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Dentro del retiro de Cuaresma, tres nuevos hermanos seglares hacen sus promesas
Fraternos en la escalera real del convento


Dentro del retiro de Cuaresma, tres nuevos hermanos seglares hacen sus promesas
10-04-2017 España
Las Fraternidades Seglares Agustino-Recoletas de la zona centro y norte de España se reunieron en el convento de Marcilla del 31 de marzo al 2 de abril para realizar juntos el retiro de cuaresma, en cuyo marco hicieron sus promesas tres nuevos seglares, pertenecientes a las fraternidades de Getafe y Lodosa.

En el retiro participaron 41 hermanos de todas las fraternidades de la zona centro y norte de España: de Marcilla, Monteagudo, Lodosa, Valladolid, Getafe, Santa Mónica y Santa Florentina –estas dos últimas son parroquias en Madrid capital–. Participaron también el presidente nacional Antonio Larios con su esposa Estrella y la formadora nacional Pepita Oliva, los tres pertenecientes a la Fraternidad de Granada. Finalmente, asistieron fray Carlos Imas, asistente de la fraternidad de Marcilla; fray Miguel Ángel Tejada, de la de Valladolid; fray José María Lorenzo, de la de Monteagudo; fray Rafael Mediavilla, vicario de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, y fray Germán Antonio Antón, asistente nacional de esta provincia y organizador del retiro.

Apenas se acomodaron en sus habitaciones los fraternos, comenzaron las actividades del retiro. Fray Germán Antonio Antón les dio la bienvenida, les invitó a participar del retiro con ilusión y a vivir con alegría la vocación recibida para vivir como seglares en la familia agustino-recoleta, y les dio una charla en que les recordó el Año de la Santidad que la Orden estaba celebrando, tema que se tendría presente durante los tres días. Después de haber cenado, hacia las diez de la noche, rezaron juntos el vía crucis en el oratorio.

El sábado la agenda estuvo cargada para aprovechar bien el día central del encuentro. Rezaron temprano las laudes y después del desayuno se expusieron los temas de la mañana. El primero, a cargo de fray Miguel Ángel Tejada, que de forma sencilla les animó a vivir la llamada a la santidad que todo cristiano recibe ya en el bautismo; en el segundo Pepita Oliva instó a vivir esta santidad siguiendo el itinerario formativo agustino-recoleto, el específico de los seglares. Ambas sesiones terminaron con trabajo en grupos para que tuvieran ocasión de compartir sus experiencias. La mañana terminó con la celebración de la misa que presidió fray Carlos Imas.

Después de la comida y un rato de descanso se juntaron en el oratorio para rezar el rosario y cantar la Salve y el Ioseph. Seguidamente visionaron la primera parte del video “Agustinos Recoletos en un mundo global”, y departieron entre todos sobre algunos de sus contenidos. También se pusieron en común las conclusiones de los trabajos en grupo de la mañana.

Al caer la tarde regresaron nuevamente al oratorio para tener un rato de adoración eucarística en silencio y rezar las primeras vísperas del domingo V de Cuaresma.

Acabada la cena, se trasladaron a una amplia sala para disfrutar de una velada animada por cantos, chistes, y cuentos, acompañada de refrescos y con degustación de abundantes pastas de los diferentes lugares de procedencia de los participantes.

Hacia la media noche se retiraron a descansar porque al día siguiente les esperaba otra jornada intensa.

El día del Señor comenzó con el canto de felicitación a los fraternos que iban a hacer las promesas en la Eucaristía de clausura. Por los pasillos de las habitaciones se hizo oír el canto “Hoy es día muy grande en tu vida”, añadiendo unas estrofas de propia inspiración que recalcaban el acontecimiento que iban a vivir.

Después de rezar Laudes y desayunar un buen chocolate pasaron a la iglesia conventual para ensayar la ceremonia de las promesas y los cantos de la misa.

Seguidamente, fray Rafael Mediavilla, dirigió el último tema del Encuentro y les motivó a vivir la santidad desde la llamada universal a la que todos los cristianos están invitados.

Hubo un espacio de tiempo para que Antonio Larios y Pepita Oliva se reunieran con los presidentes de las fraternidades del norte y les propusieran algunos puntos para las reuniones de formación.

Algunos hermanos, durante este rato, pudieron visitar el museo conventual bajo la amena guía de fray Alfonso Lázaro.

A las doce del mediodía sonaba el primer toque de campanas que anunciaban la habitual misa dominical y que en esta ocasión tendría un matiz especial, ya que además de clausurar el encuentro, harían las promesas en la familia agustino-recoleta seglar tres nuevos hermanos: Cristina Alonso Marrodán, de la Fraternidad Nuestra Señora de las Angustias de Lodosa, Navarra; y Emilio Muñoz Morales y Saturnina Paniagua Casado, de la Fraternidad Nuestra Señora de Buenavista de Getafe, Madrid. 

Puntualmente comenzaba la celebración con la procesión de entrada que encabezaba el estandarte con la imagen de Nuestra Señora de la Consolación de la Tercera Orden Secular de Marcilla, que portaba su presidenta Celia. Detrás iban en procesión los tres hermanos, que harían sus promesas, y a continuación los concelebrantes de la misa presididos por el vicario Rafael Mediavilla.

Después de la lectura del Evangelio, los candidatos a las promesas pidieron juntos la admisión a la fraternidad. Todos asintieron cantando: “Te damos gracias, Señor”. Acabada la homilía, fray Germán Antonio Antón fue llamando a los candidatos, que dieron un paso al frente decididos a seguir al Señor. Uno a uno fue leyendo su fórmula de promesas escrita de su puño y letra e iban pasando a firmarlas en el altar. Rafael Mediavilla, en nombre del prior general, los recibió como agustinos recoletos seglares, los declaró miembros de sus respectivas fraternidades e hijos de la familia recoleta.

Corpus y Miguel, presidentes de las fraternidades de Lodosa y Getafe respectivamente, entregaron la regla de vida y la insignia a los nuevos hermanos. Todos los fraternos presentes hicieron un gran círculo al pie del presbiterio para dar el abrazo de bienvenida a los nuevos hermanos mientras se cantaba con fuerza el “Ved qué dulzura, qué delicia”. Un caluroso aplauso y la entrega de una rosa roja a cada nuevo hermano culminó el rito.

La misa continuó como de costumbre y al final de ella se entonó el himno a Nuestra Madre de la Consolación mientras todos los presentes se colocaban en las gradas del presbiterio para la fotografía oficial.

Por último, degustaron la comida compartida también con algunos familiares y amigos llegados en este día.

Los fraternos agradecen la acogida de la comunidad religiosa y su presencia en todas las comidas, así como en la fiesta de la noche del sábado. Del mismo modo agradecen a los religiosos el servicio prestado en el comedor y en otras estancias, así como su participación en las confesiones y eucaristías.




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