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“La Ciudad de los Niños te permite obtener un doctorado en desarrollo personal equilibrado, casi imprescindible para obtener el título de ser humano” [Parte 2]


“La Ciudad de los Niños te permite obtener un doctorado en desarrollo personal equilibrado, casi imprescindible para obtener el título de ser humano” [Parte 2]
03-12-2017 Costa Rica
Un profesor y un alumno de la Universidad Politécnica de Madrid han visitado durante 15 días la Ciudad de los Niños y otras empresas e instituciones del ámbito agrario en Costa Rica para poner en marcha nuevas iniciativas y proyectos de mejora en la Finca Agropecuaria de la institución socioeducativa. En esta segunda entrega, hablamos sobre lo que puede conseguir el voluntariado en quien lo lleva a cabo.
José Ramón Conde (1957) es profesor del Departamento de Producción Agraria de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM); por su parte, Santiago Oriol (1994) es estudiante de Ingeniería y Ciencia Agronómica en la UPM, y va a desarrollar en los próximos meses su proyecto de fin de carrera, dirigido por el profesor Conde.

Con este motivo viajaron juntos a la Ciudad de los Niños, en Costa Rica, con el objetivo de conocer la Finca de la institución, que se usa tanto para la enseñanza práctica del taller de Agropecuaria como para dotar de alimentos a la propia institución, en la que cada día se alimentan alrededor de medio millar de personas. Hemos trasladado al profesor Conde unas preguntas que nos acerquen a su experiencia personal, humana y profesional, tras esta visita a la institución socioeducativa.


• ¿Por qué cree importante la colaboración entre la UPM y los Agustinos Recoletos en lugares como la Ciudad de los Niños?

Dos de los fines primordiales de la UPM, definidos en el artículo 2 de sus Estatutos, son la transmisión del conocimiento científico y técnico a la sociedad para contribuir a su desarrollo cultural, social y económico; y la cooperación al desarrollo.

Con colaboraciones como la establecida entre los Agustinos Recoletos y el Grupo RISE (Red de Ingeniería Solidaria y Educativa), con sede en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica Alimentaria y de Biosistemas (ETSIABB), se contribuye al desarrollo de ambas funciones.

Por otro lado, en la Ciudad de los Niños, además de la labor educativa, se mantiene una muy importante actividad de producción agrícola y ganadera en una finca con más de 130 hectáreas que cuenta con cientos de cabezas de ganado de diferentes especies y con variadas y complejas infraestructuras, maquinaria e instalaciones.

Partiendo del análisis previo del proceso de producción, la experiencia de la ETSIAAB-UPM, al contar con expertos en dichos campos, se puede plasmar de diversas formas que pueden ayudar a realizar una gestión eficiente de todo el sistema.

Entre otras posibilidades está la elaboración de informes o redacción de proyectos técnicos para la mejora de las infraestructuras, de los planes de manejo y gestión de los cultivos, la ganadería y las instalaciones, el asesoramiento, control y evaluación de su puesta en práctica o incluso ofrecer cursos de formación para el personal técnico de la finca.

Por otro lado, todo esto puede servir para concurrir con mayor probabilidad de éxito a concursos de fondos de financiación para la Cooperación al Desarrollo. Hasta el momento, relación establecida hace ya unos años ha servido para la construcción de un invernadero de hortalizas que se consumen en la Ciudad y para la colaboración con la Ciudad de alumnos de la Politécnica.


• ¿En qué crees que la Ciudad de los Niños puede transformar al alumno universitario de hoy en España?

Sin ninguna duda, este tipo de experiencia de voluntariado para los alumnos de la UPM es muy interesante en todos los sentidos; de un gran valor formativo tanto técnica como, sobre todo y en especial, humanamente.

Creo que ni me equivoco mucho, ni me muestro pesimista al decir que, en muchas ocasiones, la formación universitaria se enfoca por los estudiantes de países muy acomodados social y económicamente como algo que, sin tener vocación, resulta necesario como medio para aumentar sus posibilidades de progreso profesional y material.

En la transmisión de este mensaje que se extiende de manera similar a la mayor parte de las facetas de la vida, creo que, salvo raras excepciones, todos participamos en alguna medida cuando con nuestro comportamiento fijamos los valores y actitudes que la sociedad premia con el éxito.

Sin dar ningún valor a lo bien que vivimos, dando por descontado que nos corresponde, todo nos cuesta demasiado trabajo, sólo abordamos este si nos compensa económicamente, nos concentramos en la queja y la crítica y, la mayor parte de las veces, sólo pensamos en vivir mejor, todo lo mejor que podamos.

Es decir, una visión muy centrada en uno mismo que, lógicamente, nos hace chocar con los demás, de planteamientos similares. No es extraño que todo eso nos lleve a largo plazo a la frustración personal.

El contacto con lugares y actividades como los de la Ciudad de los Niños nos permite situarnos, disfrutar y aprender de una de esas benditas excepciones en las que los alumnos que se muestran dispuestos a participar con su colaboración, ni mucho menos escasos aunque parezca contradictorio, se incluyen igualmente.

Nos permite apreciar el olvidado valor intrínseco de la generosidad y el servicio a los demás, curar las heridas y desequilibrios que nos provoca nuestro egoísmo y disfrutar del reconocimiento de nuestro yo más humano y espiritual.

Es como conocer en nosotros a otra persona más amable, mejor. Dejar nuestras ansias, servidumbres y fatigas a un lado y vivir con más paz y confianza en quien guía nuestro destino, reconducirnos interiormente y ser más independientes y dueños de nosotros mismos, relativizando los criterios impuestos por la sociedad.

Es así una especie de doctorado en desarrollo personal equilibrado que no cuesta ningún esfuerzo seguir, casi imprescindible para obtener el título de humano, de matrícula totalmente gratuita e impartido casi íntegramente de forma práctica por los mejores expertos de la academia, los frailes, los niños y las otras personas que forman parte de la Ciudad con seminarios concretos basados en el conocimiento de una sociedad, la de Costa Rica, menos opulenta que la nuestra pero, desde luego, no menos agradable ni feliz.

Tomar este curso en una etapa temprana de la vida como es la de la formación universitaria puede cambiar muy favorablemente el futuro del alumno y de la sociedad en la que viva.

Estas impresiones, por lo que hemos comentado en las múltiples conversaciones mantenidas entre ambos, son compartidas por Santiago, alumno del último curso del Grado en Ingeniería y Ciencia Agronómica.

Al mismo tiempo, su experiencia en la finca y todas las visitas a otras explotaciones comerciales o de instituciones universitarias que hemos realizado le han permitido observar, conocer, preguntar y discutir sobre una enorme diversidad de cuestiones prácticas que, hasta ahora, sólo le habían sido transmitidas teóricamente en un amplio abanico de asignaturas de su plan de estudios.

Ha redactado informes sobre las experiencias y datos que íbamos acumulando y ha participado en discusiones con su tutor para concluir sobre las posibles medidas a adoptar.

En definitiva, ha podido comprobar realmente la utilidad y necesidad de su formación científica y técnica lo que, finalmente, ha contribuido a algo también muy importante, el aumento de su vocación hacia la agricultura. Por todo ello, una actividad de este tipo es algo que yo recomendaría vivamente a cualquier estudiante.

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Accede a un amplio informe que puede verse en este enlace donde se muestran las primeras conclusiones del viaje.


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