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Curso sobre la Cristología agustiniana en el monasterio de San Ildefonso de Talavera de la Reina


Curso sobre la Cristología agustiniana en el monasterio de San Ildefonso de Talavera de la Reina
03-08-2017 España
El monasterio contemplativo de las Agustinas en Talavera de la Reina (Toledo, España), que cuenta con casi 60 monjas, fue sede del 23 al 29 de julio de un curso sobre la cristología de San Agustín impartido por el agustino recoleto Enrique Eguiarte. Fundado por san Alonso de Orozco y su hermana Francisca, este histórico monasterio es uno de los ejemplos de unión de vida contemplativa y apostolado educativo.
Del 23 al 29 de julio tuvo lugar en el monasterio contemplativo de San Ildefonso las Agustinas de Talavera de la Reina (Toledo, España) un curso sobre la cristología de san Agustín. Al curso asistieron las casi sesenta monjas de dicho monasterio.

El curso estuvo animado por el agustino recoleto Enrique A. Eguiarte, quien esa misma mañana del día 23 de julio acababa de llegar de Buenos Aires, en donde había estado dando una semana de ejercicios espirituales a los religiosos agustinos recoletos de la Vicaría de Argentina de la Provincia de Santo Tomás de Villanueva de la Orden de Agustinos Recoletos.

El curso en Talavera tuvo como punto de partida los siete “Yo soy” que, como presentación del mismo Cristo, ofrece el evangelio según san Juan. Durante las jornadas se fue desarrollando el pensamiento agustiniano en torno a la figura de Cristo, sin dejar de lado aspectos de la cristología de san Agustín como son, entre otros, el amor del obispo de Hipona por Cristo encarnado, y su prolongación de la teología de la encarnación en la vida pastoral y monacal.

Durante el curso se puso de manifiesto cómo san Agustín aprende de Cristo a “descender” hacia sus fieles y hacia sus oyentes. La figura de Cristo el “Buen Samaritano”, que bajó del cielo a la tierra para redimir a los hombres, es modelo y ejemplo de la teología y la práctica pastoral del obispo de Hipona.

Como señala Agustín de Hipona al comentar el salmo 125, Cristo abrazó al hombre caído en manos del pecado y lo subió en su cabalgadura, que el santo interpreta como la propia carne de Cristo. El ser humano es llevado a la posada (para san Agustín, la misma Iglesia), en donde convalece de las heridas de su propio pecado.

El posadero es el apóstol san Pablo, como una sinécdoque que usa san Agustín para referirse a toda la Sagrada Escritura, ya que el hombre sana de sus heridas espirituales con la ayuda de la medicina de la palabra de Dios. Las dos monedas que el Buen Samaritano deja son los dos preceptos del amor a Dios y el amor al prójimo.

El ponente señaló asimismo la importancia del texto de Juan 1,14 (Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad) dentro del pensamiento y los escritos de san Agustín.

En su obra La Ciudad de Dios, Agustín recuerda que su catequista Simpliciano le había contado que un filósofo neoplatónico que se había convertido —posiblemente se trataba de Mario Victorino—, le había dicho que en todas las iglesias de la cristiandad había que colocar con letras de oro y en el lugar más destacado las palabras “Y la Palabra se hizo carne”, pues estas palabras son el principio de la salvación.

El curso impartido en Talavera también se centró en la importancia de la figura de Cristo Mediador para Agustín de Hipona; así, en su sermón más largo, desarrolla el tema de Cristo como mediador verdadero, en contraposición con los mediadores falsos.

Terminado el curso, el ponente emprendió un nuevo viaje hacia el noviciado agustino recoleto de El Desierto de la Candelaria (Boyacá, Colombia) para impartir un curso sobre la vida monástica agustiniana.


Una comunidad joven y numerosa

El monasterio de San Ildefonso de las Agustinas en Talavera de la Reina (Toledo, España) es actualmente una de las comunidades contemplativas más jóvenes y numerosas de la gran familia agustiniana. El monasterio también regenta el Colegio Sagrados Corazones al que asisten cerca de un millar de alumnos.

En su fundación participaron Francisca de Orozco y su hermano, san Alonso de Orozco. Tras enviudar Francisca, arreglaron unas casas de propiedad familiar en 1562 para que ella se dedicase a la oración con sus amigas más cercanas. El mismo santo les dio el nombre de “Beatas de San Agustín” y unas orientaciones espirituales.

La fundación formal como monasterio de Agustinas fue el 19 de mayo de 1573, una vez conseguida la licencia eclesiástica, construida la iglesia conventual y establecida la clausura y con la ayuda de monjas profesas del monasterio de Madrigal de las Altas Torres. Alonso de Orozco apoyó al nuevo monasterio con ayudas económicas e incluso les dedicó algunos de sus escritos.

Frecuentemente los monasterios femeninos antiguos recibieron niñas para darles una formación fundamental con estudios y labores manuales. Así, casi desde el inicio, ya desde 1592 la comunidad resolvió crear un espacio dedicado a esta finalidad para un grupo de educandas de la próspera ciudad talaverana. Sus frutos fueron notorios y dejaron profunda huella en los hogares de la población.

Eso sí, hubo graves problemas en el mantenimiento no solo de las aulas, sino del monasterio en general, en 1808 (ocupación del monasterio por las tropas napoleónicas); en 1835, cuando por la desamortización pierden todas sus fincas rústicas, cultivos y piezas artísticas, aunque ellas valientemente decidieron no abandonar el monasterio; y en la Guerra Civil, en la que fueron asesinados sus dos capellanes, las monjas fueron expulsadas a casas particulares, el monasterio fue completamente saqueado y una bomba destruyó parte del edificio. A finales de 1937 pudieron volver y reconstruir la vida monacal y las infraestructuras.

Desde 1885 esta dedicación a la enseñanza se profesionalizó con la apertura de una escuela propiamente dicha para párvulos y primaria. En 1901 reciben un refuerzo de cinco monjas graduadas en Magisterio procedentes del convento de Santa María Magdalena de las Agustinas de Madrid. La escuela primaria tuvo que cerrar en 1933 por la ley gubernamental de Confesiones y Congregaciones religiosas que prohibía la enseñanza a los institutos religiosos, y en 1936-1937 por la guerra civil. Reanudaron su labor en el curso de 1937-1938.

Ya durante el siglo XX, dada la alta demanda de padres de familia, se produjo la ampliación de la enseñanza hasta el Bachillerato. En 1985 se trasladó el monasterio a un nuevo edificio del barrio El Toconal con varios pabellones independientes, el conventual y los del centro educativo. La iglesia y el coro se inauguraron en 1994. Mientras el convento conserva el titular original de San Ildefonso, el colegio se titula Sagrados Corazones y acoge alumnos de Infantil, Primaria, ESO y Bachillerato.

A raíz del Concilio Vaticano II la comunidad reflexionó profundamente sobre la conjunción de la vocación contemplativa y el apostolado educativo. En la reflexión comunitaria y diálogo fraterno llegaron a una conclusión unánime.

“Elegimos la enseñanza desde la opción comunitaria por dar al otro lo mejor de nosotras mismas, por hacerle partícipe de esta vida feliz, que es la posesión de Dios mismo, vida feliz que todos dicen buscar y que sólo unos pocos logran encontrar (san Agustín). Y nos sentimos dispensadoras de esos misterios de Dios que se engendran en la paz de Dios y se reparten en la lucha de la acción”, indican las monjas.

La educación es una de tantas formas de trabajo que tienen los monasterios de vida contemplativa. Se trata de encontrar el equilibrio constante entre trabajo y oración que permita, a su vez, la independencia económica del monasterio de forma que puedan organizarse y dedicar largos tiempos a la oración y la liturgia.

“Nuestro ideal es mantener intensamente la vida contemplativa como base para un trabajo apostólico, que se inició desde la fundación. Tenemos muy claro que el gran respaldo y base de nuestra labor reside en el cultivo de la vida interior y de la vida de comunidad. Una y otra, cada día, deben ser más hondas, más sanas, más auténticas y creativas. Pedimos todos los días esta fidelidad al proyecto primero de nuestro fundador”, indica la madre María Cecilia Gil.

La vida y misión de esta comunidad ha sido fuente de vocaciones. El 80% de las monjas son antiguas alumnas del colegio. Además, en 1989 fundaron en Chitré (Panamá) un nuevo convento filial que prospera ya con sus propias vocaciones locales.




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