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La lista de la fruta


La lista de la fruta
06-11-2017 Otros Países
Hoy, día de todos los difuntos de la Orden, nos acercamos con Pablo Panedas, agustino recoleto, a uno de los capítulos más insignes, gloriosos, ejemplares y emocionantes de la historia misionera de la Familia Agustino-Recoleta. Su relato nos recuerda a nuestros hermanos santos con su testimonio y su vida donados por Cristo.
En la imagen principal se puede ver: se trata de una lista de nombres a tres columnas; los nombres de 67 personas distribuidas por pueblos de procedencia. En muchos casos son matrimonios o familias enteras. Hay bastantes niños, cuya edad suele especificarse: “Juan, de 7 años”, “Pedro, de 5 años”…


Nombres y signos

A continuación de algunos nombres se indica lo que parece un oficio: “remero”, “casero”, “dueño de barca”… En realidad es la causa del martirio: Miguel ha sido condenado a muerte por haber sido remero de la barca en la que escapó el misionero. Y Simón era el dueño que la puso a su disposición. Martín lo había alojado en su casa. Pedro le sirvió de guía cuando tuvo que huir al monte…

La lista está escrita de puño y letra del beato Vicente de San Antonio que, detrás de cada nombre, pone una letra. Las claves las da al final: “Los que llevan una F –de “fuego”–, fueron quemados vivos”, “los que llevan una C, quiere decir “cortados”, “decapitados”.

También pone determinados signos delante de muchos nombres. Tres llevan un asterisco (*), que quiere decir “religiosos”: son los tres que profesaron como agustinos recoletos dos días antes del martirio.

Y hay otros 23 marcados con una cruz (); significa que ingresaron en la fraternidad seglar y también pertenecen a la familia agustino-recoleta. El resto, todos murieron miembros de la cofradía de Nuestra Señora de la Consolación.


Difusión viral

Vicente y sus compañeros están presos en régimen de aislamiento. La única forma de filtrar mensajes es a través de los mercaderes portugueses que les visitan sobornando a los carceleros. Ellos se encargan después de hacer llegar la correspondencia hasta Manila.

No siempre lo consiguen; por eso, de las cartas importantes los religiosos hacen varias copias y las mandan por diferentes canales.

De esta lista hay abundantes versiones; se ve que el documento es importante. Tanto el proceso de canonización abierto en Macao como el de Manila, se asientan sobre una copia de ella.

Otra ha seguido un cauce sumamente curioso: la ha trasmitido a sus superiores de Roma el jesuita Cristóbal Ferreira –sí, el jesuita apóstata que protagoniza la película Silencio, de Martín Scorsese–. Seguramente se la hizo llegar el jesuita que compartía prisión con los mártires recoletos, el japonés Antonio Ishida; pero esta también procede de Vicente.

La que tenemos a la vista está pergeñada con mimo: con trazos cuidados y un recuadrado hecho con tiralíneas. Para haber sido hecha a escondidas y sin medios, es un auténtico alarde.


Las primicias

La lista la presenta formalmente al prior provincial recoleto de Filipinas el superior de la misión japonesa, beato Francisco de Jesús. Parece claro que él ha encargado a su compañero artista elaborar esta página primorosa para presentar como se merecen “las primicias” de toda su actividad apostólica.

Llevan casi diez años de trabajo pastoral misionero escondido pero intenso, y el martirio de estos 67 cristianos es el mejor premio.

Francisco reconoce sin empacho que, en todo este tiempo de persecución y penurias, ha llegado a arrepentirse de haber venido a Japón; pero ahora –dice– “una vez que me he visto en la cárcel, y más con las primicias que nuestro Señor ha tenido a bien dar a nuestra Orden, doy ya por bien empleada mi venida a Japón”.

Francisco escribe el 26 de octubre de 1630, y el martirio ha tenido lugar casi un mes antes, el 28 de septiembre. El anuncio es escueto. Pero, al cabo de un año, en otra de sus cartas, prorrumpirá en una avalancha de exclamaciones con reminiscencias bíblicas:

¡Ay, mis santos hermanos! ¡Cómo os tengo mil envidias!
¡Ah, cuán bien os saben hoy los trabajos y muerte
padecidos por tan buen Dios y Señor,
que tan colmadamente os ha pagado
con el céntuplo del denario que ni ojo vio ni nadie puede comprender.
Decía san Pablo: “Hijos míos, mi gozo y mi corona,
que he engendrado en medio de cadenas”.
Lo mismo digo yo, aunque con diferente espíritu:
—Hijos míos y santos hermanos y padres míos.


La fruta más preciada del Japón

A partir de este momento, Francisco tendrá una única preocupación: recoger el mayor número de restos de estos santos mártires; y enviarlos, sea como sea, a Filipinas y a España.

Muy pronto podrá anunciarlo, jubiloso, en una nueva carta al prior provincial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino de la Orden de Agustinos Recoletos:

“Deseoso, padre nuestro, de que nuestra sagrada Orden de España,
sus provincias y conventos particulares participen y gocen
de la preciosa fruta que en esta tierra se coge,
he hecho la diligencia que el tirano me ha permitido
en este lugar y cárcel para que vaya a esa tierra
la [fruta] que no con pequeño trabajo y costa hemos cogido”

(8 de noviembre de 1631).


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