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[Serie mes agustiniano y vocacional • 4] — Paulina: “Fue una amiga quien, como suelo decir, me misionó durante un año para convencerme a ser JAR”


[Serie mes agustiniano y vocacional • 4] — Paulina: “Fue una amiga quien, como suelo decir, me misionó durante un año para convencerme a ser JAR”
12-04-2017 Otros Países
La cuarta entrega sobre las JAR nos lleva hasta la ciudad argentina de Santa Fe, de la mano de Paulina, de 22 años de edad. Llegó a las JAR cuando ya era universitaria y ahora es la coordinadora de otro grupo de 17 jóvenes que inician su itinerario en el movimiento juvenil de la Familia Agustino-Recoleta.
Mi nombre es Paulina Inés Álvarez, nací el 12 de octubre de 1994 en la ciudad de Santa Fe (Argentina) y tengo 22 años. Vivo con mi madre, mi padre, mi hermana y mi hermano, y ninguno de ellos forma parte de una parroquia o movimiento. Yo misma hasta el año 2014 solo había hecho las catequesis sacramentales en mi parroquia de San José de los Agustinos Recoletos y había también dejado de practicar la religión.

Terminé la primaria en la Escuela N°7 Presidente Beleno en el 2007, hice la secundaria en el Colegio Nuestra Señora del Calvario hasta el 2012 y actualmente estoy cursando el quinto año de Licenciatura en Comunicación social en la facultad de ciencias de la educación (Paraná), Universidad Nacional de Entre Ríos.

Participé en el Retiro Casiciaco número 47 en mayo de 2014, a raíz del cual se formó mi comunidad JAR, llamada Caná. Mi manera de llegar al retiro fue rara; como he indicado no tengo una familia practicante, desde que terminé la catequesis sacramental no había pisado la parroquia o ido a misa los domingos, salvo las misas de mi colegio.

Durante la Secundaria no tenía mucho interés; me contaban o sabía de los retiros y los grupos por el hecho de que algunas personas de mi curso lo habían hecho y también porque vivo en la zona de la iglesia.

Pero cuando empecé el primer año de la facultad me hice muy amiga de una chica de las JAR y fue ella quien me empezó a mostrar cómo era, me enseñó muchas cosas. Así, como yo digo, “me misionó” todo un año hasta que en 2014 hice mi Retiro Casiciaco.

Desde ese momento no me alejé más. Personalmente hice un cambio, porque no me había dado cuenta de mi realidad, de mis miedos o problemas hasta que empecé a amarme a mí misma. Y creo que fue eso lo que me llevó a participar de la JAR, tener una incertidumbre sobre mí misma.

Actualmente vivo feliz por tener fe en alguien que está por encima de nosotros, nos ama y cuida, que nos alienta. Muchas veces pensamos que estamos solos, pero tenemos que recordar que Alguien nos tiene en sus manos.

La JAR me dio muchas cosas y responde a mis aspiraciones; gracias a todos los que forman parte conocí un amor más grande del que pensaba. No todos tienen la vocación de vivir en comunidad; pero en mi caso, estoy segura de que sin mis hermanos no podría mantener la fe o el entusiasmo que me genera ser católica.

Lo que más me atrae hoy de JAR Santa Fe es el servicio, las ganas que tienen algunos de compartir y hacer notar que hay un Dios y que Él te ama. Obviamente de todos no lo percibo, pero en la mayoría sí y para mí eso es lo que todavía sigue llamando a más jóvenes a vivir la locura de ser discípulo de Dios.

Sé que todavía tengo mucho por aprender, conocerme y superarme. Por el momento no sé y estoy esperando a saber qué es lo que Dios quiere para mí; pero por ahora creo que es seguir aprendiendo y superándome día a día. Actualmente soy coordinadora de una precomunidad y guío a 17 jóvenes que ya hicieron su propio Retiro Casiciaco para formar comunidad.

Muchos de los jóvenes tienen problemas personales, familiares, sociales, familias rotas, escarceos con las drogas, etc. Y creo que la única manera de solucionar o ayudar es combinarlos con otras realidades y que vean lo que es el mundo, desde la Fe hasta llevarlos a misionar. Es lo que a mí me moviliza, me gusta tener contacto con jóvenes y saber lo que les sucede y ayudarlos. Mi idea es seguir participando para que no bajen los brazos y conozcan que ellos mismos y con la ayuda de la Fe pueden solucionar sus conflictos.

JAR Santa Fe tiene, como toda realidad humana, sus cosas muy buenas como malas. Es un grupo muy grande y me siento orgullosa de que haya tantos jóvenes locos por querer participar. Particularmente me siento muy cómoda y me gusta participar de las diferentes actividades.

Mi única crítica sería la falta de compromiso para las actividades que no sean retiros, misas o festejos, es decir, que aún falta asistencia para las misiones y las reuniones. Pero tengo entendido que no sucede solamente en este ambiente, sino que en todos, porque lo vivo en otros espacios.

También creo que aún hay una visión de Iglesia Universal reducida, aunque muchos jóvenes siguen intentando o tratan de formar parte para vivir su fe en conjunto y no sentirse solos en esta sociedad. En este sentido, a propósito del Sínodo, me parece bien que se realicen encuestas para que nos sintamos más JAR, saber que otros nos escuchan, no solo en nuestras parroquias. Propondría que se haga además algo más cálido, mediante videollamadas, para que se conozcan nuestras caras y nosotros las de los demás. Es una manera de saber quiénes están más allá de una encuesta, computadora, imagen, hasta ciudad.

Tengo muchos sueños, respecto a la sociedad en la que vivo espero más respeto y compañerismo; lo veo difícil, pero tengo esperanzas de que a poco se logre. Creo que formar parte de la JAR hace que de lo poco hagas cosas grandes, porque actúan todos en conjunto; así se puede alcanzar, o al menos intentarlo, los propios deseos, como también cumplir los de los otros.

Los dos valores que me ayudan y me van a ayudar a cumplir mis sueños son la fe y el esfuerzo. La JAR de hoy no se logró de un día para el otro. Y desde mi propia experiencia, con los chicos que coordino, sin esfuerzo ni fe no se logra que puedan amar, querer y desear formar una comunidad.

Me gustaría tener mi comunidad por mucho tiempo y compartir entre hermanos todos los momentos de la vida. Me encanta ver padres en comunidades con sus hijos, participando de retiros o misas; acompañándose y permitiéndose tener una reunión y centrarse en Dios aunque sea por unos momentos.

Por eso pido a la Familia Agustino-Recoleta que nunca deje de insistir, Dios no se cansó ni se cansa de tocar la puerta de nadie. A veces los jóvenes podemos ser un poco tercos o chinchudos, pero al fin y al cabo terminamos cediendo y somos capaces de cambiar con la ayuda de personas sabias.

La Familia OAR debe ser más capaz de presencia, de compartir conocimientos e intereses. Muchos jóvenes sufrimos de soledad o inseguridades y solamente nos importa saber que hay otros que se preocupan por mí y creen en mí.

A los jóvenes que todavía no se animaron a ser JAR les animo a que no tengan miedo: hay que conocer algo para saber si me gusta o no. Que tengan fe en sí mismos y en los demás. Sin el esfuerzo y la perseverancia no se logra nada, tenemos que ser vivos y audaces.

La vida en comunidad, desde mi punto de vista, te lleva a momentos que nunca se olvidan, especialmente por tener al lado personas que están en la misma situación que vos y que te ayudan en cada instancia a ser mejor. Si la oración es uno de nuestros mejores regalos y poderes, imagina la fuerza que tiene cuando es en comunidad.


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