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Miguel Miró, prior general: “El fruto del Año de la Santidad es no conformarse con una vida mediocre,  dispuestos a dar lo mejor”


Miguel Miró, prior general: “El fruto del Año de la Santidad es no conformarse con una vida mediocre, dispuestos a dar lo mejor”
13-11-2017 Italia
Hoy es la Solemnidad de Todos los Santos de la Familia Agustino-Recoleta, extensiva a toda la familia agustiniana en el mundo. Es también el cumpleaños de Agustín de Hipona, que nació un 13 de noviembre del año 354, un joven de 1663 años. Y es la clausura del Año Agustino Recoleto de la Santidad. Hemos entrevistado al prior general, Miguel Miró, para hablar de santos, de santidad y de santificación.
Miguel, ¿qué es la santidad?

La santidad es estar unidos a Jesús y dejarse guiar por el Espíritu Santo para hacer el bien. Todos los cristianos estamos llamados a la santidad viviendo la propia vocación.

A un niño le preguntaron un día en la iglesia: ¿Qué es un santo? El niño miró hacia arriba, señaló las vidrieras y dijo:
—Un santo es aquel que deja pasar la luz con muchos colores.

Los santos manifiestan de diversos modos la presencia viva y transformadora de Cristo a través de los tiempos.

Pero la santidad en este mundo no es algo que se guarda en un cofre para que no nos lo roben, sino que es crecer en la fe y el amor; y eso los jóvenes de las Juventudes Agustino-Recoletas (JAR) lo hacen ayudándose unos a otros y compartiendo los dones que el Señor les da en el grupo y sirviendo a los necesitados.

La santidad es un camino de amor, de gracia y de servicio. Para un joven de las comunidades JAR la santidad es seguir a Jesús y vivir con alegría y coherencia el Evangelio.

La fe es siempre un encuentro con Jesús. Seguirle a él es hacer propios los valores del Evangelio y compartirlos con los demás. Si no hay una relación personal con Jesús nos quedamos simplemente en teorías e ideas muy bonitas que se explican en clase, pero que no llenan el corazón.

Para saber qué se siente cuando vas en moto, no vale con ver la moto en un escaparate, hay que montarse y correr con ella. Lo mismo ocurre con creer en Jesús; hay que estar con él y abrir el corazón, luego se descubre que la santidad es amar bien y hacer el bien a todos.

La santidad es estar unidos a Jesús y dejar que el Espíritu Santo vaya moldeando nuestra vida. Somos santos por el Bautismo que nos hace hijos de Dios y miembros de la Iglesia, pero esto hay que vivirlo cada día y para ello hay que crecer en la fe y el amor.

En esta vida somos peregrinos; los miembros de las Fraternidades Seglares Agustino-Recoletas recorren el camino en comunidad de fe, siguiendo la espiritualidad agustino-recoleta y compartiendo la misión de la Orden.

Este camino es un camino de santidad. San Agustín nos enseña a vivir el Evangelio de tal modo que todo lo que hagamos, lo hagamos por amor.

La Iglesia reconoce las virtudes de algunos hombres y mujeres que a lo largo de la historia han vivido su fe en Jesús de manera heroica y los propone como modelo, son los santos canonizados; pero hay una multitud de personas buenas que transparentan a Cristo con su vida, muchos viven entre nosotros. Son los que al tratar con ellos nos transmiten paz y viven con alegría, y dejan en nuestro interior el deseo de ser mejores.


¿Por qué declaraste este “Año de la Santidad” que hoy clausuramos?

Lo pidió el 55º Capítulo General con motivo de las celebraciones jubilares de varios santos y beatos de la Familia Agustino-Recoleta, de las que hablasteis ayer en vuestra página.

Queremos reconocer con gratitud su santidad de vida. Su testimonio nos estimula a vivir el carisma con fidelidad y creatividad, como ellos lo hicieron. A nosotros el Señor nos llama a ser santos en el mundo de hoy, no en el del pasado. Los santos son para nosotros una referencia de vida y les pedimos que intercedan al Señor por nuestras necesidades.

No podríamos haber reducido todo esto a un simple recuerdo, sino que como se indica en el logo, hemos invitado a toda la Familia agustino-recoleta a reavivar la llamada a la santidad, y hacemos partícipes de esta llamada a los fieles de nuestros ministerios y a los jóvenes y comunidades docentes de los centros educativos.

Me alegra saber que muchos grupos JAR han tenido celebraciones especiales con motivo del Año de la Santidad. Los jóvenes están llamados a la santidad. Sabemos que un santo triste, es un triste santo; las JAR nos transmiten alegría y esperanza del Evangelio.

Seguir a Jesús por el camino de la santidad es no conformarse con una vida mediocre y es estar dispuesto, con la ayuda del Señor, a dar lo mejor de sí mismo.

Jesús no nos quita nada, al contrario, nos da sus dones para que afrontemos las dificultades con fe y esperanza, como lo han hecho los santos de todos los tiempos. Nos propone encontrar la alegría y la felicidad que permanece y que procede del fondo del corazón.

Los hermanos y hermanas seglares me han manifestado en muchas ocasiones el bien que les hace la Fraternidad Seglar: se aman, se ayudan y, si hace falta, se corrigen con sencillez y confianza.

El Papa Francisco recordaba hace poco que la santidad no es poner cara de “santitos”, los santos manifiestan su amor en la entrega y servicio, en la vida cotidiana.

La alegría y esperanza que se vive en la Fraternidad Seglar repercute en las familias e incluso en las parroquias. El testimonio de los santos suscita en nuestro interior deseos de amar como amó Jesús, hasta dar la vida; que la vida es más vida si se entiende desde el amor y el servicio.

Ya lo dice san Agustín en las Confesiones: “Viva será mi vida llena de ti”.


¿Y tú que opinas?

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