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Una beneficiaria de Cardi: “No conocía a nadie, estaba sola y sin dinero; hasta que encontré a personas que me ayudaron aún sin conocerme durante esos 47 días”


Una beneficiaria de Cardi: “No conocía a nadie, estaba sola y sin dinero; hasta que encontré a personas que me ayudaron aún sin conocerme durante esos 47 días”
18-01-2015 México
Silvia Olos vio en unos pocos días cómo su vida se derrumbaba tras un accidente laboral de su marido. En la gran ciudad de México, y en medio de la incertidumbre sobre la salud del esposo, tuvo que soportar la soledad y la falta absoluta de bienes. Hasta que… Ella misma lo cuenta.
Mi nombre es Silvia Olos. Todo empezó el domingo 19 de octubre del 2014, cuando mi esposo, al llegar a casa, me comenta que se había lesionado con un destornillador en la mano izquierda. Primero se había ido poniendo morada y luego negra; lo llevé al centro médico de mi pueblo, donde encontré mucha negligencia médica, y una mala atención.

A cada minuto la infección empeoraba y su condición se agravaba porque mi esposo es diabético. Los médicos comenzaron a considerar la amputación del brazo y yo sentía que me desmoronaba ante esta situación.

Por la noche supliqué al médico en turno que me ayudara, y gracias a él mi esposo fue trasladado al Hospital General de México, pues en el centro médico de mi pueblo no podía hacerse más; sin pensarlo dejé todo y viajé con mi esposo hacia la Ciudad de México.

Al llegar fuimos recibidos en urgencias y a la mañana siguiente fue llevado a planta. Yo no conocía a nadie, estaba sola y sin dinero, y después de algunos días ya no sabía qué hacer.

Hasta que en un momento, mediante ciertas conversaciones, las personas me hablan de dónde me pueden dar ayuda para que pudiera comer, descansar, asearme. Y así es como llegué hasta CARDI.

Allí me sentí como en casa. Encontrarse personas que, sin conocerte, te dan ayuda, implica que no haya palabras para agradecer lo que hacen por mí; y después de 47 días no me ha faltado alimento ni apoyo de parte de este maravilloso proyecto.

Dios es tan grande que me ha permitido cuidar a mi esposo todos los días, sin importarme el cansancio. Su recuperación ha sido lenta y dolorosa; hubo momentos muy difíciles, pero la infección ya ha cedido, y sólo estamos esperando a que el injerto de piel que recibió sea tolerado por su cuerpo y los médicos lo den de alta.

Estoy agradecida con CARDI. Que Dios los bendiga. Como experiencia personal, me ha servido para aprender de esa humildad y ayudar más a los que nos necesitan.


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