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“Los números, en nuestro caso, tenían rostro”, afirma José Luis Garayoa, al referirse a los fallecidos a causa del ébola


“Los números, en nuestro caso, tenían rostro”, afirma José Luis Garayoa, al referirse a los fallecidos a causa del ébola
09-01-2015 Otros Países
José Luis Garayoa y René González, agustinos recoletos misioneros en Sierra Leona, dejan este país el día 11 de diciembre y regresan a España, donde cumplen el protocolo establecido por la OMS de estar bajo control durante 21 días antes de llevar una vida “en libertad” sanitaria. Ambos son testigos directos de los estragos que el ébola está dejando en el pueblo sierraleonés.

José Luis, al que llaman los nativos Grandpa, ha estado en Kamabai unos diez años; René González, natural de Olmedo (Valladolid, España) lleva más de cuatro años en este país africano, en Kamalo, hasta recientemente. Ninguno de los dos vuelve a Sierra Leona; son los agustinos recoletos filipinos de la provincia de San Ezequiel Moreno los responsables de esta misión. Es a José Luis, buen conocedor de la idiosincrasia del pueblo sierraleonés, a quien se le hace la siguiente interesante entrevista.


José Luis, ¿te debiste de sentir un poco héroe con tanta entrevista en los medios de comunicación social: radio, TV, llamadas telefónicas…?


Quien me conoce sabe perfectamente que no soy un héroe. Tampoco un santo. Simplemente intento ser un poquito coherente con la función de pastor cuidando a las ovejas que me fueron encomendadas. No podría vivir tranquilo sabiendo que cuando vi venir al lobo las hubiera dejado abandonadas. Y es que me conocen y las conozco por nombre y apellido. “Si tú te vas, ¿qué esperanza nos queda?”,me decía un viejecito musulmán. No es fácil, porque el miedo está ahí, tentándote para que corras y te pongas a salvo. Luego, es Dios quien te da las fuerzas para seguir. Bueno, Dios y tanta persona buena que reza por ti.

Contesté a todos los medios sin excepción a sabiendas de que mis respuestas iban a ser analizadas con lupa. Recuerdo que llegué de una aldea de poner en aislamiento preventivo a una familia con un número incontable de niños sucios, descalzos y sonrientes. Venía hundido y lloroso y la respuesta al entrevistador me salió espontánea: ya quisiera yo para mis niños el mismo eco mediático que tiene la mascota de Teresa Romero”. Me crucificaron con comentarios acusándome casi de bendecir el sacrificio del perro. Y nunca fue mi intención herir a nadie. Simplemente, entre los niños y los perros, mi opción era clara. Pero el atender a la prensa tiene sus consecuencias y hay que asumirlas con naturalidad. Dicen que uno es señor de lo que calla y esclavo de lo que dice, pero callar a veces sin denunciar la injusticia es un pecado. Lo cierto es que estamos mucho más tranquilos cuando no aparecemos en los medios de comunicación, y nunca nadie de la misión ha buscado protagonismo mediático. Aunque también debo decir que gracias a la prensa personas de buen corazón se han implicado ayudando a mi pueblo.


¿Cómo has vivido el grave problema del ébola teniéndolo tan cerca?

Lo primero que hice es informarme perfectamente de cómo se transmitía el virus y de qué forma podíamos cuidarnos del contagio. A partir de ahí traté de colaborar todo lo posible dando información en las aldeas e intentando hacerles entender algo tan simple como que el ébola era real. El miedo y la ignorancia eran las causas principales de que el virus se extendiese por Sierra Leona como fuego por rastrojo. Nadie quiere morir solo, tampoco nuestra gente. Y la experiencia les decía que cuando los del traje amarillo se llevaban a alguien en la ambulancia, nunca más volvían a verlo. Ni podían enterrarlo con respeto. Entonces, si alguien se ponía enfermo era la familia quien lo escondía y trataba de llevarlo a aldeas lejanas para que algún brujo hechicero lo curase con medicina tradicional. Procuré que el miedo natural no se convirtiese en el mejor aliado del virus.

Lo cierto es que sin mi compañero René me hubiese sido imposible aguantar tanto tiempo porque el cansancio físico, y psíquico sobre todo, era terrible.

Sinceramente, creo que, a pesar de ser solo dos religiosos, nunca antes había sentido tanto “la comunidad”. Luchábamos, llorábamos y rezábamos juntos. Nunca nos permitimos hundirnos los dos al mismo tiempo, y en los peores momentos el más fuerte tiraba del débil. Unas veces era yo el que tiraba del carro, y otras era René.


¿Cuál es la real situación de esta pandemia en el territorio de Kamabai-Kamalo en donde te movías en tu quehacer misionero -porque tú te sentiste siempre un misionero y católico-?

En la aldea de Kamabai no hemos tenido ningún caso confirmado, pero al ser la aldea mayor de la zona, UNICEF montó en el cruce con Kamabengbeh un holding center (centro de acogida) para casos sospechosos.

El problema serio lo tenía en aldeas más distantes: Kabakeh, Mahera, Kamasikie, Kamadanthili, Kamakita… En todos los casos, el contagio lo había provocado alguien originario de la aldea que viajaba desde Freetown, capital de Sierra Leona, buscando ayuda. No es fácil organizar la cuarentena de una familia. Necesita agua, arroz, aceite, jabón… Y los propios habitantes de la aldea tienden a estigmatizarlos por miedo al contagio. Intento explicarles que si no pueden ir al pozo a proveerse de agua, alguien tendrá que traérsela para cocinar y asearse. Naturalmente, la zona de aislamiento no es el hospital Carlos III de Madrid, ni hay comida gratis. Vivir en aislamiento se reduce a permanecer debajo del mango a pesar de ser  tiempo de lluvia. Y ¿quién le dice a un niño que no se mueva durante veintiún días y que no juegue con sus amiguitos? ¿O que no se te tire al cuello gritando ¡Grandpa!? Luego te enteras que Ibrahim, un niño con una sonrisa esplendorosa ha muerto, y te duele el alma. No hay control de fiebre. Simplemente te mueres o no te mueres. Hay quien te dice: Grandpa, ¿quieres que me quede aquí sin hacer nada? ¿Esperando la muerte sin más?”. Y le tienes que decir que sí. Y os prometo que no es fácil porque los amas. Respiras profundamente, y te vuelves a casa con el corazón encogido.

A René le llamaron de Kamalo para comunicarle que en las casas enfrente de la misión se habían dado once casos positivos. Fue volando. Me llamó desconsolado contándome que habían ido ambulancias para llevarse a treinta personas sospechosos de ébola. Y tuvieron suerte porque el ministro de finanzas es originario de la aldea y usó su influencia para lograrlas. Conseguir una ambulancia no es tarea fácil. Volvió a casa destrozado interiormente. Nos dimos un abrazo llorando. No teníamos ganas de rezar, pero nos habíamos propuesto hacerlo a pesar de no entender lo que estaba pasando. Y es que para nosotros los muertos por ébola no son un número más para engrosar las estadísticas. Son personas con las que hemos compartido la vida. Los números, en nuestro caso, tenían rostro.

Y ahora te respondo a eso de “tú te sentiste siempre un misionero y católico”. No somos doctores, ni enfermeros… No somos miembros de una ONG. Somos simplemente misioneros que intentan estar cerca del hermano que sufre desde nuestra fe en Jesús de Nazareth que vino a salvarnos. Y, por supuesto, somos católicos con toda la riqueza que su etimología encierra. Católico es una palabra de raíz griega que significa universal, como universal fue la salvación de Jesús. Por eso en el corazón de un auténtico católico entran todos, especial y preferentemente los pobres.


¿Crees que el ébola podrá a corto plazo controlarse en Sierra Leona? ¿Hay datos fidedignos de los afectados directamente por el ébola?

Al principio era más optimista; ahora estoy convencido de que queda un camino muy largo que recorrer antes de controlar el ébola. La respuesta internacional ha llegado muy tarde y la ayuda no es suficiente. Por otra parte, la corrupción endémica que sufre el país dificulta más las cosas. Lo que está claro es que si la respuesta hubiese sido inmediata y los recursos donados razonablemente utilizados, hace tiempo que el brote hubiese sido historia. Pero el ébola, como casi todas las desgracias naturales, se ha convertido en un negocio para gentes sin escrúpulos. Hay controles que dejan de serlo pagando cierta cantidad de dinero. Los termómetros para revisar la temperatura de los viajeros no funcionan, o no tienen pilas… Cada control significa dinero. Si el viaje de Kamabai a Freetown costaba antes de la epidemia 15.000 leones, ahora cuesta 50.000. Y la corrupción se da en todos y cada uno de los eslabones de la cadena.

No hay suficientes ambulancias, ni camas disponibles. Por tanto se mezclan casos sospechosos con otros que ya presentan síntomas avanzados. En frente del hospital Emergency de Freetown han permanecido cadáveres tirados en la calle durante días -hasta que el pueblo se sublevó porque se los estaban comiendo los perros-. Los equipos de enterramiento están saturados y se declararon en huelga porque el salario no era proporcional al riesgo que corrían.

Me consta, porque me tocó llamar a las 11:00 de la mañana a una ambulancia para que viniese de Makeni a Mahera a llevarse a un muchacho enfermo vomitando sangre. Me prometieron que irían pronto. A las seis de la tarde llamé al equipo de enterramiento para que se llevasen el cadáver porque el muchacho había muerto. Vinieron al día siguiente, a medio día, porque no tenían suficientes coches para desplazarse. Lo que significa que una familia numerosa durmió una noche con el cadáver del muchacho con ébola.

En los diez días anteriores a mi viaje se habían producido 797 nuevos casos confirmados.

Al llegar a España daba la sensación de que el ébola no existiese. No es cierto, simplemente no lo vemos y, por tanto, no nos interesa mientras esté lejos. Además, en la distancia, los números son simplemente números y no ojos que te miran.


¿Qué consecuencias está teniendo y crees que tendrá esta perniciosa enfermedad en Sierra Leona?

Las consecuencias para la población han sido terribles:
- Se ha suspendido el curso académico tanto en escuelas como en universidades. Esto conlleva que los estudiantes van a perder un año de sus vidas.
- Los decretos de aislamiento por zonas obstaculizan el comercio.
- La economía es de subsistencia y la gente necesita comprar y vender diariamente.
- El transporte se ha encarecido.
- Las muertes por malaria, tifus, diarreas, partos…, se han multiplicado dolorosamente, porque la mayoría de los hospitales están cerrados. Si alguien acude enfermo a la Misión no sabes a dónde llevarlo.
- Tienen hambre, y hemos intentado correr de un lado para otro con sacos de arroz. Gracias a Dios, la respuesta de nuestros amigos españoles ha sido generosísima y nos ha facilitado el poder ayudarles.
- Los niños huérfanos del ébola deambulan por las calles esperando alguien que les acoja y solucione su futuro.

La epidemia ha dejado al desnudo las carencias del sistema nacional de salud. Sólo con ayuda internacional es posible que Sierra Leona no se convierta en un caos. Pero una ayuda internacional desde la gratuidad y sin intereses de explotaciones mineras escondidos. La ayuda humanitaria debe darse sin condiciones.


¿Las autoridades sierraleonesas han reaccionado eficientemente ante esta funesta situación o se han visto superadas?

Las autoridades de Sierra Leona se han visto absolutamente desbordadas por la epidemia. Es cierto que el presidente Ernest Bai Koroma decretó el estado de emergencia y ha intentado poner seriedad en el manejo de la situación, pero nadie estaba preparado para una catástrofe de tal magnitud. Por otra parte, como ya dije antes, la corrupción dificulta mucho la lucha contra el virus. La mayor parte sospecha que muchos de los miles de dólares donados para frenar el ébola han ido a parar a cuentas personales de políticos en el extranjero.

La Iglesia ha querido desmarcarse de cuestiones políticas y se ha dedicado a lo que mejor sabe hacer en los terrenos de misión: curar, cuidar y alimentar. Por supuesto que también a rezar y a consolar.


Has dejado ya Sierra Leona. ¿Borrón y cuenta nueva?

El adiós entre personas que lo han sido todo es una palabra sin sentido, dice Kalil Gibran. Pero sé que, cuando cierre los ojos y Sierra Leona me venga a la memoria, sonreiré con ternura. África imprime carácter, como alguno de los sacramentos. Los diez años vividos me han marcado para siempre. Y, si alguna vez se me olvida, el hígado maltratado por tanta malaria se encargará de recordármelo. Pero en el libro de mi vida, África es un capítulo más, a veces escrito con sangre, sudor y lágrimas, cierto, pero soy consciente de que ese libro debe continuar escribiéndose donde y hasta que Dios quiera.


Kamabai ha sido objeto de muchos desvelos tuyos y te ha robado la salud en gran medida. Habrá que pasar página y encomendar al Dios del cielo y a los misioneros que te seguirán en el trabajo de evangelización en todos los sentidos, ¿no?

Los misioneros sabemos que no podemos ni debemos eternizarnos en un lugar. Estos días Viana de Navarra homenajeó a José Manuel Serrat que pasa habitualmente sus vacaciones en este pequeño pueblo. El homenaje trajo a mi memoria los versos de Antonio Machado que él hizo canción:

“Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
Nunca perseguí la gloria,
ni dejar en la memoria
de los hombres mi cantar….”
“Caminante no hay camino,
se hace camino al andar”.

León Felipe nos recuerda que “para cada uno guarda un rayo de luz el sol y un camino virgen Dios”. Encontrar el camino es una opción personal. En cierta medida el estilo de trabajo viene mediatizado por la cultura y la educación recibida. He dicho en alguna entrevista que hoy Sierra Leona necesitaba más arroz que catecismo. Y alguno ha querido sacarle punta a la expresión. Simplemente estoy convencido de que el desarrollo debe ir de la mano de la pastoral. Sabemos la pregunta de nuestro examen final, porque Jesús nos dio toda una vida para intentar responderla. Al final de la vida nos van a examinar de amor. De amor afectivo y efectivo. Amor que se sustenta en una fe profunda en Jesús de Nazaret del cual nos fiamos también en los malos momentos. Amor que, si no se traduce en obras, como la fe, no sirve para nada.

Yo hice todo lo que pude a corazón abierto. Por supuesto que también cometí errores, pero esos se los dejo a la misericordia de Dios, que es
lento a la cólera y rico en piedad.


¿Te habrás dejado en Sierra Leona algún proyecto sin terminar y más de uno que habrás acariciado y no ha sido posible. ¿Cuáles?

Los proyectos que me comprometí realizar, están todos cumplidos y las cuentas saldadas y aprobadas. Por supuesto que los sueños no terminan. Se quedaron en sueño una Escuela Secundaria Senior. Con ella pensaba cerrar el círculo educativo y preparar jóvenes cristianos para la Universidad. También, una especie de albergue para los estudiantes que deben caminar veinte kilómetros diarios para ir a estudiar y sin nada en el estómago. Pensando en alimentarlos comencé un proyecto ganadero de vacas, ovejas y cabras, y cerqué un terreno con la ayuda de la ONG la Esperanza de Lodosa (Navarra, España).

Creo que si trabajásemos duro en educación, de nuestra escuela secundaria podrían salir los futuros líderes de nuestras comunidades cristianas.



Cuando publiques esta entrevista habré salido de la cuarentena del ébola [José Luis y René quedaron liberados en la tarde del día 31 de enero]. Ha sido duro mantener por 21 días la incertidumbre de saber si eras portador en tu sangre de un virus que podía poner en peligro a tus seres queridos. Gracias a Dios tanto René como yo estamos bien, a pesar del susto que nos dio el compañero, que estuvo ingresado en el hospital Río Hortega de Valladolid por una alarma que resultó falsa.

Permíteme que aproveche para dar las gracias a todos los que nos han ayudado a construir un futuro mejor para nuestro pueblo. No quisiera olvidarme de ninguno y por eso prefiero no nombrar a nadie. Estoy seguro que Dios sabrá pagar con creces vuestra generosidad.

Africa ken kauthukuma oh keyan! ¡África en lo más profundo del corazón!




¿Y tú que opinas?

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