El blog de unas monjas de clausura en Brasil. Del 9 al 12 de julio
Celebración en el monasterio por la llegada de José Luis Igea


El blog de unas monjas de clausura en Brasil. Del 9 al 12 de julio
30-07-2010 Blogs de misioneros
José Luis Igea es nombrado prior de Guaraciaba, Ceará el l de agosto de 2006 y días después párroco. El 2 de mayo de 2009 padece un ictus cerebral grave. Trasladado al hospital a Fortaleza, le repetirá el ictus agravando su salud. Durante días permanece en coma y muy grave. Ingresa en el quirófano con fundados temores de no salir adelante. Lentamente se recupera, pero su movilidad es nula. Muchos feligreses de Guaraciaba se trasladan hasta Fortaleza para visitarle y acompañarle, aunque el viaje dura más de cuatro horas. En estos meses su recuperación ha sido progresiva hasta poder volver de visita a Guaraciaba.

¡Buenas noches!

Aquí estoy para dar una noticia muy buena. Espero que os guste lo que voy a contar: fue una gracia que recibimos las monjas y todo el pueblo de Guaraciaba: la visita de nuestro querido fray José Luis Igea, que sigue vivo gracias a Dios, las oraciones de tanta gente y la fuerza de voluntad que él siempre mostró.

Hacía tiempo que José Luis deseaba visitar Guaraciaba, pero su frágil estado de salud lo impedía. Poco a poco fuimos viendo cómo se recuperaba y, gracias a Dios, el sueño se hizo realidad.

Fray José Luis Igea quiso hospedarse en nuestro monasterio. Por esto, apenas conocimos la noticia empezamos con los preparativos, y el pueblo de Guaraciaba comenzó a movilizarse para hacerle una recepción cálida.

Las monjas por nuestra parte preparamos un cuarto que está en la entrada del convento adaptándolo a sus necesidades, para que todo el mundo pudiera visitarlo sin perturbar el ambiente monacal y donde él pudiera estar tranquilamente.

9 de julio

Al fin, el día 9 de julio por la noche llegaba fray José Luis Igea acompañado por fray José Luis Villanueva; Marcos, seminarista de Fortaleza; la enfermera Rosângela y una acompañante, Graciane. Por la tarde había empezado a llegar gente para recibirle. Con globos en las manos y cintas de colores, al ritmo de cantos hizo su entrada en medio de una valla que la gente formó. El momento fue emotivo; se dejó escapar más de una lágrima. Dentro del coche los visitantes no cabían de emoción y no atinaban a salir. Al fin alguien se acercó al coche para saludar a fray Igea por la ventanilla. Fue entonces cuando comenzaron a salir los ocupantes. La priora, madre Consolación, también se acercó para dar la bienvenida a fray Igea y a sus acompañantes. Nosotras, a través de las ventanas de la capilla, asistimos a todo este cuadro que decía mucho del cariño y respeto que tienen a fray José Luis Igea. Luego fueron  pasando para darle la mano o un abrazo. En este momento Igea tuvo ánimos para hablar: manifestó su agradecimiento y su alegría comunicándonos que él esperaba ardientemente este momento; y se despidió de todos.

Después pasó a la capilla donde cantamos el «magníficat», un canto de acción de gracias; en seguida saludó a la comunidad y se interesó por las caras nuevas que veía. Luego fue al cuarto para descansar del viaje, pues, aunque habían viajado sin contratiempos, necesitaba descansar. Intentamos aprovechar al máximo su estancia aquí, por lo que mientras cenaban los demás viajeros fuimos a conversar con él. Él se encontraba muy bien y contento y quiso cenar un pan con queso [La gente sabe que él durante mucho tiempo no pudo probar alimento y ahora lo hace en ocasiones, pues de ordinario se alimenta con sueros].

10 de julio

Al día siguiente, 10 de julio, desayunamos con él en un refectorio que se encuentra al lado del cuarto donde estaba hospedado. Nuevamente manifestó muy buen apetito, cosa que sorprendió a la enfermera, que intentaba controlarle el alimento. Conversamos nuevamente con él un poco, luego fue a hacer sus ejercicios y a descansar, pues tenía que estar en disposición de recibir visitas. Al medio día pasó al refectorio de la comunidad y pudo alimentarse normalmente, aunque con cantidades medidas. Esto nos sorprendió grandemente porque no pensamos que fuera capaz de tanto. Aún al final tuvo ánimo de compartir la sobremesa y tomar un cafecito. Algunas de nuestras hermanas prestaron generoso servicio en el cuidado de fray Igea; por esto la enfermera lo liberó para que permaneciera entre nosotras. Igualmente por la noche alguna hermana acompañó a otra enfermera de Guaraciaba que quiso prestar su ayuda por la noche.

Después de la comida hizo un recorrido por el convento para ver las novedades. Vio los trabajos en la capilla, que le gustó. Ese día concelebró la misa por la tarde con fray Miguel Ángel González. Por la noche, con ganas de más celebración y siguiendo las recomendaciones de su enfermera, quiso comer pizza con coca-cola, y aprovechamos la ocasión porque era deseo de él festejar la graduación de una joven amiga, coincidiendo con que otra amiga tanto de la comunidad como de él cumplía años, por lo que la fiesta fue mayor. Después de toda esta fiesta fue necesario ir a descansar, pues al día siguiente iría a la parroquia.

11 de julio

El domingo 11 de julio se dirigió a la parroquia para la misa de 9:00. Igea contó que cuando llegó lanzaron cohetes y que entró directamente a la iglesia, pues ya estaba para comenzar la celebración. Concelebró con fray Francisco Piérola. Al término de la celebración fue cuando todo el mundo pudo acercarse a saludarlo: lágrimas de alegría se mezclaban con la emoción. Según nos contaron tuvieron que hacer rueda para que la gente se mantuviera a cierta distancia para no lastimarlo. Al final, viendo que aquello no iba a terminar bien, lo llevaron a la casa parroquial y luego regresaron al monasterio.

Descansó como un bebé, y ese día no comió; prefirió reposar  más tiempo, pues por la tarde quería ver la gran final de fútbol de la Copa África 2010: España-Holanda.

En este entretiempo, mientras llegaba la hora del partido, fray Igea quiso cumplir un deseo más, ducharse, y como todos sus deseos eran órdenes, -si la enfermera lo aprobaba- se le concedió este gusto. ¡Hacía tanto que no se daba un baño así! Lo que ha durado su enfermedad hasta ese día; así que disfrutó mucho.

A la hora justa nos reunimos frente al televisor en compañía de dos españoles: José Luis Igea y José Luis Villanueva, pues teníamos que apoyar a nuestros conquistadores. disfrutamos mucho de este momento y creemos que los dos José Luis también disfrutaron.

Más tarde llegó la merecida celebración por la victoria, después de haber rezado vísperas y nuestra debida hora de meditación, mientras que fray Igea descansaba un poco.

Parece sorprendente, pero la energía no le faltaba a fray Igea, pues quiso después de la cena ver una película de Cantinflas, «El padrecito». Rió de lo lindo, de modo que todavía nos acordamos y nos provoca alegría haberle visto tan contento y animoso.

Pero como todo tiene un final, esta visita llegó a su fin, no sin dejarnos un buen sabor de boca y una alegría inmensa.

12 de julio

Por la mañana del 12 de julio, después de haber desayunado se prepararon para salir rumbo a Fortaleza con la esperanza de volver a realizar esta odisea. Con toda seguridad esto fue un aliciente grande para fray José Luis Igea, que tanto desea continuar sirviendo de uno u otro modo y refleja el ánimo de no querer dejarse llevar por la situación en que se encuentra y que es capaz aún de dar algo de sí.

Continuemos orando por él que hasta ahora se nos ha manifestado como un ejemplo de paciencia y sumisión a la voluntad de Dios.

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