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“Nuestros universitarios pueden aprender que se puede conseguir una vida plena aún con medios escasos en una región aislada como la Amazonia”
Jacinto Gil se dirige a los habitantes de Terra Solidária.


“Nuestros universitarios pueden aprender que se puede conseguir una vida plena aún con medios escasos en una región aislada como la Amazonia”
24-07-2017 Brasil
De vuelta en España tras apoyar “in situ” un gran proyecto social de agua potable y saneamiento en la barriada de Casas Comunitarias “Terra Solidária” de Lábrea (Amazonas, Brasil), el profesor ingeniero Jacinto Gil nos acerca hasta la realidad con la que él mismo se ha encontrado en su trabajo junto a los Agustinos Recoletos por llevar una vida más digna a los más desfavorecidos.
Jacinto Gil (Cheles, Badajoz, España, 1954) es doctor ingeniero agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid y máster por la Universidad de California, profesor titular en la Escuela Técnica de Ingenieros Agrónomos de Madrid y especialista en maquinaria agrícola. Ha sido autor de más de 200 escritos entre comunicaciones, artículos y libros, especialmente relativos a su especialidad y a temas culturales sobre el mundo rural extremeño.

Además de su labor docente, tiene una larga trayectoria de labor solidaria, puesto que ha puesto sus conocimientos al servicio de diversos proyectos sociales tanto educativos como productivos en El Salvador, México, Brasil, Argentina, Chile, Cuba y República del Congo.

Además, es coordinador del grupo de cooperación RISE (Red de Ingeniería Solidaria y Educativa), incluido en el catálogo de grupos de cooperación de la Universidad Politécnica de Madrid. RISE ha colaborado en proyectos de desarrollo agrícola en República del Congo, Sierra Leona, Costa Rica y República Dominicana, además de la instalación de dos invernaderos en sendos centros de atención a discapacitados psíquicos de la Comunidad de Madrid.

RISE ha colaborado con los Agustinos Recoletos en diversos proyectos, y actualmente lleva a cabo una infraestructura de agua potable y saneamiento para 103 casas que albergan familias que han dejado una situación pasada de infravivienda y ahora tienen nuevos hogares y están integrados en diversos programas sociales de prevención sanitaria y educación.

Jacinto ha pasado en Lábrea un tiempo participando de este proyecto de agua y saneamiento en Terra Solidária. A su vuelta a España, hemos querido conocer de su mano cómo ha sido esta experiencia.


¿Con qué expectativas fuiste hasta el Amazonas brasileño?

Deseaba conocer un poco del medio natural, adentrándome algún día en un tramo de selva, y hablar con algunos de los habitantes del lugar donde iba a residir para conocer sus modos de vida. La selva ha resultado ser impenetrable y difícil de alcanzar desde mi lugar de residencia. Así que este acercamiento con la cultura local se ha dado más por las continuas conversaciones con las personas con que me ha relacionado.

Me he encontrado con personas sencillas, relativamente felices, que colaboran a tope en las tareas que se les pide, ya sea profesionalmente o como favor. Son muy educados, al menos superficialmente, en su relación con los visitantes.


¿Y en cuanto al trabajo que has desarrollado, cómo te has sentido?

El trabajo estaba perfectamente definido, ya que existía un proyecto de ingeniería fruto de una visita anterior al mismo lugar. Las personas que han participado en su ejecución lo han hecho con decisión, lo que ha permitido avanzar muchísimo, y terminarán en breve los flecos que han quedado pendientes. En otros proyectos de cooperación que he intervenido hasta ahora solo se avanzaba, y despacio, durante la estancia del cooperante en el lugar de trabajo.

El proyecto de Casas Comunitarias donde estamos llevando a cabo esta intervención es utilísimo para paliar parcialmente la escasez de viviendas que hay en Lábrea, ya que su población ha aumentado fruto de la demografía y del traslado de familias que vivían en lugares apartados.

La mayoría son pobres y no pueden conseguir una vivienda digna. Las viviendas de Casas Comunitarias de los Agustinos Recoletos tienen una calidad algo mejor de la media en Lábrea y sigue habiendo demanda por conseguir alguna, a pesar de que el terreno disponible apenas permitirá construir unas pocas más. Las familias parecen estar muy satisfechas con la vivienda que ocupan.

En general, el trabajo que llevan a cabo aquí los Agustinos Recoletos me parece digno de admiración por la cantidad de actividades en favor de una amplia capa de la población y los medios materiales que han puesto a su disposición. Por cierto, quiero constatar también que la religión se vive más intensamente que en España. Las misas son mucho más animadas y a ellas asisten numerosas personas jóvenes.


¿Hablando de jóvenes, qué crees puede aportar un lugar como el Amazonas brasileño para cualquiera de tus alumnos universitarios en España?

La constatación de que existen lugares con unas condiciones muy diferentes de las nuestras para desarrollar una vida plena y, a pesar de que los medios materiales son escasos y hay un aislamiento respecto a otras localidades, las personas viven felices allí.


¿Qué te has traído personalmente del Amazonas?

He conocido algunas personas de gran valía a quienes jamás olvidaré. La posición en la escala social no tiene ninguna relación con los valores de esas personas.


La Amazonia, ¿es ese pulmón del mundo en peligro del que tanto se habla?

Desde el avión, durante el traslado desde Manaos, la capital del Estado, hasta Lábrea, se ofrece a la visión la impresión de que la selva está intacta. Solo en torno a las escasas ciudades de la Amazonia (Lábrea es una de las pocas) y a derecha e izquierda de la carretera transamazónica se ha sustituido la selva originaria por edificios o terrenos de pastos.

Ya Manaos, esa capital de la Amazonia, me ha parecido una ciudad llena de incomodidades, de la que apenas quedan vestigios del pasado esplendor en la época en que desde allí se controlaba el comercio del caucho. La sucesión de calles es casi caótica.

Al llegar en avión es una gran sorpresa encontrar una urbe tan grande después de recorrer mucha distancia de territorio ocupado solo por selva y ríos.


¿Y tú que opinas?

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