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JUEVES SANTO: Cuatro siglos de alabanza continuada al Santísimo Sacramento en el convento Corpus Christi de Murcia
Adoración del Santísimo ante el monumento


JUEVES SANTO: Cuatro siglos de alabanza continuada al Santísimo Sacramento en el convento Corpus Christi de Murcia
13-04-2017 España
En 1616 fue fundado el convento Corpus Christi de Murcia por la monja agustina descalza Mariana de San Simeón, perteneciente al convento de las agustinas descalzas de Almansa (Albacete). Desde entonces, salvo durante unos seis años a causa de la guerra civil de 1936-1939, siempre ha habido una comunidad de monjas que han tenido como dedicación fundamental la adoración del Santísimo Sacramento.
Actualmente son nueve las monjas que viven en este convento, pero hubo tiempos en que la comunidad estuvo formada por más de veinte. A pesar de la edad avanzada de varias de ellas, siguen haciendo de su vida una alabanza al Señor Sacramentado. Su priora es la hermana Fermina Pérez Fernández, murciana, que entró en el convento con 20 años y lleva ya treinta y dos de vida contemplativa. Con ella hemos mantenido una conversación para acercarnos a conocer el género de vida de un convento venido a menos últimamente en cuanto al número, pero con una rica historia humana y llena de valores espirituales.


¿Cuáles son los ejes inspiradores de su vida contemplativa?

Nos sentimos ante todo Iglesia de Dios, pero son san Agustín y san Juan de Ribera los dos santos cuya espiritualidad ha marcado a la Orden y nuestra vida en general. De aquí el nombre de “agustinas”; “descalzas”, porque así nos quiso san Juan de Ribera, nuestro fundador, quien también puso fuerte acento en el culto eucarístico.


Quizá por este último aspecto se denomine el convento “Corpus Christi”.

Simplemente se eligió este nombre para que éste fuera un lugar donde se diera culto al Santísimo Sacramento desde la salida del sol hasta el ocaso del día, como aparece en la leyenda que puede verse según se entra en la iglesia conventual. También hay que relacionarlo, por supuesto, con el espíritu fundacional de la Orden, que surgió a raíz de un sacrilegio de las sagradas formas consagradas, y luego en ese lugar se erigió el monasterio del Santo Sepulcro de Alcoy, Alicante, por expreso deseo del fundador, san Juan de Ribera.


¿Cómo vive la comunidad el jueves santo?

Principalmente en torno a la Liturgia de las Horas y celebración de la Misa de la Cena del Señor. Luego la preparación del monumento, y adoración del Santísimo al terminar la celebración, hasta bastante tarde. En silencio, respetando el espíritu de tinieblas que viviría Jesús en ese día, en esa tarde, en esa Cena; y nuestra comida son verduras, recordando las hierbas que comió el Señor en la última cena.


¿Qué tradiciones eucarísticas tienen en el monasterio?

Adoración al Santísimo Sacramento diaria, expuesto solemnemente también para la adoración de los fieles que lo deseen. Celebración muy solemne del Corpus Christi, con procesión minerva por el claustro de la iglesia. Y luego el Jueves Santo, como ya he dicho. Un detalle, pero muy significativo, es que siempre que alguien llama a la puerta o al teléfono, nuestra respuesta es: “Alabado sea el Santísimo”; si el interlocutor lo sabe, responde: “Sea por siempre bendito y alabado”.


¿Cuánto tiempo pasan ante el Santísimo a diario?

Unas cuatro horas, incluyendo la Liturgia de las Horas.


Los antiguos monasterios y conventos suelen encerrar objetos litúrgicos valiosos. Este del Corpus Christi tiene ya cuatro siglos de historia. ¿Tienen algún objeto litúrgico de carácter eucarístico con especial valor artístico?

La custodia donada al convento por el obispo Francisco de Rojas-Borja en 1680. Es una pieza de plata sobredorada, de gran tamaño y valor artístico. La conservamos en la sacristía interior del monasterio.


¿Participa el pueblo de Murcia en sus actos litúrgicos?

Sí, por supuesto. Todos los días en la santa misa, y también, como he dicho, en la adoración al Santísimo. En tiempos atrás incluso participaban en el canto de las vísperas.


En un pasado no muy lejano su trabajo manual en seda era muy cotizado por la gente. Como ahora la comunidad es reducida y en condiciones precarias, ¿cuál es su trabajo?

Por caridad, pero también por deber, un trabajo que no podemos obviar es el cuidado de las hermanas mayores y enfermas, lo cual nos impide actualmente el trabajo manual y remunerado. El deber y la caridad nos impulsa a dar prioridad al cuidado de las hermanas que nos necesitan. Por esto sólo confeccionamos escapularios, detentes del Sagrado Corazón, y evangelios bordados para bebés, según nos van encargando.


¿Algún personaje ilustre en la historia del monasterio o relacionado con ella?

La vida de las monjas agustinas descalzas es muy sencilla y sin relumbrón. Lo nuestro es la oración en sus diversas formas. Pero puestos a dar algún nombre destacado en nuestra historia haré mención de dos: de la venerable madre fundadora, Mariana de San Simeón. Su causa está en Roma, pero de momento cerrada por haber pasado años sin darle un curso, sin un seguimiento. Para abrirla de nuevo es complicado.

También es digna de mención la madre Juana de la Encarnación, siglo XVIII, escritora y mística de la Pasión del Señor. Le fue revelada la Pasión un año antes de su muerte. Escribió el Reloj Doloroso, sobre la Pasión.


Seguro que los visitantes de esta página quieren conocer a grandes rasgos la historia de este convento “Corpus Christi”. ¿Puede contárnosla de forma breve?

Este convento tiene por fundadora a la madre Mariana de San Simeón, que vino del convento de agustinas descalzas de Almansa junto con otras tres monjas del mismo convento en 1616. Salvo raras excepciones, la fundación de un convento en aquellos tiempos no iba unida a su inmediata construcción, ya que sus primeros miembros pasaban a instalarse en edificios donados o cedidos por particulares. Generalmente tenían que pasar varios años hasta conseguir los medios económicos suficientes para abordar la construcción de la iglesia y dependencias conventuales. Lo mismo ocurrió a nuestras monjas, que vivieron en una penuria extrema, hasta el punto de que la madre Mariana llegó a pensar que tal situación no era la apropiada para recibir y formar novicias.

En esta situación, nuevamente les llegó el socorro de la comunidad de Almansa -que tampoco vivía en sobreabundancia-, pero no lograron evitar que las monjas de Murcia tuvieran que cambiar varias veces de casa hasta conseguir una que reuniera las condiciones indispensables para la vida comunitaria contemplativa. O sea, que la fundación en Murcia, como en tantos otros sitios, no fue un camino de rosas.

Una vez que se instaló la comunidad en unas casas junto a la Puerta de Castilla, la madre Mariana organizó el trabajo de las monjas como lo había hecho ya en Almansa, pero si en esta población fue el trabajo de la lana, aquí, en Murcia, fue el de la seda, pues bien sabía la madre Mariana la importancia que entonces revestía para Murcia la cría del gusano de seda y la industria de la sedería. La madre Mariana llegó a montar en el convento sus propios telares y comenzaron a trabajar la seda tan primorosamente que no daban abasto a los encargos que les hacían, sobre todo en ternos con bordados preciosos de oro y plata.

Las monjas trabajaban mucho y bien en los telares de las Agustinas. Este trabajo reportó beneficios a la comunidad. Así que, no sólo se “entretenían” las monjas con estas labores, sino que este trabajo les reportaba un saludable medio de vida.

En 1624 eran ya 17 las monjas que integraban la comunidad.

La iglesia del convento, sin ser una obra grandiosa, es bella y se pudo construir con la ayuda del inquisidor don García de Ceniceros y muchas otras limosnas. Pero persistía la urgente necesidad de ampliar el convento, ya que la vida de comunidad se veía muy constreñida y requería más espacio. En este asunto se pudo contar también con una no pequeña aportación del Ayuntamiento de Murcia. La iglesia se terminó de construir en vida de la fundadora, madre Mariana, con grandes sacrificios por parte de las monjas y con limosnas de los fieles.


Pero el convento resultaba pequeño para el número de monjas, por lo que el “corregidor” de Murcia don Felipe de Porres consiguió que se le donaran algunas casas contiguas al convento. El obispo Francisco de Rojas Borja (s. XVII) también contribuyó a la ampliación del convento.

Esta es una breve historia de nuestro convento ceñida al siglo XVII, hasta que quedó formado por entero. Después los avatares de la historia de España han sido de todo signo para este convento, de modo que, sobre todo, a causa de la guerra civil española, el convento quedó deshabitado y la iglesia sirvió de todo.

En este breve corto relato, por tanto, hay una figura destacada, la madre Mariana, y la generosidad de algunos bienhechores –ricos y no tan ricos– de aquel tiempo, pero también del Ayuntamiento murciano. De todo se sirve la Providencia divina para sus planes, y Murcia tiene en esta comunidad un grupo de monjas contemplativas que han orado durante cuatrocientos años por murcianos y lo siguen haciendo.



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