La extensa obra agustiniana está plagada de pensamientos, expresiones y frases que golpean la mente y el corazón del lector. Por esto, Agustín de Hipona -cuya fiesta celebramos hoy- sigue hablando en el mundo actual a jóvenes y mayores. Cinco jóvenes, que han decidido jugarse la vida en el seguimiento de Jesús por las huellas marcadas por san Agustín, responden a una misma pregunta: ¿Por qué para ti san Agustín es un personaje siempre «actual»?
“Es mejor cojear por el camino que avanzar a grandes pasos fuera de él. Pues quien cojea en el camino, aunque avance poco, se acerca a la meta, mientras que quien va fuera de él, cuanto más corre, más se aleja” (San Agustín).
A mí, la experiencia particular de fe de san Agustín me recuerda que tal vez en alguna etapa de nuestra vida hemos querido vivir únicamente desde nosotros mismos, sin tomar en cuenta a Dios y al prójimo. Dejar de dirigir nuestro corazón hacia Dios y creer que todo lo podemos conseguir con nuestras propias fuerzas es como salirse del camino y perder el norte de aquello que realmente merece la pena: Cristo, que es nuestra verdadera meta.
En estos tiempos tan marcados por actitudes y comportamientos tan individualistas, nos viene bien a todos recordar la dulzura y la delicia de ir juntos por el camino del amor, de la alegría y la generosidad. Así lo he experimentado en estos últimos años, en los que he podido avanzar codo a codo con la figura de san Agustín y con los hermanos con que Dios me ha permitido hacer este trecho de mi vida. Y, aunque con debilidades y flaquezas, me alienta la inspiración de procurar tener una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios.
Adalberto Dorati Monge, profeso agustino recoleto
“Da lo que mandas y manda lo que quieras” (San Agustín).
La figura de san Agustín representa en mi vida un sólido pilar, y esto por muchos motivos. Uno de ellos es su experiencia particular de vida y de cómo en ella Dios mismo le salió al paso, especialmente en el momento de su conversión. San Agustín es un vivo ejemplo de cómo Dios siempre busca al hombre; es un pilar en mi vida de fe y de religioso por su confianza en Dios. Cada vez más caigo en la cuenta de lo importante que es en la vida de todo creyente “confiar”. No importa cuánto fallemos y cuánto nos cueste mejorar o cambiar tal o cual actitud negativa; lo importante es que podemos confiar en el Señor; Él siempre tiene misericordia con nosotros y su bondad es infinita.
Esta frase de san Agustín –Da lo que mandas y manda lo que quieras– y el testimonio apasionado de su vida me han permitido abandonarme poco a poco en Dios y ver mi vocación como la respuesta que Dios me pide y que inspira como un regalo en mi corazón, y que Él mismo me prepara a aceptar este don y para responderle con generosidad. Cada día, con todo lo bueno y lo malo, con las alegrías y tristezas, puedo decir con gozo: “dame Señor la gracia de lo que me pides”, y como sé que su gracia es abundante, con mucha confianza le digo, “pídeme lo que quieras”.
Jorge Quirós O., profeso agustino recoleto
“No quieras derramarte fuera, entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad” (San Agustín).
Hoy muchas personas andan detrás de la verdad, de aquello que en realidad les dé una satisfacción interior, que les llene y complete. Pero, ¿qué verdad es la que buscan? San Agustín, que anduvo gran parte de su vida buscando esta verdad, hoy me sirve de ejemplo de perseverancia en la búsqueda. Buscó, llamó y, por fin, encontró el lugar donde residía no ya la verdad, sino la Verdad que tanto buscaba: en su interior.
Esto fue lo que me llevó a mí a iniciar este camino de búsqueda, de encuentro con lo que en realidad sustenta y sostiene mi vida. Dios mismo, la Verdad que habita en mi interior. Aunque muchas veces busqué, como san Agustín, comodidad y bienestar personal, Dios me concedió la oportunidad de encontrarme con él y conmigo mismo, y de fundamentar en él toda mi vida. En mi interior, lejos de las distracciones, sin máscaras, ni ruidos, me encuentro a mí mismo tal y como soy. Allí reflexiono sobre el sentido de mi vida e, iluminado por esta Luz sobrenatural, me doy cuenta de mi capacidad de amar, crecer y seguir prefiriendo aquello que siempre es mejor y que me da felicidad: servir a Dios. Por esto san Agustín es tan actual.
David García, profeso agustino recoleto
“Las palabras de Dios: flechas de amor” (San Agustín)
La mejor herencia de San Agustín a la Iglesia y a sus hermanos en el propósito de la vida fraterna, fue su experiencia de trato asiduo con la Sagrada Escritura. La Palabra de Dios está siempre en el origen de los cambios y transformaciones de la vida de san Agustín. Para mí es un gozo tenerlo por padre espiritual y ejemplo en este sentido. Él experimentó el dolor de las flechas de Dios que ardían en su interior, pero que le libró de las cadenas de la muerte, de la estrechez de miras, del egoísmo. Vivir de ese amor que Dios hace arder en el corazón con su Palabra es la meta de mi vida como consagrado al Señor; quiero vivir desde la Palabra de Dios aunque me duela y me complique la vida. Tengo la certeza de que él me ayudará en mi propósito, pues Dios me ama en su amor subsisto, vivo y me muevo.
San Agustín encontró a Dios en la Sagrada Escritura. Él me deja como testamento su amor y fidelidad a esta Palabra. San Agustín es actual porque nos recuerda que la Palabra de Dios es una flecha que hiere el corazón de amor y que habilita corazones enamorados que le respondan con amor. ¡Muchas gracias, Agustín!
Adriano Araújo da Silva, profeso agustino recoleto
“Tú –Dios– nos hiciste para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustín).
Desde que conocí la figura de san Agustín y su proceso de conversión a Dios, me identifiqué mucho con su historia. Cito esta expresión del libro de las Confesiones porque sus palabras reflejan lo que he vivido y experimentado, pues expresan y contienen el anhelo de todo ser humano y el mío también: el deseo de amar y de ser amado. El deseo de amar y de ser amado es una realidad tan intensamente presente en la vida del hombre, que le lleva a buscar con ansia y de diversas formas, el modo de alcanzar dicho amor.
Pero la satisfacción de este deseo no se alcanza de cualquier forma y en cualquier lugar, y esto es bueno saberlo. Y es bueno saberlo, en primer lugar, comenzando por conocer a la persona que desea, es decir, conocerse a sí mismo. Y para conocerse a sí mismo es necesario preguntarle a quien nos conoce de verdad, a Dios. Por lo tanto, hago mías las palabras de san Agustín: “conocedor mío, que yo te conozca como tú me conoces”. Se trata, en definitiva, de un proceso y no de una simple meta, de un continuo impulso del corazón, porque “Tú –Dios– nos hiciste para ti y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti”.
Alberto Valecillos, profeso agustino recoleto













