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La obra: Historia de los Agustinos Recoletos




¿Y tú que opinas?

Ángel Martínez Cuesta: 50 años de historiografía moderna en la Orden de Agustinos Recoletos
» El horizonte desde la atalaya del investigador «
Abril 2016


Archivo Secreto Vaticano.



Archivo Histórico Nacional de Madrid.



Archivo General de Indias de Sevilla.


Antigua sede del Instituto de Cultura Hispánica de Madrid, hoy reconvertida en la sede de la Agencia Española de Cooperación Internacional y Desarrollo (AECID).

El historiador:
Los archivos, bibliotecas, documentos… ¿Qué lugar han tenido en tu investigación? ¿Qué sorpresas te han deparado?

En un principio la investigación me infundía un poco de miedo o, mejor, respeto. No acertaba a adivinar cómo me iría en ese mundo nuevo, en el que no tuve iniciadores. En parte, porque no me preocupé por procurármelos. No dudo de que, a la menor indicación, el padre Jenaro se habría prestado a introducirme en él.

Pero pronto hice de la obligación virtud. La elaboración de la tesis doctoral me obligó a frecuentar archivos, bibliotecas y hemerotecas de magnitud, orientación y administración muy diversas, y muy pronto me sentí a gusto en ellos. A las pocas semanas ya se había apoderado de mí el gusanillo de la investigación y me costaba trabajo desoír sus exigencias.

Todavía recuerdo con gusto las mañanas enteras pasadas entre los legajos del Archivo Vaticano, del Archivo Histórico Nacional en Madrid o del General de Indias en Sevilla, que entonces apenas contaban con instrumentos de investigación. Falta que, en parte, era suplida por la amabilidad de los asistentes de sala, muchos de ellos guardias civiles retirados, que con ese trabajo completaban la exigüidad de su pensión.

En ese tiempo trabé amistad con Leandro Tormo (1922-2011), un americanista convertido a los estudios filipinos, conocido por su generosidad con los principiantes. Su amabilidad me ahorró horas de antesala y de trabajo en el antiguo Instituto de Cultura Hispánica (Madrid).

También conocí a antropólogos e historiadores norteamericanos. Especial relación mantuve con un librero de Ann Arbor (Michigan), especializado en temas filipinos, y con William H. Scott (1921-1993). Este era un misionero episcopaliano con pasado militar, que se asombraba de verse en relaciones amistosas con un español y, además, fraile…

Los contactos con investigadores agustinos, jesuitas, capuchinos y otros eclesiásticos fueron frecuentes y siempre provechosos. Durante algunos años formé parte del Consejo de Redacción de la revista Missionalia Hispanica, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). En ella encontré nuevos estímulos para proseguir la tarea ya iniciada.

En aquellas investigaciones sentí hondas satisfacciones al poder abrir con descubrimientos casi diarios nuevos caminos a la historiografía de la isla de Negros y, a la vez, confirmar cuanto de joven profeso había oído de labios del padre Rafael García.

En los años siguientes los hallazgos no fueron tan notables, fuera, claro está, de numerosas cartas, informes y escritos varios de san Ezequiel Moreno y personajes de su entorno. Los más valiosos se refieren a las capitulaciones fundacionales de varios de nuestros antiguos conventos —entre ellas las de Talavera de la Reina—, a la construcción de los edificios conventuales, así como a los capítulos de la provincia de Castilla, que eran desconocidos, a la actividad pastoral de los conventos españoles en el siglo xviii, etc.

La evidencia documental sobre este último punto modifica un tanto la visión corriente sobre la vida de la Orden de Agustinos Recoletos en los primeros dos siglos. Me emocioné al poder acariciar con mis manos documentación inédita o deficientemente publicada sobre el padre Diego Cera o la que explicaba la precipitada salida de Filipinas del padre Rodrigo de San Miguel, uno de nuestros misioneros más ilustres.

Más recientemente he tenido la fortuna de topar con el libro de profesiones del convento de Valladolid, extraviado entre los miles de libros manuscritos del Archivo Histórico Nacional de Madrid, y una copiosa documentación sobre la suerte de nuestros frailes y conventos españoles durante la Francesada y a raíz de la Desamortización, así como sobre la agonía de las misiones de Casanare en el siglo XIX y la extraordinaria labor pastoral desarrollada en Filipinas en ese mismo siglo o en Venezuela y Brasil a principios del XX.

Gran parte de esos «descubrimientos» se encuentra depositada en centenares de cajas del Archivo General de la Orden. Esos documentos descubiertos o al menos rescatados del olvido ayudarán en el futuro a formarnos una idea más exacta de nuestra herencia.


  • Exterior de la curia general de los Agustinos Recoletos en Roma. Es la residencia de Ángel Martínez Cuesta y también la sede del Archivo General de la Orden de Agustinos Recoletos.


    Archivo General de la Orden de Agustinos Recoletos.

  • William Henry Scott.

  • Revista Missionalia Hispanica.




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