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Nicolás fue el santo alegre de cara luminosa: hagamos de la alegría signo visible de nuestro carisma y vocación


Nicolás fue el santo alegre de cara luminosa: hagamos de la alegría signo visible de nuestro carisma y vocación
10-09-2017 España
Protocolo oficial del prior provincial de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, Sergio Sánchez, con motivo de la celebración del santo patrón de esta Provincia de la Orden de Agustinos Recoletos. Mensaje a la Familia Agustino-Recoleta, saludo y felicitación.
El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo:
lo descubre un hombre, lo vuelve a esconder y,
lleno de alegría, vende todas sus posesiones
para comprar aquel campo. (Mt 13, 44).


Queridos hermanos, religiosos, formandos, monjas, miembros de las fraternidades seglares y jóvenes de las Juventudes Agustino-Recoletas (JAR):

Hoy, 10 de septiembre, celebramos a san Nicolás de Tolentino, patrón de nuestra provincia. Como todos los años, les envío mi saludo fraterno y un breve mensaje.


San Nicolás fue un santo alegre

Inmersos en la celebración del Año de la santidad en la Orden, tiempo en el que nossentimos en comunión espiritual con nuestroshermanos santos, quiero recordar a san Nicolás por su alegría en la viday en el desempeño de su misión.

Dentro de la amplia iconografía que tenemos de san Nicolás de Tolentino me llama particularmente la atención el óleo de Juan Barba, que está en Marcilla, por la luminosidad y alegría expresada en su rostro.

No se trata solamente de una representación artística y laudatoria. El artista refleja en la mirada y en la sonrisa del santo la experiencia espiritual de toda una vida: es la alegría de la vocación y de la santidad.

En el convento agustino de Tolentino, en Italia, ha quedado viva la huella que Nicolás dejó con su intensa vida espiritual, su afabilidad y caridad en la vida fraterna y su entrega pastoral.


Llamados a ser santos, santos alegres

Al igual que san Nicolás, nosotros somos llamados a vivir con alegría nuestra vocación. La alegría es también el programa del papa Francisco para todos los hombres y mujeres discípulos del Señor.

La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.

Las parábolas de “la perla preciosa” y del “tesoro escondido” nos dan las claves para el programa de vida cristiana; subrayan el desprendimiento y ponen el acento en la alegría del encuentro con Jesús. Se renuncia a todos los haberes porque se ha encontrado la respuesta que sacia y colma el corazón inquieto del buscador de Dios.

Vender lo que tenemos significa no guardarnos nada para nosotros mismos y poner al servicio del Reino cuanto somos y tenemos, nuestro tiempo y nuestro esfuerzo. Es en esta donación total donde encontramos el secreto de la alegría: la alegría de quien no vive para sí mismo sino que vive de Dios y para Dios. Este es el camino de la santidad.


Alegres en nuestra vocación

Contemplando el rostro luminoso de nuestro santo he recordado los rostros de los religiosos y de la gente que nos rodea en nuestros ministerios, y he encontrado semblantes que no reflejan la alegría de haber encontrado el tesoro de su vida, ni la satisfacción de la entrega en el apostolado.

La fiesta de san Nicolás puede ser la ocasión para reavivar el don recibido. Como él hemos sido llamados a vivir el “sueño de san Agustín”: tener una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios.

He pensado en los años de la juventud en los que, fascinados por Él, lo dejamos todo. Han pasado años, y seguramente quedan muchos rescoldos del fuego que un día iluminó nuestra vida.

La alegría de la vocación es un llamado, cada vez mejor comprendido y agradecido, que conforme pasan los años, se convierte en la certeza de un amor que no defrauda.

El Señor renueva el llamado todos los días cuando nos sale al encuentro y nos habla en su palabra, en la liturgia, en las personas y en los acontecimientos y nos interpela para renovar nuestra respuesta, de tal manera que cada día nos queden menos cosas que nos impidan disfrutar el tesoro y la perla preciosa del Reino.


La belleza de nuestra vocación

Nuestra vocación, el llamado que nos hace un Dios, que es Padre, a nosotros, que somos pobres criaturas, nos asombra, nos admira, nos fascina como a quien contempla el espectáculo más grandioso.

Esa admiración ante la belleza del llamado, aun en los momentos de oscuridad, nos llena el corazón de alegría y, desbordados, queremos hacer partícipes a todos de ese don del amor y la salvación recibidos de Dios en su Hijo.

Somos los amados de Dios, los enamorados del Señor, ¡cómo no vivir con alegría nuestra vocación y misión en cualquier edad! Jóvenes, vivan con entusiasmo y compromiso el llamado de Jesucristo y sean testigos del amor que han recibido y sienten en este momento en que la Iglesia les hace protagonistas del próximo sínodo.

Unámonos todos en la alegría de vivir nuestra vocación en comunidad como Orden de agustinos recoletos. Compartamos la alegría de vivir unidos nuestra vocación y carisma y seamos creadores de comunión.

Guiados por nuestro padre san Agustín y nuestro santo protector Nicolás de Tolentino, respondamos con alegre generosidad al desafío de unir nuestras provincias y comunidades: ¡vivamos la alegría de la comunión!


Contemplando al Amado

La pintura de San Nicolás, luminoso y alegre, es solo un reclamo para poner nuestra mirada en el Hijo Amado. Él es nuestra luz y nuestra alegría, especialmente en los días del cansancio ocasionado por la enfermedad y los años acumulados, en nuestra lucha y esfuerzo por la revitalización.

Alégrense siempre en el Señor; lo repito, estén alegres (Flp 4, 4).

Que la estrella que guió a nuestro santo, al final de sus días, siga brillando en nuestros corazones para recordarnos el don recibido y la alegría de entregarlo en nuestra vida.


Sergio Sánchez, agustino recoleto
Prior provincial
Provincia de San Nicolás de Tolentino
Orden de Agustinos Recoletos




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