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[Serie mes agustiniano y vocacional • 2] — Carlos Davi: “Jóvenes de todo el mundo nos entendemos y hablamos un mismo lenguaje de amor”


[Serie mes agustiniano y vocacional • 2] — Carlos Davi: “Jóvenes de todo el mundo nos entendemos y hablamos un mismo lenguaje de amor”
05-04-2017 Brasil
En el segundo testimonio personal sobre las Juventudes Agustino-Recoletas (JAR) para este mes agustiniano y vocacional, queremos escuchar a Carlos Davi, de 21 años, natural de Manaos (Amazonas, Brasil) y miembro de las JAR en un proceso que dura ya siete años.
Me llamo Carlos Davi, tengo 21 años y soy universitario, estudio el tercero de los cuatro años y medio de Lengua portuguesa: ya falta poco para acabar. Tengo una familia grande, lo que me parece muy bueno, puesto que tengo cinco hermanos, y yo soy el mayor. Cuatro seguimos viviendo con nuestros padres.

Yo estoy en las JAR desde que comenzaron en mi ciudad. No puedo decir una fecha exacta, porque varias fechas marcan el comienzo de las JAR en Manaos. Por ejemplo, en 2010 surgió la primera idea; en 2011 comenzamos a reunirnos; el 10 de febrero del 2012 fue el primer encuentro público, en el que estuve junto con algunos amigos que podríamos llamar los fundadores. Son ya siete años de trayectoria.

Cuando me presentaron la propuesta de participar en las JAR, me gustó la ida. Mis amigos y yo estábamos sin un grupo donde participar, pero deseosos de hacer algo. Fuimos seducidos por la propuesta de participar en la JMJ de Río 2013. Y después de vivirla, de ver y sentir lo que era ser JAR, no teníamos cómo no enamorarnos del estilo de ser de san Agustín.

Cuando conocimos otros jóvenes que tenían un corazón inquieto; tras percibir y reconocer aquella alegría y, al mismo tiempo, aquel recogimiento; tras ver los ojos, la expresión, la sonrisa, la convivencia aún con varias lenguas diferentes pero que sabían comunicarse como una sola, nos dimos cuenta del amor de Cristo ahí presente, que cada uno vivía a su estilo, en su idioma, pero, aun así, a una sola voz.

Fue especial para mí la forma como san Agustín regala su vivencia de Cristo, era imposible no identificarme y enamorarme de eso. Creo que es con lo que mejor me he identificado, por encima de cualquier otra cosa o vivencia en mi vida.

Las JAR me completan además en el servicio a la Iglesia, porque abrazan todas las áreas en las que puedo actuar. Esto me exige conocerme a mí mismo, estar próximo de mis hermanos, exige que yo esté próximo de Cristo, Él también presente en mí y en los hermanos; y como un círculo que se cierra, eso me hace ver mejor el amor de Él, más presente y vivo en la eucaristía, en cada gesto y en cada momento, por más simple que sea, en lo cotidiano. Es el gran milagro de la presencia continuada de Jesús en mi vida.

Ese modo recoleto es la forma como me gusta vivir y ser cristiano; estar con aquellos que comparten ese amor por Cristo en determinado momento, y poco después sentir que tengo a Cristo dentro de mí, sólo conmigo, en mi recogimiento interior.

Lo que me atrae más creo que es lo más desafiante también, el silencio. Al mismo tiempo me agrada y a la vez me incomoda, porque yo necesito de momentos de silencio. Vivimos una rutina extremadamente ocupada, llena de cosas y de ruido. Llega un momento en que sólo quiero un momento de paz y de silencio para escuchar mis propios pensamientos y a Cristo hablando en esos pensamientos. Pero reconozco, a su vez, que me es difícil desconectarme de todo y dejar el silencio entrar y oír a Cristo hablar. Es al mismo tiempo desafiante y encantador.


Colaborar con la Iglesia

Como dije en mis promesas JAR, estoy dispuesto a todo lo que la Iglesia necesite. Específicamente colaboro en el grupo de música de la liturgia de mi parroquia. Ofrezco mis oraciones como todo cristiano, pienso siempre en cómo puedo ser mejor para los demás, cuánto tengo para ofrecer y al mismo tiempo mostrar cuánto Dios es generoso conmigo y cuánto Él quiere que yo sea generoso con los otros.

Ninguna parroquia es perfecta, siempre hay personas chismosas, intrigas, pero también buenas personas, que saben acogerte, y es eso lo que yo intento ver. No todo es perfecto, pero siempre hay algo bueno en todo y en todos. Me sentiré acogido siempre que yo me deje acoger. Y me gusta pensar que siempre puedo seguir adelante, por más que me incomode una u otra situación, porque mi sentido del deber y mi deseo de hacer el bien es siempre mayor.


Sínodo para y por los jóvenes

La situación de la juventud en la Iglesia y, especialmente, la reflexión sobre la vocación es un tema que me martillea la cabeza. La vocación es una cosa seria, es tu vida en juego. Algunos amigos míos ya pasaron por una reflexión vocacional y creo que están por delante de mí. Ellos me sirven de inspiración para buscar, para discernir mi vocación, sea cual sea.

Respecto a mi responsabilidad con los demás, creo que mi voz podrá ser oída principalmente por mis acciones. Como miembro de las JAR tengo la influencia de mis hermanos de comunidad y, como equipo, nuestra voz es más fuerte que sólo la mía. De ahí la importancia de saber cómo mi comunidad encara la vocación, cómo pasamos a informarnos y enriquecernos sobre lo que es cada vocación.


Animarse y animar a otros

A veces no es muy fácil seguir en este camino, el camino que san Agustín pide, el camino que Cristo pide. Sé de algunos grupos JAR que no están caminando muy bien, por eso les deseo mucha fuerza, que perseveren porque es un bello camino.

Exige mucho trabajo, pero vale mucho la pena. La satisfacción de estar caminando con Cristo y con los hermanos no tiene precio; viene de saber que, tras cada caída, tendrás varias manos ayudándote a levantarte; que en cada paso que das son varias las piernas que caminan contigo; y que, por más que sean tan diferentes, son el mismo corazón inquieto que camina junto a ti siempre en la dirección de Cristo.

Es maravilloso saber que tantos otros corazones en el mundo todo tienen ese mismo interés. Por eso les digo que sean firmes, tengan fe, caminen. Sean hijos verdaderos de la Santa Iglesia, sigan su doctrina, su palabra, su tradición que son la mayor fuerza que tenemos. Intenten tener sus momentos de silencio, reconozcan a Cristo, el compartir, el amor. Vean cuánto su propio ser es bonito y cuánto el Cristo que habita en ustedes es lindo. Permítanse tocar por ese amor, permítanse ver cuánto ustedes son amados.






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