la violencia sexual que sufrían. Ninguna de ellas vuelve a sus casas si existe la más remota posibilidad de continuar sufriendo algún tipo de violencia.

[Continúa]