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Historias del CARDI – Nuevos testimonios (video): “Lo que se hace en CARDI no se encuentra en ningún otro lugar de México”


Historias del CARDI – Nuevos testimonios (video): “Lo que se hace en CARDI no se encuentra en ningún otro lugar de México”
06-04-2017 México
Ana Irma, María Lourdes, María Nieves, Mario, Milton, Rafael, María Elena y Tere son algunos de los beneficiarios del CARDI, el centro sociosanitario de los Agustinos Recoletos en la Ciudad de México. Nos cuentan con sus palabras breves y directas las dificultades concretas que han debido de superar en sus vidas y el apoyo que han recibido del proyecto.


Ana Irma tiene una hija con un quiste en el Hospital Infantil Federico Gómez de la Ciudad de México desde hace más de un año. Valora especialmente las posibilidades que le ha brindado CARDI para poder llevar una vida cotidiana digna sin gastar mucho dinero: lavado de ropa, comida, aseo… Pero especialmente se ha sentido escuchada y le ha agradado el trato de amabilidad de los voluntarios de la institución. “Son ángeles que Dios nos pone en el camino para que nos ayuden, porque no cualquiera, más bien pocas instituciones, hacen esto, nos tratan como si fuéramos parte de su familia aunque ni nos conocíamos previamente”.

María Lourdes, procedente de Tabasco, tiene cáncer de mama. En el Hospital General, donde está siendo tratada, le recomendaron el CARDI. “Es maravilloso, te ofrecen un café, un pan, comida, descanso, duchas, lavado de ropa, me han dado medicamentos que yo no podía pagar y las personas son lindas y amables”. Valora especialmente las posibilidades de alimentación, dado que en la Ciudad de México es muy caro para quien viene de fuera. “Me han llevado de la mano, me han dado orientación y apoyo emocional con el cáncer, y a la fecha estoy contenta: estoy para terminar el tratamiento y la ayuda emocional ha sido magnífica: he liberado mucho estrés, he aprendido a enfrentarme al cáncer, ocupando el tiempo siempre en cuestiones positivas. Y todo sin cobrarme ni un peso, porque no tendría para pagar nada de esto”.

María Nieves procede de Hidalgo y atiende a su nieto, que pasa por una serie de tratamientos y quimioterapias “muy fuertes”. Actualmente se encuentra alegre y con esperanza gracias al apoyo que le han ofrecido en CARDI. Después de año y medio de tratamientos en su lugar de origen, el niño ha estado seis semanas en Ciudad de México. “Dios me tiene que dar más ánimos para sacar mi niño adelante. Los voluntarios nos sacan adelante para darnos una alegría y que nunca nos vayamos abajo”.

Mario es de un pequeño pueblo de Morelos y es jornalero rural. Tiene un tumor y lleva más de seis meses tratándose en la Ciudad de México. Echa de menos su lugar de origen, pero sabe que ahora “el hospital es mi hogar”. Se apoya especialmente en CARDI para la alimentación suya y de los familiares que les acompañan, en este caso su esposa: “comer en la Ciudad de México es recaro”. En CARDI y con sus profesionales “se ve la misericordia de Dios”, dice emocionado.

Milton Francisco pasa por un tratamiento de hemodiálisis porque tiene insuficiencia renal crónica de quinta etapa: martes y jueves pasa tres horas conectado a la máquina y espera un órgano de trasplante. En CARDI, desde hace seis años, recibe medicamentos y alimentación, así como aprovecha el área de descanso y dialoga con las terapeutas del área de tanatología.

Rafael tiene a su hijo Miguel Ángel internado en el hospital con una leucemia desde hace tres años y dos meses: pasa un mes internado y luego tiene quince días de descanso en el hogar, y de nuevo empieza el proceso. Conoció CARDI a través de otros enfermos y lleva dos años y medio acudiendo al Centro para alimentarse, asearse, lavar la ropa puesto que todo ello supone un gran gasto fuera. “Me encuentro como en casa: tengo cariño, comprensión, y estoy muy agradecido. Nos miman, nos dan ternura, comprenden nuestra necesidad, he visto como se preocupan para atendernos y aún visitar los hospitales. Desde aquí están ganando el Cielo”.

María Elena es de Tlaxcala y ha pasado por varias cirugías graves, llegó a estar medio año en coma. Comenzó su tratamiento en el Hospital Infantil hasta que cumplió la mayoría de edad y la pasaron al Hospital General. Teresa es su madre y acompañante y conoce el CARDI desde hace más de 10 años. Conoció incluso las instalaciones anteriores, donde ya recibía alimentación y ayuda del dispensario. Elena dice que cuando conoció CARDI tuvo miedo, era pequeña, pero “luego no, fueron amables, apoyaron a mi mamá en todo cuando yo estaba internada, en medicamentos. Ahora venimos a descansar y participé incluso en la colocación de la primera piedra y luego vino el nuevo edificio”. Y completa Teresa: “Hasta el día de hoy nunca he visto a una voluntaria de mal genio, son pacientes, nos explican todo, siempre nos han tratado bien. Nos reciben con una sonrisa y un abrazo”. Dice, emocionada: “Esto es lo que necesitamos, especialmente quienes venimos de provincias, ojalá hubiera centros así en todas partes”.


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