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La Hepatitis Delta causa pánico en las comunidades rurales de Lábrea
Una de las comunidades rurales del interior de Lábrea, municipio donde se ha disparado el caso de enfermos de Hepatitis D.


La Hepatitis Delta causa pánico en las comunidades rurales de Lábrea
20-11-2008 Brasil
Con este titular, el periódico amazonense “O Tempo” anunciaba la existencia de 28 muertes en este año por la también llamada “Fiebre Negra de Lábrea”. Las autoridades indican que los casos están controlados y se descarta una epidemia.
El posible brote de Hepatitis D (Delta) en la zona rural del municipio de Lábrea ha causado pánico en algunas de las comunidades rurales del interior del municipio. Solamente en este año 2008 se han identificado 136 casos de la enfermedad, con 28 fallecimientos.

Un médico peruano informó de que los agentes de la Fundação de Vigilância em Saúde (FVS) e de la Fundação de Medicina Tropical (FMT) habían localizado en la comunidad de Madeirinha (a dos días de la ciudad de Lábrea) 40 personas con Hepatitis B, de las cuales 28 también tenían la Hepatitis D.


El presidente de la FVS, Evandro Melo, indicó que, “por el momento no se pueden divulgar los datos exactos de los estudios, pero sí afirmamos que los casos de Hepatitis en esa región están controlados desde hace más de 18 años, una vez que se ha generalizado la cobertura de la vacuna. Los casos registrados son de hepatitis crónicas. En los últimos cinco años sólo se ha registrado una muerte por Hepatitis B en el municipio de Lábrea”.

Sin embargo, las informaciones llegadas de los habitantes de la zona rural son más preocupantes. El fiscal del municipio recibió un informe de un representante de la comunidad de Vila de Limeira indicando que en las 90 comunidades existentes a lo largo del río Purús hay 136 personas con Hepatitis D, de las que al menos dos habrían muerto.

Los médicos que actúan en Lábrea han indicado que no se sabe cuántas personas tienen Hepatitis B, ni cuántas de éstas desarrollaran la Hepatitis D, por lo que sería necesario recorrer toda la zona rural (las 90 comunidades de los ríos) para saber exactamente cuántas personas han desarrollado la enfermedad.

La conocida como “Fiebre Negra de Lábrea” fue encontrada por primera vez en el municipio de Lábrea, y después se conocieron casos en otros municipios cercanos como Codajás, Boca do Acre, Ipixuna y Eirinupé, a lo largo de los ríos Purus, Juruá, y Amazonas. En 1983 se pudo certificar que tal Fiebre Negra de Lábrea era la Hepatitis D. Hasta ese momento no se sabía cual era la causa de la muerte fulminante en menos de 48 horas de las personas que contraían esa enfermedad.

El virus de la Hepatitis D no es un virus propiamente dicho, sino una especie de parásito del virus que solamente consigue sobrevivir si la persona contaminada tiene también la Hepatitis B; de hecho, esta partícula hace empeorar al enfermo de hepatitis B o incluso activa la conversión de la hepatitis en crónica.

Los casos de Hepatitis D son los más graves y suelen permanecer crónicos para el resto de la vida. Entre el 20 y el 50% de los casos de hepatitis fulminantes son de tipo D. La Hepatitis D, por tanto, solamente puede darse en conjunto con la hepatitis B, y transforma una infección que puede ser tratada en una enfermedad muy agresiva y destructiva del hígado. En el 80% de los casos termina siendo una hepatitis crónica, de los cuales en el 40% acaba en cirrosis.

La Hepatitis D tiene otros nombres, como Fiebre Negra del Amazonas, Fiebre Negra Amazónica, Fiebre Negra de Lábrea, Enfermedad de Lábrea, Superinfección Delta, Hepatitis Delta… Es una inflamación del hígado causada por este virus RNA defectuoso que sólo puede afectar a pacientes de la Hepatitis B, de forma concomitante (al mismo tiempo) o posterior a la adquisición de la B. Los principales modos de contagio son por vía parenteral, con el contacto con la sangre de una persona contaminada (transfusión, heridas) o por vía sexual.

El descubrimiento de esta enfermedad es relativamente reciente, de 1977. Actualmente está presente en casi todo el mundo, principalmente transportada por toxicodependientes. De hecho, ha habido dos epidemias famosas en Nápoles (1977) y en los indios Yupca de Venezuela (1981).

El VHD (vírus de la Hepatitis D) tiene 35 nanometros (1 metro = 1.000 nanómetros) y su genoma está constituido por ácido ribonucleico (ARN) circular de una sola cadena. Es único en su género en las patologías humanas, porque no se logra multiplicar sin la presencia del virus de la hepatitis B (NHB). Su presencia en sangre es prolongada, pudiendo no ser nunca expulsado totalmente del organismo.

La Hepatitis D se revela tras una incubación de tres a siete semanas. Comienza con síntomas de fatiga, sueño, falta de apetito y náuseas. Entre tres y siete días después la piel amarillea, continúan la fatiga y las náuseas, la orina se vuelve oscura y las heces claras, y los niveles de bilirrubina en la sangre suben.

En los casos en que evoluciona hacia hepatitits crónica, los síntomas son menos intensos; en torno al 60% de los casos acaban en cirrosis en unos cinco o diez años, aunque a veces ésta aparece sólo 24 meses después de la infección. La muerte fulminante es rara, pero 10 veces más probable que en los otros tipos de Hepatitis víricas. Antes, se dan cambios de personalidad, disturbios en el sueño, confusión y disminución de la concentración. Tras los comportamientos anormales, llega una fuerte somnolencia y finalmente un estado de coma previo a la muerte.

Las relaciones sexuales y el contacto con sangre contaminada son los medios más habituales de contagio: uso de objetos cortantes que puedan tener vestigios de sangre, como cuchillas de afeitar, cepillos de dientes, agujas y jeringuillas, materiales usados para el consumo de droga o de tatuajes y “piercings”, acupuntura, perforadores de oreja...

Sin embargo, no se transmite a través de la saliva o del sudor, y es posible el contacto físico (dar la mano, abrazos, besos, uso de platos y cubiertos) con personas enfermas sin contraer la enfermedad. No hay una vacuna específica para el VHD, pero teniendo en cuenta que sólo se desarrolla cuando hay previamente una Hepatitis B y para ésta si existe la vacuna, los vacunados para hepatitis B son inmunes también al tipo D.

Una vez contraída, no hay ningún tratamiento 100% eficaz. Tan sólo el interferón Alfa, una proteína de uso terapéutico, ha dado algunos resultados positivos reduciendo la multiplicación del virus en alrededor del 50% de los enfermos tratados; y, en cuanto se interrumpe el tratamiento, el virus vuelve a regenerarse y reaparece en sus niveles de contaminación previos al tratamiento.





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