En un escenario donde la belleza de la naturaleza se adentra por las ventanas, el monasterio de San Millán de la Cogolla (La Rioja, España), están teniendo lugar unas jornadas de formación permanente que llevan como gran titular: "Vida fraterna y misión", según estableció el 124.º Capítulo provincial celebrado en Marcilla (Navarra) en 2009.
En una jornada, marcada por el calor, al atardecer del día 25 llegaron todos los participantes desde sus variados destinos: Madrid, Zaragoza, Valladolid, Marcilla y Monteagudo, al lugar «cobdiciadero», de modo que pudieron instalarse, cenar y organizar la agenda de los días siguientes.
En la carpeta de trabajo, entre otros útiles, se encontraba el programa de la semana, en la que se desarrollaría el siguiente temario:
La comunidad en la vida religiosa agustiniana
Compartir con los laicos espiritualidad y misión
Cultura vocacional
El día 26, después de la oración de la mañana y el desayuno, Santiago Insunza comenzó a desarrollar el primer tema, que presentó desglosado en otros tres títulos:
1. Fundamentación agustiniana de la vida común;
2. Aspectos proféticos de la Regla de San Agustín. La Regla agustiniana desde otra mirada;
3. Presupuestos psicológicos y actitudes básicas para vivir y crecer en comunidad.
Insunza buscó la forma de que los participantes en la semana de formación percibieran las bases agustinianas de la vida común. Afirmó que la vida común, típica de la espiritualidad agustiniana, está proponiéndose como desiderátum por otras espiritualidades dentro de la Iglesia. La vida común agustiniana se fundamenta en la interioridad, en la contemplación del misterio trinitario, por lo que no ha de limitarse la vida común a compartir sólo los elementos y bienes materiales o externos, sino también los bienes espirituales, los que Dios uno y trino otorga a cada persona, de modo que cada fraile agustino recoleto debería hacer públicas sus propias «confesiones», como Agustín, que no hizo sino reconocer la obra de la gracia de Dios en él.
La lección de la "vida comunitaria" nunca se aprende por completo, pues hay que construirla a lo largo de la vida; y la formación permanente no consiste principalmente en cambiar la forma de pensar sino la forma de vivir; de aquí la conveniencia de un tema como la "vida comunitaria" en una semana de formación permanente.
La Regla de San Agustín actualmente como a lo largo de la historia ha sido objeto de estudios y lecturas diversas. Insunza presentó en su exposición algunos aspectos proféticos de la Regla de San Agustín: la denuncia del individualismo y el consumo tan marcados en nuestra sociedad; el anuncio de una vida en la que Dios es el único absoluto y de las dos grandes pasiones del hombre agustiniano: Dios y el hombre; la actitud abierta y de comprensión antes las necesidades personales.
En el trabajo por grupos Insunza encomendó a cada grupo una sola cuestión capital, para que se tuviera suficiente tiempo para la reflexión y poder complementar entre todos las exposiciones que él realizaba.
Después de un largo tiempo de descanso o paseo, a las ocho de la tarde el grupo celebró la misa y las vísperas, presididas por Antonio Villanueva, quien hizo una loa de los santos Joaquín y Ana, padres de la virgen María.
Con la cena, sobremesa y el recreo en común terminó la primera jornada.