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Una imagen de san Agustín reaviva la historia de los Agustinos Recoletos en Lodosa


Una imagen de san Agustín reaviva la historia de los Agustinos Recoletos en Lodosa
17-11-2017 España
En 1925 llegaron los Agustinos Recoletos a Lodosa (Navarra, España), donde abrieron una casa para colegio seminario. En el 2001, aunque años antes ya había cerrado sus puertas como seminario, la comunidad religiosa que atendía, entre otros ministerios, la parroquia de Lodosa, dejó completamente el pueblo navarro, que brindó a los frailes una bella despedida oficial y popular.

En los últimos años de presencia agustino-recoleta en Lodosa se trabajó por crear una fraternidad seglar agustino-recoleta en la parroquia, que, en ausencia de los religiosos, podría mantener vivo el carisma y la espiritualidad de la Orden, como de hecho ha ocurrido, pues un grupo de mujeres, corajudas y llenas de fe, a pesar de no contar con una asistencia tan asidua como otras fraternidades, ha dejado sentir su empuje con iniciativas solidarias de todo tipo, pero sobre todo sintiéndose muy unidas a los religiosos recoletos y a sus ministerios, principalmente a las misiones.

Si el 15 de julio de 2001 el Ayuntamiento de Lodosa y todo el pueblo despedía oficialmente a la Orden de Agustinos Recoletos con la celebración de una solemne misa que presidió el entonces prior provincial Miguel Miró, con un concierto en la plaza a cargo de la coral lodosana y un banquete, al poco tiempo comenzó la obra de derribo del colegio-seminario, incluida la iglesia. En una hornacina de la fachada de la iglesia había ocupado de forma destacada una imagen en cemenot armado de san Agustín que, de no haberla bajado de su sitial, habría terminado hecha pedazos entre los escombros.

Esta imagen no goza de especial valor artístico, pero mucha gente la había mirado con fe suplicante, la habían contemplado desde niños en su sede hiciera frío o calor. Para muchos era significativa en su vida y afectivamente les hablaba. Entre ellos se contaban los fraternos, es decir, los miembros de la Fraternidad seglar agustino-recoleta de Lodosa, una de los cuales libró a san Agustín, en el fragor del derribo, de terminar hecho añicos. Es Corpus Campo quien relata este episodio de “rescate” y posterior traslado de la imagen al monasterio de las monjas agustinas recoletas en Orón (Burgos).



De Lodosa a Orón

“Mi querido san Agustín durante mucho tiempo ha estado de vacaciones y ahora por fin ya está en su casa.

Cuando hace 15 años me llamo “Fita” –una fraterna– muy alarmada y me dijo:
– Corpus, desde mi casa estoy viendo cómo tiran el campanario de nuestra iglesia de los frailes”, de repente se me encendió una luz y dije:
– “¿Y nuestro san Agustín?”
– No sé –me contestó–; yo desde aquí solo veo el campanario.

Y entonces se reflejó en mi memoria algo que no vimos nadie durante los más de tres meses que estuvimos todos por allí, desalojando casa y demás.

Para mí ha sido una vivencia muy especial, ya que nadie durante tanto tiempo nos percatamos de que, en la fachada de la iglesia, encima de la puerta, en una hornacina estaba san Agustín como dándonos la bienvenida a la iglesia del colegio San José, de los Agustinos Recoletos. Yo esa visión la tengo desde niña ya que desde mi familia frecuentábamos siempre la iglesia.

Solo ante el temor de ver a nuestro santo entre los escombros me acordé de él y rápidamente llamé al alcalde para evitar el desastre. Él me dijo que no podía hacer nada, que ya el dueño era Pedro Palacios, pero que me daba su teléfono de Pamplona. Con prisa y con angustia llamé a Palacios, le pedí con pena y por favor que cesara el derrumbe y que salváramos a nuestro padre. Debí de darle tanta pena que el hombre muy amablemente me dijo:

– Tranquila, mujer, que ahora mismo llamo para que detengan la obra, pero tú te encargas de recogerlo.

El hombre se portó muy bien. Bueno, no es de extrañar ya que el padre Antonio Palacios, agustino recoleto, es su hermano y no le éramos desconocidos. Le di las gracias emocionada y llamé otra vez a mi alcalde Jesús Mari Antón, buen amigo y muy cercano a nosotros. Le dije:

Jesús Mari, la obra está detenida y tengo el permiso de Palacios para recoger nuestro santo, pero ahora tú lo tienes que sacar de la fachada y traérmelo.
– Eso está hecho –me dijo–; y en menos de una hora, en el camioncillo del ayuntamiento unos peones me lo trajeron a mi casa.

Todavía me emociono cuando lo recuerdo. Le di un montón de abrazos y le dije:

– Bienvenido; mejor si no te rescatamos de los escombros, menuda pena; si no me llego a acordar de ti, menuda faena nos haces.

Cuando le vi en el camión me dije:

– Y ahora ¿dónde lo pongo yo en un sitio digno?

Pesa mucho y no era cosa de andar de allá para acá con él. Me acordé de un bonito jardín que tiene mi hermana Corona en una casita en la que ella pasaba largas temporadas, y allí que nos fuimos en tan buena compañía.

Ni qué decir tiene la alegría de mi hermana cuando llegamos. Le hizo mucha ilusión, le preparó un sitio entre flores. Siempre estuvo bien cuidado, nunca le faltaron velas entre flores y, sobre todo, mucho cariño. Nuestros hijos y todas las nuestras le llamaban “Agus” cuando le saludaban, y siempre recibía alguna caricia.

Así iban pasando los años y por diversas circunstancias que no vienen al caso contar, mi hermana dejó de vivir en esa casa. Todos dejamos de visitar el jardín y, por lo tanto, de ver y saludar a nuestro santo.

Yo nunca lo olvidaba y rondaba por mi cabeza llevarlo un día a Marcilla (Navarra), pues no quería dejar al azar su residencia final. Pero san Agustín tenía otros planes.

El Señor quiso que conociéramos a la comunidad de monjas Agustinas Recoletas de Orón, cerca de Miranda de Ebro (Burgos) –Es otra preciosa historia que me encantaría contar, pero pienso que no me corresponde a mí hacerlo–. Bueno, pues nuestras monjitas supieron de esta historia de nuestro padre y me dijeron que les encantaría tenerlo con ellas. Ni lo dudé un momento y pensé que esa ocasión venía de Arriba y que era un hermoso lugar de residencia definitiva para nuestro padre.

Así que quedamos con la madre priora en pasar y celebrar a santa Magdalena de Nagasaki, patrona de las Fraternidades seglares agustino-recoletas, con ellas y aprovechar para llevar a san Agustín a su casa definitiva.

Partieron hacia allí monseñor Jesús Moraza, fray Alfonso Lázaro y Maribel, de Marcilla; y Alicia y Corpus, de Lodosa. Fue un día estupendo, y las monjitas felices con las fraternas, el fraile y dos obispos. Todo fueron bromas, alegrías y emociones. Me despedí de mi santo con cierta nostalgia, pero con la certeza de que se quedaba donde él quería estar.”





Doña Corpus Campo, Lodosa (Navarra, España)



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Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. Paseo de la Habana, 167. 28036 -Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Política de privacidad.
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