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25 años de la canonización de san Ezequiel Moreno


25 años de la canonización de san Ezequiel Moreno
11-10-2017 Otros Países
El 11 de octubre de 1992, san Juan Pablo II canonizó a san Ezequiel Moreno. Hemos recuperado dos crónicas de aquella histórica jornada en Santo Domingo, República Dominicana, publicadas en la revista interna OAR Al Habla (por José Manuel Bengoa) y el Boletín de la Provincia de San Nicolás de Tolentino (por Pablo Panedas). También ofrecemos algunas piezas menores del evento en otros lugares, un oficio del prior provincial en aquel momento y la homilía completa de san Juan Pablo en dicha ceremonia.
RECUERDOS DE UNA PEREGRINACIÓN
(José Manuel Bengoa, OAR al habla 130, noviembre de 1992)

— DE VIAJE

Con espíritu de peregrinos, en la madrugada del nueve de octubre embarca en el vuelo regular de Iberia con destino a Santo Domingo, República Dominicana, un numeroso grupo de religiosos agustinos recoletos. Motivo: asistir y participar en la ceremonia de canonización de Ezequiel Moreno.

Tras una feliz travesía, en la que la oscuridad de la noche impide saborear detalles, el DC 10 aterriza a las seis de la mañana del mismo día en el aeropuerto Las Américas.

Nuestros hermanos y un atento comité de recepción nos dan la bienvenida. Una espera, más o menos breve, y en dos típicas “guaguas” somos evacuados hacia Nigua, lugar que va a ser nuestra residencia durante los días de permanencia en la república caribeña.

El calor del trópico contrasta con los primeros fríos otoñales abandonados poco ha en la Ibérica. Y la luz y el paisaje nos demuestran que son otros los parámetros técnicos y visuales en los que nos movemos. Todo ello contribuye a que el viaje que emprendemos resulte entretenido. La novedad, lo exótico, lo curioso está al alcance de nuestros sentidos.

Por imperativos viales vémonos obligados a cruzar, un tanto desorientados, la ciudad de Domingo, capital de la república. Apenas sí logramos entrever las bellezas urbanas de la metrópoli. Nuestra atención queda prendida en el ir y venir de sus habitantes (más de dos millones y medio), así como en el “sorprendente” parque automovilístico que circula por las amplias avenidas.

— NIGUA

El contraste se acentúa cuando abandonamos las vías urbanas. Haina, zona franca que acoge una más que notable industria, es la puerta por la que entramos en Nigua.

Aquí se encuentra lo que en los próximos días va a ser nuestro centro de operaciones: una acogedora casa que las religiosas mercedarias ponen a nuestra disposición y en la que encuentra acomodo la, para estas horas, fatigada treintena de frailes llegados de España.

Repuestas nuestras fuerzas por la primera de las típicas comidas que en la isla degustaremos y por el descanso posprandial, nos dedicamos a recorrer y descubrir los alrededores.

El mar, a la puerta de casa, y la costa, que entre grises y marengos, rotos a veces por la silueta del buque que navega, se extiende hacia el norte. Y próximos a nosotros, excesivamente próximos quizá, lo que en España llamamos chiringuitos en los que la música no sólo no cesa, sino que se desborda generosa y aplastante por los alrededores.

Todo ello no impide que el grupo viajero se encuentre a gusto y recupere fuerzas y ánimos. Unas y otros va a necesitar.

— SANTA MARÍA DE ALTAGRACIA

Es la patrona de República Dominicana y se venera en un monumental templo, todo hormigón, relicario que guarda el precioso y venerado cuadro de la Virgen. Higüey es la ciudad donde el santuario levanta su impresionante estructura. Un inmenso parque dispuesto para recibir las multitudes peregrinas lo rodea, y hacia el lugar mariano por excelencia de la Dominicana nos encaminamos la mañana del sábado día 17.

Los Tres Ojos es el punto de concentración y partida. Aquí nos encontramos con quienes, desde sus distintos alojamientos, se suman a la caravana agustino-recoleta. Saludos, abrazos, reencuentro con hermanos... y por La Romana, cruzando potreros y plantaciones de azúcar, llegamos a Higüey.

La misa concelebrada con el obispo de la diócesis eleva el tono espiritual, preparándonos para el día grande de la canonización. Regresamos a La Romana, en donde se nos sirve el almuerzo, y por la tarde visitamos Alto de Chavón, complejo en el que el capital norteamericano y la imaginación italiana han intentado reproducir un asentamiento colonial de los tiempos de Colón, amén de un anfiteatro romano y otros detalles de particular entidad.

Sin descender de nuestras “guaguas” recorremos luego la incesante e inmensa urbanización donde toda comodidad tiene asiento y el lujo su morada. Nuestro regreso a Nigua ayuda a compensar sensaciones y propicia el cambio de impresiones.

— FARO A COLON

Y amanece el día tan esperado. Confundidos entre los innumerables peregrinos que de toda la república confluyen hacia Santo Domingo, llegamos al Faro de Colón. Los retratos del Papa y de nuestro santo aparecen multiplicados en los lugares más inverosímiles.

Son las siete de la mañana cuando nos acomodamos en el lugar para nosotros reservado. Poco a poco va llenándose el estrado. Nos han colocado inmediatamente detrás de los obispos concelebrantes.

Las azafatas multiplican sus atenciones recordándonos que no nos despojemos de la “cachucha” que protege nuestros cráneos de los rayos del sol e invitándonos a defender nuestra vulnerable epidermis con cremas de protección adecuada, que ellas mismas nos suministran.

Comienza el estruendo de músicas y voces. El ambiente se caldea. “¡Cristo, ayer, hoy y siempre!” es el lema que, una y otra vez, brota de las gargantas. Comienzan a llegar obispos y cardenales. Se anuncia el inminente arribo del “papamóvil”. Parece que se retrasa.

Por fin el Papa hace su entrada, caminando por la imaginaria “via sacra”, una y otra vez borrada por las intromisiones de fervorosos entusiastas. Y la liturgia comienza. En su desarrollo no se percibe tanto el solemne hieratismo vaticano cuanto la creatividad espontánea y vital del Caribe.

La peineta y mantillas españolas se hacen notar, porque quienes con ellas se adornan han sido bautizadas en las aguas del padre Ebro. Y llega el momento de la comunión. Por las calles laterales se distribuyen los sacerdotes que la reparten.

La bendición final abre las compuertas para que la masa, ordenadamente, se desparrame a la caza y captura de su propio medio de transporte, gratuitamente. puesto a su disposición por las autoridades dominicanas.

En la base naval Sans Souci, de la marina dominicana, se nos sirve el almuerzo. Y por la tarde visitamos el acuario nacional, con lo que clausuramos una jornada llena de vivencias y emociones. Añoramos ya nuestro descanso en Nigua.

— CATEDRAL METROPOLITANA Y PRIMADA DE LAS INDIAS

La de Santa María La Menor. Como tal la erigió Paulo III en 1546. Es la primera edificada en el Nuevo Mundo. Y la elegida por la familia agustino-recoleta para dar gracias a Dios por la canonización de su hijo san Ezequiel Moreno.

Los cincuenta y cuatro metros de su nave central son pocos para proporcionar espacio suficiente a quienes deseamos participar en la eucaristía, que somos los mismos que nos vimos en la canonización. Pero más cercanos unos a otros. Y con los representantes oficiales de La Rioja y del Viejo Reino más a mano. El embajador de España, Manuel de Luna y Aguado, con su señora esposa, quiso y pudo estar presente en lugares y momentos en los que un español recibe los honores más sublimes a los que criatura humana puede aspirar.

Un folletito, correctamente presentado, nos ayuda a estar atentos a la celebración. Monseñor Arturo Salazar, rodeado de obispos y frailes agustinos recoletos, preside la concelebración. Su homilía es vibrante, fraterna, cariñosa…

La pública acción de gracias de nuestro prior general expresa los sentimientos de los allí presentes. Y la bendición final, con el himno a Nuestra Señora de la Consolación, indica que las celebraciones religiosas en Santo Domingo han llegado a feliz fin.

En la Casa de España vivimos horas placenteras. El Ballet Nacional dominicano nos obsequia con unos números de su colorista y deslumbrante folklore, y en un gesto oportuno y simpático, son presentados a los asistentes (ochocientas personas, según las crónicas) los familiares más próximos a san Ezequiel Moreno, que desde España se habían trasladado hasta República Dominicana para asistir a la canonización de su consanguíneo.

La visita vespertina al jardín botánico, decoro y orgullo de la capital, es el broche último de la jornada.

— OTRAS EXCURSIONES

La comisión de República Dominicana ha preparado para nosotros un completo programa de visitas y excursiones. Punto obligado es Napolitano, el restaurante donde se nos sirve la comida de mediodía.

Arroz con guandules y pollo es la base del menú. Las demás horas de la jornada las gastamos, un día sí y otro también, en visitar las parroquias de San Cristóbal y Haina, regentadas por los agustinos recoletos de República Dominicana.

Destaca en la primera los hermosos frescos que decoran el templo con escenas evangélicas y agustinianas. El malogrado mausoleo trujillesco es una página escrita en la reciente historia de la república.

La pobladísima parroquia de Haina tiene su centro parroquial rodeado de un muy concurrido mercadillo al aire libre, y a juzgar por las varias sucursales bancarias que lo contemplan, las transacciones comerciales deben de ser fructuosísimas.

El retablo de su iglesia es una colorista composición naif de elementos dalinianos y realismo autóctono, debida al pincel de un inspirado agustino recoleto, cuyo nombre siento no recordar. Ambas saben del celo generoso y entregado de nuestros frailes. No, por favor. No vayáis a buscarlos al Alto de Chavón. Que allí no están.

También encontramos tiempo para visitar el moderno centro de la capital. La Plaza de la Cultura, el Museo del Hombre Dominicano, el Teatro Nacional... son pruebas evidentes de un país orgulloso de su pasado y con un futuro esperanzador. Porque no olvida su historia, como prueba el esmero y acierto con que ha sabido restaurar y conservar el Santo Domingo colonial.

Sus calles rectas, paralelas o perpendiculares al río Ozama (el Guadalquivir de América, en frase de Torcuato Luca de Tena), a la sombra de las edificaciones levantadas por los españoles llegados a la isla: casa de Cortés, Panteón de los Héroes, Casas Reales, Dávila, Ovando, Bastidas, Fortaleza de Ozama, Puerta de San Diego... te llevan por un camino u otro a encontrarte con la Casa o Alcázar de Colón, joya plateresca, maravilla que por siempre atestiguará la presencia de España en la Hispaniola, de donde, por otra parte, nunca se ausentó porque, y cito de nuevo a Torcuato Luca de Tena, lo que hoy es República Dominicana jamás fue colonia de España, sino una provincia más de la Corona: al igual que Galicia, León o la misma Castilla.

Imposible es, si callejeas por Santo Domingo, librarte de la insistencia pertinaz de los vendedores, y fácilmente entras en el juego. Pero no es infrecuente salir de él con la duda sobre las propias y personales cualidades mercantiles.

Afortunadamente los días pasan con rapidez y el descalabro no es de mayores proporciones.

— EL REGRESO

Y así, en la tarde del viernes dieciséis nos marchamos hacia el aeropuerto. Abandonamos Nigua, llevándonos el recuerdo, entre otros, de la brisa refrescante con que reparábamos nuestra fatiga en el cenador, cara al mar; de las amables tertulias que bajo su techo manteníamos y de los chapuzones en la vecina playa.

El viaje se desarrolla según el horario previsto y por carreteras custodiadas por las fuerzas militares. Llega el presidente argentino, Carlos Menem. Tras los controles de rigor, embarcamos en el DC de Iberia. Pero las autoridades aeroportuarias no dan su permiso para el despegue.

Han sonado las once de la noche. El aeropuerto internacional de Las Américas suspende todo tráfico, y los baqueteados viajeros tienen que abandonar la aeronave. Sofocadas las airadas protestas y apagado algún que otro conato de motín, abordamos los autobuses dispuestos para trasladarnos a Santo Domingo.

Una mala noche en una buena posada y las seis y media despegamos rumbo a Madrid. A las ocho de la tarde de ese mismo sábado estábamos en Barajas. La peregrinación había terminado felizmente.

Como equipaje, el zurrón lleno de bellas imágenes y buenos recuerdos, y en nuestro corazón el agradecimiento a esos frailes de República Dominicana, hermanos nuestros, que se desvivieron con semanas de antelación para que nuestra estancia allí fuera lo más agradable posible. Gracias.


Con san Ezequiel en Santo Domingo
(Pablo Panedas, Boletín de la Provincia
de San Nicolás de Tolentino 696, julio-diciembre 1992)


En nuestros cuatro siglos de historia, nunca habremos estado los agustinos recoletos tan en primer plano como en esta ocasión. Por fin, aquello por lo que llevábamos tantos años rezando, se iba a realizar, y el beato Ezequiel Moreno estaba a punto de ser canonizado.

La noticia nos cogió por sorpresa, y el marco y momento elegidos para la ocasión nos pareció a todos un sueño: la canonización tendría lugar en Santo Domingo, en la misa conmemorativa del V Centenario de la Evangelización de América, ante todo el episcopado latinoamericano.

Visto con miras humanas, era un privilegio envidiable, y legítimo motivo de orgullo para todos nosotros. Así como también era, para quienes viajábamos, una buena ocasión de visitar “la cuna de América”, conocer nuestros ministerios y convivir con los religiosos. No obstante, no eran estos alicientes humanos lo más importante.

Lo que realmente importaba era que varios centenares de agustinos, agustinos recoletos y descalzos, misioneras agustinas recoletas, agustinas recoletas de Venezuela, Siervas de María, hermanas del Cardenal Sancha, terciarios y amigos, íbamos en peregrinación hasta Santo Domingo para, alrededor de Pedro, alegrarnos con toda la Iglesia por la glorificación de uno de sus hijos, hermano nuestro.

Las crónicas que se elaboren podrán detallar los avatares de nuestros viajes y andanzas por Santo Domingo. Nosotros nos limitaremos a reseñar los actos oficiales y solemnes a que se nos convocaba.

Constituyen un tríptico de eucaristías, correspondientes a los días 10, 11 y 12 de octubre. La primera se celebraba en el santuario de la Virgen de Altagracia, en Higüey; la segunda era la de canonización del beato Ezequiel; y, en fin, la última, el día 12, era de acción de gracias en la catedral de Santo Domingo.

— 1. EUCARISTIA EN EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE ALTAGRACIA, HIGÜEY

Una peregrinación a ese “Pórtico de las Américas” que es la República Dominicana, no podía olvidarse de Higüey, capital de la provincia de Altagracia, al este de Santo Domingo.

Higüey, o Salvaleón de Higüey —como es su nombre oficial completo— fue fundada en 1504 por el gobernador Nicolás de Ovando y, en los primeros decenios del siglo XVI, sirvió como base de apoyo para la conquista de Puerto Rico y de las Pequeñas Antillas. Pero, sobre todo, la importancia de Higüey radica en ser la sede del primer templo mariano de América: el santuario de Nuestra Señora de la Altagracia.

Hacia allí nos encaminamos el día 10, y allí llegamos tras recorrer los 145 kilómetros que dista de Santo Domingo. El templo actual, no lejos del construido a finales del siglo XVI, es de traza moderna, pues fue inaugurado en 1971; es una mole gris de hormigón dominada por la parábola de un arco de 80 metros de altura.

En la enorme explanada delantera todo eran preparativos y ensayos para la ceremonia papal que tendría lugar dos días más tarde. Nuestra eucaristía la celebraríamos en el interior, presididos por monseñor Hugo Polanco Brito, obispo de la diócesis. Le acompañaban monseñor José María Cirarda, obispo de Pamplona (España) y los obispos recoletos, con más de un centenar de sacerdotes.

En su homilía, monseñor Polanco Brito trazó a grandes rasgos la historia de la imagen de Altagracia. Se trata de un cuadro barroco traído de España, más en concreto de Plasencia (Cáceres). Representa a María en adoración ante su Hijo recién nacido, mientras san José desde el fondo observa la escena. Con la Virgen, admirada ante la Alta Gracia que es Cristo, se identificaron desde el primer momento los evangelizadores del Nuevo Mundo.

Al final de la eucaristía, pero aún en el altar, monseñor Cirarda fue el encargado de agradecer al señor obispo de Higüey la acogida dispensada. Tomó el hilo de su discurso y lo continuó aplicándolo al acontecimiento que nos reunía: la canonización del beato Ezequiel Moreno.

En la Virgen de Altagracia, venida de España para ser estrella de la evangelización de América, quiso ver el tipo de todos los misioneros. En ella vio representado al padre Ezequiel, devotísimo suyo ya desde España, y anunciador del evangelio de Cristo en Filipinas y Colombia.

Como él y como tantos otros en el pasado, la mayor parte de los religiosos presentes —dijo— son españoles y ejercen el ministerio en América, repitiendo una vez más el ciclo histórico de la evangelización: de España se pasa a América para anunciar a Cristo por medio de María.

— 2. MISA DE LA CANONIZACION EN EL FARO DE COLON (SANTO DOMINGO)

Para el día 11 estaba programada la canonización. Tenía que llevarla a efecto el Santo Padre en la solemne eucaristía conmemorativa del V Centenario de la evangelización de América.

El lugar elegido era la gran explanada junto al Faro a Colón, inaugurado pocos días antes y adonde el día 9 se habían trasladado los restos del Almirante. Era seguramente el marco más adecuado, por más que desde hacía meses viniera siendo objeto de polémicas y manifestaciones.

Es un grandioso monumento de 210 metros de longitud por 31 de altura, desde cuyo centro 158 reflectores proyectan hacia el cielo una gran cruz visible en toda la ciudad. La forma del monumento es también la cruz latina, para simbolizar la cruz de Cristo plantada en esta tierra en 1492 y, al mismo tiempo, recordar las palabras del mismo Colón: “Poned cruces en todos los caminos y senderos, para que Dios os bendiga”.

El comienzo de la eucaristía estaba previsto para las 9 de la mañana, y nosotros debíamos estar a las 7 en nuestros puestos. A lo largo del trayecto encontramos grupos que desde las respectivas parroquias se dirigían cantando hacia el Faro. Llamaba la atención el aparatoso despliegue de militares y policías, bien visibles en lo alto de los edificios y a lo largo de las avenidas.

El escenario era impresionante: el altar se había dispuesto sobre una enorme plataforma techada, elevada bastantes metros sobre el nivel del suelo. Al fondo, y mucho más elevada que el altar, estaba situada la sede del Pontífice. A su izquierda colgaba un cuadro de la Virgen de Guadalupe.

El otro lateral lo llenaba la imagen del padre Ezequiel: el cuadro pintado para la beatificación y traído desde Marcilla para esta ocasión. En fin, en la parte delantera del presbiterio, se recortaba contra el cielo la silueta de un enorme crucifijo que presidía el altar y la asamblea.

Básicamente, el espacio para los asistentes había sido dividido en tres planos: uno superior, a los pies del altar papal, reservado para los obispos concelebrantes; a continuación, un segundo algo más bajo, para los sacerdotes; y, en fin, la inmensa explanada distribuida por zonas.

Allí nos tocó esperar casi un par de horas, que entretuvimos saludándonos, sacando fotografías y observando cómo iba tomando cuerpo la magna asamblea que los periódicos calcularían en 100.000 personas.

El ambiente se hacía más denso a medida que el tiempo pasaba y se repetían las consignas y cantos. Se coreaba sin cesar el lema de la Conferencia: “Jesucristo, ayer, hoy y siempre”; se vitoreaba a san Ezequiel Moreno; se daba la bienvenida a los obispos del CELAM, al presidente Balaguer y demás autoridades, y, en fin, se anunció que el Papa estaba a punto de llegar al recinto.

La entrada del Santo Padre recordaba la de Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos; como el Señor, el Papa fue recibido entre saludos y vítores, al grito de “Bendito el que viene en el nombre del Señor”. Le abrían camino, revestidos ya para la celebración, los miembros de su séquito, a los que se habían sumado nuestro Padre General y el obispo de Pasto, monseñor Arturo Salazar.

La misa comenzó a las 9.15. Con el Pontífice concelebraban más de doscientos obispos y varios centenares de sacerdotes. De los cantos se encargaba un coro de 500 voces, en alusión a los 500 años de la evangelización.

Tras el saludo inicial, el cardenal López Rodríguez, arzobispo de Santo Domingo y presidente del CELAM, dirigió al Papa unas palabras de saludo y bienvenida, para terminar añadiendo:

“Por último, en nombre de todos mis hermanos en el episcopado que trabajan en la amplia geografía americana, agradezco a Vuestra Santidad el hermoso gesto de canonizar en oportunidad tan singular a un gran misionero y obispo, que dedicó su vida a la predicación del Evangelio: el beato Ezequiel Moreno, agustino recoleto. No podía haber, Santo Padre, una forma más hermosa y adecuada de celebrar cinco siglos de evangelización que elevándonos al honor de los altares a un testigo admirable de la fe que tan ejemplarmente la difundió entre los hombres y mujeres de su tiempo”.

Una vez concluido el rito penitencial, se pasó a la ceremonia de canonización propiamente dicha. El Secretario de Estado, cardenal Angelo Sodano, acompañado por nuestro postulador, padre Romualdo Rodrigo, se adelantó para pedir al Pontífice tuviera a bien canonizar al beato Ezequiel Moreno, de quien hizo en español una breve semblanza biográfica.

Se cantaron a continuación las letanías de los Santos, pidiendo su intercesión; esta vez brillaban especialmente, tras los apóstoles, patriarcas y doctores -san Agustín, entre ellos-, junto a los santos de América, los dos más representativos de la familia agustiniana: santo Tomás de Villanueva y san Nicolás de Tolentino.

Acabada la letanía de los Santos, el Papa, sentado, pronunció en español la solemne fórmula de canonización:

“En honor de la Santísima Trinidad, para la exaltación de la fe católica y el crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los santos apóstoles Pedro y Pablo y la nuestra, después de haber reflexionado largamente e invocado muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santo al beato Ezequiel Moreno y Díaz, obispo, le inscribimos en el catálogo de los Santos y mandamos que en toda la Iglesia sea devotamente honrado entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

Toda la asamblea rubricó con su “Amén” y un estruendoso aplauso la proclamación pontificia. Y, mientras el pueblo entonaba un canto de alabanza, una representación de religiosos, religiosas, terciarios y allegados a la figura del nuevo Santo ofrendaron ramos de flores amarillas ante su cuadro.

Después, monseñor Pedro Rubiano Sáenz, arzobispo de Cali, en su calidad de presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, dio las gracias al Pontífice:

“Beatísimo Padre, en nombre de la Santa Iglesia agradezco a Vuestra Santidad la proclamación hecha, y pido humildemente disponga sea publicada la carta apostólica de la canonización”.

A lo que el Papa replicó: “Lo ordenamos”.

Siguió el canto del Gloria, y tras él la oración colecta; ésta, como el resto del formulario, había sido tomada de las misas por la evangelización de los pueblos, aunque con las acomodaciones oportunas:

“Oh Dios, que quieres que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad; te damos gracias por el Evangelio de Cristo que hace quinientos años se irradió por los pueblos de América y, por la intercesión de san Ezequiel Moreno y Díaz, te pedimos que tu Iglesia, congregada por la palabra de vida y sostenida por la fuerza de los sacramentos, camine por las sendas de la salvación y del amor”.

Las lecturas y el salmo responsorial hablaban asimismo, en varios tonos, de la evangelización: Caminarán los pueblos a tu luz. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. ¿Cómo van a oír sin alguien que proclame? Id al mundo entero y proclamad el Evangelio.

Y sobre la evangelización del pasado y el futuro de América versó la homilía del Papa, que todos seguimos en medio de un impresionante silencio. En este contexto situó Juan Pablo II la figura del nuevo Santo, a quien ante el episcopado latinoamericano presentó como “modelo de evangelizador” y “modelo para los pastores, especialmente de América Latina”.

Tras la homilía, prosiguió normalmente la misa, aunque, a la hora del ofertorio, las ofrendas las presentaron parientes, paisanos y hermanos de hábito de san Ezequiel. Además, en las intercesiones de la plegaria eucarística resonó por primera vez, tras los apóstoles y los mártires, “san Ezequiel Moreno y Díaz y todos los santos”. Por último, a la hora de la comunión, la recibió de manos del Papa un grupo de fieles próximos al Santo por una u otra razón.

La eucaristía terminó con el rezo del Ángelus y la correspondiente meditación previa, en la que el Santo Padre saludó “a las religiosas y religiosos agustinos recoletos que, desde diversos países de· América, de Europa y también de Asia, han venido a Santo Domingo para participar en la solemne ceremonia de canonización”.

Al cabo de más de tres horas, pasado el mediodía, se terminaba todo. Había sido una ceremonia larga, a pleno sol tropical, con una temperatura de más de 30 grados. Al final nos descubríamos empapados en sudor, pero también llenos de una emoción difícil de expresar y compartida plenamente por todos.

— 3. EUCARISTIA DE ACCION DE GRACIAS EN LA CATEDRAL PRIMADA DE SANTO DOMINGO

En esta “catedral primada de América” (1521-1541) en la que se combinan arcos románicos, bóvedas góticas y una hermosa fachada renacentista, iba a tener lugar el tercer acto de nuestra peregrinación por tierras dominicanas.

Aquí estaba programada la misa de acción de gracias al día siguiente de la canonización. Aquí, ante la cruz de la evangelización y el cuadro de Nuestra Señora de la Antigua -primero de la Santísima Virgen llevado a América-, había tenido lugar un par de días antes la misa del Papa con el clero y los religiosos.

Nuestra celebración estaba programada para el mediodía, y debía durar hasta la hora de comer. Sin embargo, desde el punto de la mañana hasta la noche lució en el Parque de Colón, adosada a la fachada lateral de la catedral, una enorme pancarta en la que figuraba la imagen de la madre María de San José, con la siguiente leyenda: “Hermanas Agustinas Recoletas de Venezuela. Fundadora: Venerable Madre María de San José. Hacia la beatificación”.

Oficialmente, la catedral tiene cabida para 1.200 personas sentadas. Con todo, a nosotros se nos quedó pequeña; muchos fieles, y aun los mismos sacerdotes, no encontraron asiento.

Los sacerdotes concelebrantes serían casi 200; entre ellos, los Padres Generales de las tres Ordenes agustinas: calzados, recoletos y descalzos. Asistían igualmente todos los obispos recoletos, y presidía monseñor Arturo Salazar, sucesor de san Ezequiel en la diócesis de Pasto y antes en Casanare.

Lo mismo que se había hecho el día anterior, también aquí se distribuyó un folleto impreso con los textos y cantos litúrgicos. En esta ocasión, las oraciones y lecturas eran las aprobadas para la memoria del padre Ezequiel.

Monseñor Salazar pronunció una homilía emocionada y emocionante. Manifestó ante todo su admiración. Ni él ni el mismo Santo —éste quizá menos que nadie— habrían soñado nunca con un homenaje en la iglesia primada de América; mucho menos en una fecha mítica como la del 12 de octubre de 1992.

Entre tantos hombres y mujeres de fe que han vivido a lo largo de estos 500 años, sólo el padre Ezequiel ha sido distinguido como el “Santo del Quinto Centenario”. La autoridad suprema de la Iglesia lo ha reconocido como “hombre de Evangelio”. El Sumo Pontífice da testimonio solemne de que el Evangelio lo asimiló hasta la médula de sus huesos. Por ello concluyó don Arturo con una acción de gracias al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Al final de la misa, el Padre General dio asimismo gracias, ante todo a Dios, pero también manifestó su reconocimiento y el de la Orden a las diversas autoridades civiles y eclesiásticas, lo mismo que a los paisanos y familiares del Santo y a todos los peregrinos; y, de una forma especial, agradeció sus servicios a las distintas comisiones preparatorias de los actos.

Sus palabras, en resumen, fueron a continuación traducidas al inglés y al portugués. En fin, la eucaristía concluyó con el himno a la Virgen de la Consolación y la veneración de la reliquia de nuestro santo Obispo.

Estas fueron, en fin, las tres estaciones de nuestra peregrinación a Santo Domingo. De allí nos trajimos una impresión de ensueño que podría expresarse con las mismas palabras que empleó Colón para describir aquella isla que los indígenas llamaban Quisqueya: es “la más hermosa tierra que ojos humanos jamás hayan visto”.

Para nosotros lo es no sólo por sus bellezas naturales, la bondad incontaminada de sus gentes, y porque aquí se plantaran la primera cruz, la primera catedral y la primera universidad de América.

Lo es sobre todo porque, en nuestra memoria, la República Dominicana quedará siempre asociada a la figura hermosa y amable de san Ezequiel Moreno, puesta allí sobre el candelero para alumbrar a toda la Iglesia latinoamericana.


ACCION DE GRACIAS, EN MADRID
(OAR al habla).

Dejamos constancia de la gran celebración que con motivo de la canonización de nuestro hermano san Ezequiel Moreno tuvo lugar en Madrid. En el día del Señor, domingo 11 de octubre, fecha de la canonización, a las 7 p. m., nos dimos cita en el monasterio de la Encarnación, de nuestras hermanas agustinas recoletas, tal como lo había programado la comisión organizadora del evento.

Una abigarrada multitud de fieles devotos, de religiosos y religiosas, de niños y jóvenes, llenábamos todos los espacios disponibles en la iglesia, el coro, el presbiterio, la sacristía y los pasillos adyacentes.

Preside nuestra celebración el señor Nuncio de Su Santidad, monseñor Tagliaferri, acompañado por cuarenta sacerdotes, agustinos recoletos de todas las provincias con sede en Madrid y reforzados con la grata presencia de algunos de nuestros hermanos de la Orden de San Agustín.

El coro del colegio Agustiniano, bajo la dirección del padre Félix Remón, y alternando con las voces de nuestras hermanas recoletas, dio su nota de alegría a nuestra celebración. Cantos en que podíamos participar todos los asistentes y hacían resonar desde muy dentro la pública expresión de nuestro gozo.

En su homilía, el señor Nuncio hizo una breve biografía de la persona y ministerios donde desarrolló su vida san Ezequiel Moreno y exaltó la vida y figura de nuestro santo. Luego, con gran acierto, fue presentándolo como ejemplo de santidad para todos:

• Para los jóvenes y las jóvenes, que quieren entregar su vida a una causa grande que valga la pena; allí está la figura de san Ezequiel, que desde su juventud comenzó su camino de santidad, renunciando al halago de las cosas fáciles y placenteras que se ofrecen a nuestra juventud.

• Para los fieles cristianos, que quieren seguir a Cristo en su entrega fiel. San Ezequiel es ejemplo de fidelidad a su compromiso de bautizado, de sencillez con sus hermanos, de servicio a los humildes y un haz de virtudes cristianas que todos podemos practicar en nuestro medio.

• Para los pastores, porque la vida de san Ezequiel es un vivo testimonio del pastor que se desvive por el bien de las ovejas, las de cerca y las de lejos, las sanas y las enfermas, sin escatimar tiempo ni privaciones de todo género;

• Para las almas consagradas, pues la vida de san Ezequiel se fragua dentro de una profunda espiritualidad, oración y contemplación, que le hace capaz de superar las privaciones, la soledad y los sufrimientos, forjando así esa,santidad personal ,con la que hoy contemplamos al nuevo santo.

Finalmente, el señor Nuncio hizo alusión al tema de la evangelización de América y cómo en este mismo día el Santo Padre se encontraba en Santo Domingo, República Dominicana, donde unas horas antes había canonizado ya a san Ezequiel Moreno como ejemplo fehaciente del Santo que abre con su vida y presencia los caminos de la nueva evangelización de América.

Lo presentó además como estímulo y ejemplo para tantos hermanos agustinos recoletos, que actualmente entregan su vida en campos de misión y para todos nosotros un testimonio claro de la santidad a la que somos llamados en nuestra propia vida religiosa.

Terminada la celebración, se repartieron a los fieles estampas y libros sobre la vida de san Ezequiel Moreno. Nuestras hermanas agustinas recoletas ofrecieron a todos los asistentes un dulce agasajo en las instalaciones del museo del monasterio.

Aquí fueron los abrazos de alegría, las felicitaciones, las enhorabuenas por la dicha incomparable de tener un hermano nuestro elevado al honor de los altares: nuestro humilde y sencillo fray Ezequiel Moreno.

Poco a poco vinieron las despedidas y fuimos regresando a nuestras casas, pero con una nueva alegría en el alma que nos había comunicado la dicha grande de compartir el gozo de estar unidos en la alegría que nos da el Señor de tener con nosotros un nuevo ejemplo de lo que puede hacer Dios con los pobres que le entregamos incondicionalmente la vida.


CELEBRACIONES EN MONTEAGUDO

En pasquines generosamente repartidos por toda la comarca, la comunidad agustino-recoleta de Monteagudo, anunciaba un solemne triduo para orar y conocer a San Ezequiel.

Los días 8, 9 y 10 de octubre, a las siete de la tarde, eran convocados los fieles devotos a la celebración eucarística y a escuchar, para imitarlas, el relato de las virtudes que han llevado a su santo paisano al honor de los altares.

Los mistagogos que cumplieron con tan meritorio ministerio fueron: Francisco Javier Legarra, OAR, quien el primer día disertó sobre san Ezequiel, pastor de almas. Al día siguiente fue Ángel Jiménez, OAR, quien caldeó los corazones de los asistentes con sus palabras sobre san Ezequiel, celoso misionero. El último día del triduo fue Joaquín Uriz, OAR, quien predicó de san Ezequiel, religioso perfecto.

El día 11, a las cinco de la tarde, monseñor José María Conget, obispo de Jaca, presidió la misa solemne, concelebrada por gran número de presbíteros y a la que asistió una verdadera multitud.


CELEBRACIONES EN VALLADOLID Y PALENCIA

El 11 de octubre fue un don de Dios, una jornada maravillosa. Se nos iba el alma a Santo Domingo, pero se nos iba más al cielo. A las 12 nos reunimos en la iglesia del colegio las comunidades en pleno -con profesores, novicios y seminaristas- de Valladolid, Burgos y Salamanca, amén de familias y devotos.

Monseñor Odorico Sáiz vino de Logroño de nuevo para presidir la concelebración con una cincuentena de sacerdotes. Cantó el coro del colegio. Oímos la palabra abundante e irrefrenable de fray Odorico y alabamos al Señor porque un hermano nuestro era centro de la Iglesia, modelo de cristiano y ejemplo de obispos.

Después confraternizamos en el vino español y en la comida de las tres comunidades. Nuestras recoletas de Palencia no quisieron ser menos y el 18 las acompañó un grupo de ocho religiosos en la solemne acción de gracias presidida por el nuevo obispo de la diócesis, Ricardo Blázquez, rodeado de una veintena de sacerdotes. Todo para gloria de Dios en nuestro san Ezequiel.


CELEBRACIONES EN FILIPINAS

Celebramos con solemnidad en todas las casas de la Vicaría la canonización del Beato Ezequiel. La fiesta revistió especial majestuosidad en San Sebastián de Manila, donde el 11 de octubre fue un día plenamente dedicado a actividades relacionadas con el Santo.

Comenzamos con la presentación de las dos biografías del padre Ezequiel, escritas en inglés por el profesor Manuel Romanillos. Son éstas:

Saint Ezequiel Moreno, Curate of Las Piñas. Un folleto de 25 páginas, muy bien documentado, en el que se presentan numerosos testimonios de feligreses que testificaron acerca de las virtudes heroicas del santo con ocasión de la apertura de su proceso de beatificación. Se imprimieron dos mil ejemplares y en ese mismo día de la canonización se vendieron casi todos. Tan sólo nos reservamos unas doscientas copias para distribuir entre nuestras casas.

Ezequiel Moreno, An Augustinian Recollect Saint among Filipinos, está aún en imprenta. Es un trabajo muy original, fruto de intensa investigación llevada a cabo por el autor en diferentes archivos de Filipinas. Consta de 110 páginas. Bellamente presentado, reproduce unas cuarenta fotografías y vistas relacionadas con el santo.

Otras actividades llevadas a cabo en San Sebastián en ese día de la canonización fueron la apertura de la exposición acerca de los Recoletos en Filipinas y vida apostólica del padre Ezequiel. Simultáneamente proyectábamos variedad de diapositivas referentes a esos mismos temas.

Por la tarde se tuvo una concurrida asamblea de jóvenes, al final de la cual el padre Emilio Quilata, OAR, celebró la santa Misa, predicando acerca de la vida y apostolado del padre Ezequiel.

A las 5: P.M. tuvimos la procesión del Santo por las calles cercanas a San Sebastián. Terminada ésta, se procedió a la “Ceremonia de la Coronación”.

En la Eucaristía concelebraron tres obispos, el padre vicario Víctor Lluch, con un numeroso grupo de Recoletos, varios sacerdotes seculares y representantes de órdenes religiosas, sobresaliendo nuestros hermanos agustinos. Principal celebrante fue el obispo de Bacólod, Mons. Camilo Gregario.

El canto estuvo a cargo del coro conjunto de nuestros seminaristas, hermanas recoletas y jóvenes de la parroquia de San Sebastián, dirigidos por el profesor Alfredo Buenaventura. Tan numerosa fue la asistencia de público al rito sagrado que fue necesario colocar una pantalla gigante en nuestra plaza para que los fieles pudieran presenciar y seguir mejor la brillante ceremonia

Con antelación a esta gran fiesta y en diversos días (19 y 28 de agosto, 4 y 10 de septiembre) tuvieron lugar celebraciones y conferencias en Antipolo, Mira-Nila, San Sebastián, Santa Rita, Las Piñas… Entre otros temas los argumentos de las conferencias fueron Ezequiel Moreno y la juventud, información acerca de su vida, del padre Ezequiel, etc.

Referente a la propaganda del santo, imprimimos mil murales de su foto oficial, cinco mil trípticos, diez mil estampitas, publicamos varios miles de novenas y triduos. También se tuvieron entrevistas en radio y televisión. Y varios periódicos y revistas nacionales dieron a conocer la vida y apostolado del neo-canonizado.

Otra prueba del entusiasmo y devoción del pueblo filipino hacia San Ezequiel es la delegación de siete recoletos, dos recoletas y doce terciarias/os que desde estas lejanas tierras se desplazaron a Santo Domingo a fin de asistir a su canonización. A todos nuestra cordial enhorabuena.


CELEBRACIONES EN LA VICARIA DE MEXICO

En los primeros días del mes de julio quedó constituida la comisión regional de México pro-canonización Beato Ezequiel Moreno. Forman parte de esta comisión los miembros del secretariado de espiritualidad de la vicaría y el padre José Antonio Arias, de la provincia de San Agustín.

El día 13 de julio se tuvo la primera reunión a la que también asistió el padre Ricardo Jarauta, ecónomo de la vicaría. Se tomaron los siguientes acuerdos: editar una biografía popular del Beato; imprimir trípticos y estampas con la oración y novena del santo; repartir con profusión en todas nuestras iglesias los cinco números de Canta y Camina; hacer dos clases de carteles: unos para motivar a los fieles a la canonización y otros con el texto San Ezequiel Moreno 1848-1906. Agustino Recoleto.

Se vio la conveniencia, además, que en todos nuestros ministerios se confeccionara un amplio y variado programa de actividades para dar a conocer la figura del Santo. A estas alturas bien puede decirse que todo el material impreso con motivo de la canonización ha sido de alta calidad. Para alcanzar esa meta hemos contado con los magníficos fotolitos enviados desde Roma por la comisión central.

Con intensa emoción, en todos nuestros ministerios de México, se vivió la jornada del día 11 de octubre, día de la canonización del Beato Ezequiel Moreno. Tuvimos la dicha de seguir paso a paso, a través de la pequeña pantalla, la bella ceremonia que se transmitía en directo desde Santo Domingo.

Así se dio a conocer a nivel mundial la figura de San Ezequiel. También nos sentimos muy orgullosos de oír en numerosas ocasiones el nombre de nuestra orden de agustinos recoletos. Nuestros fieles, a lo largo de ese día, se alegraban y congratulaban con nosotros.

Aquí en México en todos nuestros templos, ese día 11, se celebraron solemnes eucaristías en honor del nuevo santo. Cabe destacar, si así se puede hacer, la celebración tenida en Tecamachalco con la presencia del señor arzobispo de la arquidiócesis de Tlanepantla, monseñor Manuel Pérez Gil.

En la misa, repleta de fieles, destacó un selecto coro de voces que interpretó finas partituras musicales. El señor arzobispo, por su parte, habló hermosamente de San Ezequiel. Finalizada la misa, se confraternizó con los fieles a los que se les obsequió unos exquisitos bocadillos. El señor arzobispo prolongó por varias horas su estancia con los religiosos.

En el templo de San Ezequiel Moreno, en la colonia Pantitlán, se celebró también una solemne misa en la que participaron varios religiosos recoletos y dos sacerdotes diocesanos. Predicó muy bien el padre Enrique Eguiarte. Antes de la eucaristía, por las calles de la colonia, se tuvo una multitudinaria procesión con la imagen de San Ezequiel. En la tarde, en el patio de la Iglesia, se organizaron varios actos de entretenimiento. Lo que más gustó a todos fueron los fuegos de artificio.

Pocos días después de la canonización, el 15 de octubre, regresaban de Santo Domingo los religiosos que nos habían representado. Llegaron todos cantando las maravillas del Señor por todo lo que habían visto y oído de San Ezequiel Moreno.


CARTA DEL PRIOR PROVINCIAL
A TODOS LOS RELIGIOSOS DE LA PROVINCIA

Queridos hermanos:

Ante la proximidad del, para nosotros, feliz día en que Su Santidad el Papa Juan Pablo 11 canonice al Beato Ezequiel Moreno, deseo animaros a todos a dar gracias a Dios por el regalo que en la persona santa de nuestro hermano Él mismo nos ha hecho.

Al mismo tiempo os pido que, en estas fechas inmediatamente próximas al día de la canonización, promováis intensamente con vuestra catequesis, predicación, ministerio y apostolado el conocimiento de la vida del nuevo santo, la estima de su persona, la imitación de sus virtudes y el recurso a su intercesión.

Podéis y debéis serviros para ello del abundante material, que en las últimas semanas ha ido llegando a vuestras respectivas comunidades: folleto biográfico, tríptico, estampas, ejemplares de Canta y Camina... Tened interés por hacerlo llegar al mayor número posible de personas, relacionadas, o no, con nuestras parroquias, colegios y demás ministerios, así como también a vuestros familiares y amigos, sin olvidar a quienes de uno u otro modo entren en contacto con vosotros.

No es aventurado suponer que, al señalar Santo Domingo, capital de la República Dominicana, como marco de la solemne ceremonia de canonización, la intención del Santo Padre no está lejos de querer presentar al padre Ezequiel como el santo del V Centenario de la Evangelización de América.

Él es, en efecto, un ejemplo eximio de religioso, misionero y pastor. Divulgando su biografía y extendiendo su devoción, estamos presentando al Pueblo de Dios un auténtico camino del Evangelio.

No nos quepa la menor duda. Nuestros desvelos por dar a conocer a san Ezequiel Moreno, por su intercesión serán premiados con nuevas vocaciones a la familia agustino-recoleta. Y, sobre todo, serán merecedores de eterna recompensa.

Que el nuevo Santo nos ayude a ser continuadores de su obra e imitadores de sus virtudes.

Madrid, 11 de septiembre de 1992.
Fr. Carlos Imas
Prior Provincial


JUAN PABLO II
Homilía en la canonización de san Ezequiel Moreno

Y ¿qué mayor timbre de gloria para América que el de poder presentar a todos aquellos testimonios de santidad que a lo largo de estos cinco siglos han hecho vida en el Nuevo Mundo el mensaje de Jesucristo? Ahí están esa admirable pléyade de santos y beatos que adornan la casi totalidad de la geografía americana, cuyas vidas representan los más sazonados frutos de la evangelización y son modelo y fuente de inspiración para los nuevos evangelizadores.

En este marco de santidad se sitúa la presente canonización del Beato Ezequiel Moreno, que en su vida y obra apostólica compendia admirablemente los elementos centrales de la efemérides que celebramos.

En efecto, en la reseña de su vida santa, así como de los méritos y gracias celestiales con que el Señor quiso adornarle –que hemos oído hace unos momentos al solicitar oficialmente su canonización– aparecen España, Filipinas y América Latina como los lugares en que desarrolló su incansable labor misionera este hijo insigne de la Orden Agustina Recoleta.

Como obispo de Pasto, en Colombia, se sintió particularmente urgido por el celo apostólico que, como hemos oído en la segunda lectura de esta celebración litúrgica, hace exclamar a san Pablo: “¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique?” (Rm 10, 14).

El nuevo Santo se nos presenta ante todo como modelo de evangelizador, cuyo incontenible deseo de anunciar a Cristo guió todos los pasos de su vida. En Casanare, Arauca, Pasto, Santafé de Bogotá y tantos otros lugares se entregó sin reserva a la predicación, al sacramento de la reconciliación, a la catequesis, a la asistencia a los enfermos.

Su inquebrantable fe en Dios, alimentada en todo momento por una intensa vida interior, fue la gran fuerza que le sostuvo en su dedicación al servicio de todos, en particular de los más pobres y abandonados.

Como Pastor profundamente espiritual y vigilante, dio vida a diversas asociaciones religiosas; y a donde no podía llegar en persona procuraba hacerse presente mediante la publicación, el periódico, la carta particular.

San Ezequiel Moreno, con su vida y obra de evangelizador, es modelo para los Pastores, especialmente de América Latina, que bajo la guía del Espíritu quieren responder con nuevo ardor, nuevos métodos y nueva expresión a los grandes desafíos con que se enfrenta la Iglesia latinoamericana, la cual, llamada a la santidad, que es la más preciada riqueza del cristianismo, ha de proclamar sin descanso a “Jesucristo ayer, hoy y siempre” (Hb 13, 8).

El Señor Jesús, que fue anunciado por primera vez a los pueblos de este continente hace quinientos años, nos trae la salvación, pues sólo Él tiene palabras de vida eterna (cf. Jn., 6, 69). “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Ibíd., 3, 16).

Es el Dios que ama al hombre hasta entregar su vida por él. Es el Dios encarnado, que muere y resucita. ¡Es el Dios Amor!

JUAN PABLO II, Homilía en la Santa Misa en el V centenario de la evangelización,

y canonización del beato Ezequiel Moreno y Díaz
Santo Domingo, 11 de octubre de 1992






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