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“Magdalena, Flor del Fijuyama”: el testimonio de fuerza arrolladora de la entrega sin reservas


“Magdalena, Flor del Fijuyama”: el testimonio de fuerza arrolladora de la entrega sin reservas
21-10-2017 España
El pasado miércoles 18 de octubre fue el 30º aniversario de la canonización de santa Magdalena de Nagasaki. Hoy, 20 de octubre, es su fiesta litúrgica. Un nuevo cuadro de la santa patrona de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta se presenta hoy en público, obra del agustino recoleto David Conejo.
El agustino recoleto David Enrique Conejo (Cartago, Costa Rica, 1993) es el autor del nuevo cuadro de la santa patrona de las Fraternidades Seglares Agustino-Recoletas, la mártir japonesa Magdalena de Nagasaki (1611-1634). Magdalena fue beatificada junto con un grupo de otros 16 mártires de Japón por el papa Juan Pablo II en Manila (Filipinas) en 1981 y canonizada por el mismo papa en Roma el 18 de octubre de 1987.

El cuadro mide 90 x 65 centímetros y está pintado al óleo sobre lienzo. Fue comenzado el 18 de octubre del 2016, y finalizado el 28 de septiembre de 2017, fechas significativas; así, el inicio coincidió con el 29º aniversario de su canonización y casi con la fiesta de la mártir, y la conclusión tuvo lugar durante la fiesta litúrgica de los beatos mártires del Japón, el mismo grupo al que pertenecía Magdalena antes de ser canonizada.

El cuadro se titula “Magdalena, Flor del Fijuyama”. El propio autor nos cuenta las motivaciones e intenciones que tuvo para crear esta obra de arte, así como explica cada uno de los detalles que ofrece la obra.



La intención primera del cuadro no estuvo relacionada con la celebración del Año Agustino Recoleto de la Santidad (2017) ni con el trigésimo aniversario de la canonización de la mártir japonesa.

Mi intención a la hora de ponerme a pintar a Magdalena era, en primer lugar, aportar una imagen nueva de la santa, pues considero que las que actualmente existen no acaban de mostrar e indicar la fuerza arrolladora del testimonio de Magdalena.

La segunda motivación, que creo que fue la determinante, fue el hecho de que yo contaba, en el momento de empezar el cuadro, con la misma edad de Magdalena al entregar su vida en martirio.

Este detalle me interpeló poderosamente y me hizo reflexionar acerca de mi disposición para confesar el nombre de Cristo. La expresión artística quería transmitir una llamada a la revisión personal del seguimiento de Cristo, y a su vez interpelar a muchos más, a través del cuadro, con el ejemplo de Magdalena para su vida cristiana.

Decidir la composición no fue nada fácil. Quería transmitir la fuerza de una mujer valiente y tenaz, que a la vez muestra delicadeza y fragilidad. Intenté pintarla como una mujer hermosa físicamente, lo cual quiere entrar en sintonía con los relatos que elogian su hermosura y su porte.

Sin embargo, la belleza de Magdalena quiere acercarse más a una frase que escuché en una película sobre las apariciones de Medjugorje. Al ser la Virgen María interrogada sobre su belleza desbordante, ella respondió: Soy hermosa porque amo, amad y seréis bellos también vosotros. Esa es la hermosura de Magdalena que he intentado transmitir, su testimonio de fe y valor hasta dar la vida por Cristo, su único esposo, su entrega completa y sin reservas por amor.

El momento que represento en la pintura es el inmediatamente posterior a la muerte de Magdalena. Sus ojos reflejan cierto temor o estupefacción al mirar los innumerables tormentos por los que ha pasado.

A la vez, su mirada es serena, pues ha perseverado hasta el final en la fidelidad a Cristo. Su postura sugiere que se encuentra en camino, dejando atrás ya los padecimientos, y acercándose a la luz divina que, desde la derecha, le ilumina el rostro.

Sus labios entreabiertos parecen repetir las palabras de Cristo en el Evangelio: Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad (Jn 10,18).

La manera en que recoge su hábito con la mano izquierda refuerza este sentido de preparación al camino. Está a punto de presentarse ante Jesús, quien se encuentra ya a su espera.

A la vez, este es un guiño histórico al proceso de canonización. Magdalena nos muestra, al tomar su hábito, la identidad de la familia agustino-recoleta a la que pertenece, también está representada en la correa con que está ceñida y que portaba, según los testimonios, en el momento de su martirio.

Quería mostrar la glorificación de Magdalena: el nimbo de su santidad parece estarse encendiendo y llenando de luz el paisaje; la palma del martirio está representada de manera luminosa y etérea, como si apareciera en su mano y estuviera hecha de luz. Por ello la toma de manera delicada y sutil.

Los elementos que construyen el escenario son, por una parte, un bosque, que recuerda el hecho de que Magdalena y muchos cristianos se refugiaron en los montes y en la naturaleza agreste durante la persecución.

Por otra parte, el monte Fuji, a lo lejos, es un símbolo fundamental de Japón, y evoca la frase del himno del Oficio de Lectura de su fiesta: Salve, flor carmesí del Fujiyama, paloma blanca de zureo ardiente.

Por último, el mar recuerda el destino final de los restos de Magdalena, donde se esparcieron sus cenizas, y que ahora refleja la luz de su santidad. Así como las cenizas de Magdalena se fundieron con el mar, el alma fiel queda unida e inmersa en el amor inmenso de Dios, que no conoce límites.



Santa Magdalena de Nagasaki • Himnos de la liturgia de las horas

Laudes

¡Cuánto cielo se derrama
por tu sonrisa de niña!
¡Cuánto amor y cuántos sueños
de primavera encendida
vuelan libres por el monte
de mártires alegrías!

“Magdalena”, “Nagasaki”,
rumores que el viento anima…
¡Cuánto campo entre tus ojos!
¡Cuánto cielo en tu sonrisa!
¡Cuánto mártir por los montes!
¡Cuánta ceniza esparcida!

Al despertar la mañana
que diera vida a tu vida,
nuestra oración amanece
como tu entrega, vestida
de inspiración recoleta
y agustina poesía.

Gloria al Padre, gloria al Hijo
que en la cruz resplandecía;
gloria al Espíritu Santo
que a Magdalena asistía.
Amén.


Oficio de lecturas

Fueron sus padres mártires gloriosos
que dieron en común por Dios su vida,
y fue su fe en Ti tan viva
que hiciste de su gesto el tuyo propio.

Brindaste en las montañas a tu Esposo
—pues Cristo te eligió su prometida—
toda tu juventud desnuda y limpia
en un volcán de amores sin reposo.

Y nadie pudo quebrantar tu celo
—lunas y soles, lluvias, frío y llamas—
de anunciar con brío el Evangelio;
pues tanto ardió de Cristo enamorada,
tu voluntad de levantar su Reino
que en voz y sangre fuiste su palabra.

¡Salve, flor carmesí del Fujiyama,
paloma blanca de zureo ardiente,
que como estrella en el lejano Oriente
a Cristo proclamaste en cuerpo y alma!

A Dios honor y gloria por los siglos:
al Padre Creador, supremo origen,
al Hijo, el Verbo, que nació de Virgen
y al fuego Santo de amor divino.
Honor y gloria a Dios, al Uno y Trino. Amén.


Vísperas

Se ha enrojecido la tarde
de cristiana transparencia,
Nagasaki se ha vestido
del color de Magdalena:
un hábito de terciaria,
un alma japonesa.

¡Cómo crecen en los montes
las torturas, las cadenas…!
Horca y hoya van borrando
las huellas de Dios impresas
en cárceles, en poblados,
en calles y veredas
del horizonte pagano
que a Nagasaki rodea.

Ha enrojecido la tarde
el canto de una doncella,
como una rosa enrojece
jardines en primavera.

Cuando Magdalena calle,
cuando su canto enmudezca,
cuando en el mar sus cenizas
mansamente se disuelvan,
Nagasaki se revista
de agustina recoleta.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
que nuestro gozo sustenta;
gloria al Espíritu Santo
que consoló a Magdalena.


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