La Prelatura de Lábrea celebra los veinte años del establecimiento de la “Pastoral de la Infancia”, una institución que Brasil ha exportado a muchos otros lugares del mundo y que atiende a los infantes y madres gestantes con la dedicación total de sus líderes y voluntarios.

Ha sido durante los últimos veinte años una de las estampas fundamentales de la vida pastoral de las parroquias de Tapauá, Canutama, Lábrea y Pauiní, las cuatro que forman junto con sus municipios la Prelatura de Lábrea (Amazonas, Brasil), donde los Agustinos Recoletos llevan misionando más de cien años.

Líderes comunitarios y voluntarios locales, tras pasar un tiempo de formación, se embarcan tanto en los cuatro barcos de mayor porte (uno por cada una de las parroquias) o en pequeñas barcas y lanchas para llegar a todos los rincones y comunidades de una misión que tiene la extensión de media España pero prácticamente ni un solo kilómetro de carretera y casi la mitad de su población dispersa por la selva.

“Me acuerdo de hace diez años, cuando después de varios días navegando, estaba en una pequeña canoa visitando las comunidades más alejadas del río Paciá, vi de lejos una placa en la puerta de una cabaña de paja de las que usan los cortadores de seringueira, el árbol del que se obtiene el caucho: Aquí hay Pastoral de la Infancia. Imagina la alegría que sentí al ver que el sueño de la doctora Zilda, la fundadora de esta institución, llegó tan lejos, hasta donde ninguna otra institución gubernamental o empresa había llegado”. Son palabras de Eder Carvalho, sacerdote de la Prelatura.

En la Misión de Lábrea la Pastoral de la Infancia ha sido, sin miedo a exagerar, crucial. En 1993, cuando se implantó, los misioneros estaban acostumbrados a ver en las comunidades más remotas mujeres que habían perdido cuatro hijos por culpa de la “fiebre negra” en periodos de tan solo tres meses. Aquel año, en esta región amazónica, había 140 muertes por cada 1.000 niños nacidos; hoy, veinte años después, la Pastoral de la Infancia/Criança lucha para reducirlo por debajo de los 20.

Fundamental en las pequeñas comunidades urbanas o rurales es la “Celebración de la vida”, el día en que todos los infantes de determinado barrio, calle o comunidad son pesados. A continuación, se prepara un aporte alimenticio y se repasa con las madres la elaboración de recetas con ingredientes locales, fácilmente accesibles y ricos como para mantener alejado el fantasma de la desnutrición. Además, los niños juegan, las embarazadas reciben un seguimiento, y todos disfrutan de una merienda. Y a lo material se une lo espiritual: un momento de oración con la Palabra de Dios (ecuménica, pues aunque es una Pastoral Católica atiende a todos sin distinción).

Pero nada de esto sería posible sin personas que dedican su atención, tiempo libre y se entregan a la tarea. Son los voluntarios y los líderes locales. Pues para que esta “Celebración de la Vida” se lleve a cabo varias personas durante semanas han preparado todo para que sea posible y llegue hasta los lugares más inaccesibles.

Muchas adolescentes de la Prelatura han empezado en la Pastoral de la Infancia lo que sería después una vida de dedicación eclesial. Muchos adultos han dedicado su tiempo libre a formar y ser formados, evaluar y ser evaluados, preparar planes y ejecutarlos. Y en cada barrio, calle, pequeña comunidad, la figura del líder, que visita, aconseja, informa de los casos más urgentes, no permite que un solo menor de cinco años o madre gestante de entre sus vecinos no tenga atención de la Pastoral. Son 260 en la actualidad.

Los números, las estadísticas, hablan por sí mismas. Entre los años 2007 y 2008, sumando los dos municipios de Pauiní y Tapauá, la Pastoral de la Infancia atendió directamente a 5.000 niños menores de cinco años y madres gestantes, de una población total de 80.000 personas. En un lugar sin facilidad de comunicación o transporte y falta continuada de recursos materiales, el volumen de atendidos es sorprendente. Y nunca sabremos (gracias a Dios) el número exacto de vidas que fueron salvadas: porque si lo supiéramos es que no se consiguió salvarlas.

La Prelatura de Lábrea, mediante la Obra Social Hermana Cleusa, mantiene una línea de financiación para la Pastoral de la Infancia, atención a los habitantes de las comunidades del interior de la selva (los llamados “ribeirinhos” y los indígenas), enfermos de lepra… Una cuenta les permite recibir donaciones:

Banco Bradesco
Titular: Prelazia de Lábrea – Obra Social Ir. Cleusa
Agencia: 3723
Cuenta: 1002405-6