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La obra: Historia de los Agustinos Recoletos




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Ángel Martínez Cuesta: 50 años de historiografía moderna en la Orden de Agustinos Recoletos
» El horizonte desde la atalaya del investigador «
Abril 2016

Estatua de Fray Luis de León frente a la fachada de la Universidad de Salamanca.

Uno de los escudos de la Orden de Agustinos Recoletos más antiguos aún conservados. Talavera de la Reina, Toledo, España.

Fray Luis de León muestra la Forma de Vivir a los promotores de la Recolección Agustiniana.

Estatua de Mateo Delgado en el convento recoleto del Desierto de la Candelaria, Colombia.

El religioso:
De todos los personajes de la historia de la Orden, ¿has encontrado en algunos ese fogonazo e iluminación que da salida a las circunstancias difíciles o los retos novedosos?

Desde el principio de mi dedicación a la Historia de la Orden me han salido al encuentro religiosos predestinados a cumplir determinadas misiones dentro de ella. No insisto en nuestros padres fundadores, porque esa función es consubstancial a su figura.

En la historia de una comunidad nadie ejerce un influjo tan profundo y duradero como el que inaugura su andadura. Es él quien recibe el carisma, la inspiración del Espíritu; es quien lo encarna y con sus palabras y obras lo trasmite a las generaciones futuras.

Entre nosotros ese don no lo recibió un solo religioso. El Espíritu lo comunicó a un grupo, en el que brillan con luz propia cuatro personas: Luis de León, Pedro de Rojas y Jerónimo de Guevara en España y Mateo Delgado en Colombia. Ellos son los que señalaron –a los dispuestos a seguirlo– un rumbo nuevo, un modo distinto de encarnar la espiritualidad de la Orden Agustiniana.

Los tres primeros lo plasmaron en un escrito que, si siempre es necesario tener en cuenta, resulta de imprescindible consulta cuando se trata de discernir los signos de los tiempos y dar nuevas formas a nuestra presencia en la Iglesia y en la sociedad. Si nuestras opciones responden a su íntima inspiración, podrán tener éxito. Si nos desentendemos de ella, caminaremos hacia el fracaso.

Tras ellos apareció la figura de Juan de San Jerónimo. Supo terminar con los personalismos y divisiones que podrían haber dado al traste con la naciente Recolección y le señaló en las misiones un campo en que desplegar el fervor que ardía en su joven corazón.

Francisco de la Resurrección entró en escena cuando la Recolección colombiana estaba a punto de perder su razón de ser, engullida por la provincia calzada de Nueva Granada, y desapareció cuando con sus viajes y una constancia a toda prueba había logrado incorporarla a la española, asegurando así su pervivencia.

Andrés de San Nicolás salió de Colombia en busca de condiciones más adecuadas para vivir el espíritu recoleto, sin prever que luego sería el encargado de legarlo a la posteridad. Con el primer volumen de la Historia General, el primer comentario recoleto a la regla de san Agustín, la primera colección de documentos pontificios sobre la Orden y otros escritos mantuvo viva la llama recoleta y trasmitió su luz y su calor a quienes ya no habían conocido a sus iniciadores.

A principios del siglo XIX Alonso Jubera sintió la urgencia improrrogable de encontrar vías que asegurasen la labor misionera de la provincia de San Nicolás de Tolentino. Con una percepción clara de la situación del momento, con habilidad y capacidad maniobrera y una incansable laboriosidad, preparó la fundación del convento de Alfaro, que, como es sabido, sería, años más tarde, el instrumento de que se sirvió la Providencia para salvar a la Orden de la ruina definitiva.

Gabino Sánchez mantuvo vivo el rescoldo de la antigua Recolección y lo trasmitió a la nueva.

San Ezequiel Moreno nos señaló un modo práctico de conjugar los tres elementos esenciales de nuestro carisma: la oración, la vida común y la actividad apostólica.

Patricio Adell, con su «determinada determinación», que diría santa Teresa, ahogó todo sentimiento egoísta para lanzarse al océano en busca de nuevos horizontes para una comunidad desencantada, que parecía resignada a la inacción y la muerte.

Eugenio Ayape aprovechó la bonanza vocacional y el espíritu de reconquista de la España de su tiempo para encaminar a la Orden por un cauce que, sin abandonar la actividad parroquial, siguiera más de cerca las exigencias de sus raíces espirituales. Para ello insistió, por una parte, en la recuperación de su historia, en la preparación intelectual y espiritual de los candidatos, en el espíritu de pobreza, en la laboriosidad, en el fortalecimiento de los vínculos con monjas y religiosas recoletas, en el abandono de las parroquias unipersonales y la reducción de las demás, y, por otra, en una mayor atención a las directrices de la curia romana.




  • Gabino Sánchez.


    Eugenio Ayape.

  • Ángel Martínez Cuesta es uno de los principales especialistas en la vida, obra y espiritualidad de san Ezequiel Moreno.


    Juan de San Jerónimo fue el encargado de iniciar la historia misional de los Agustinos Recoletos nada más nacer la Orden. Fresco de la llegada de los primeros agustinos recoletos a Filipinas de Juan Barba, en la iglesia de Santa Rita, Madrid.


    Expansión actual de los Agustinos Recoletos por América, iniciada siglos antes por Francisco de la Resurrección desde Colombia.

  • Portada de las Crónicas de Andrés de San Nicolás.


    Patricio Adell.




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Agustinos Recoletos. Provincia de San Nicolás de Tolentino. Paseo de la Habana, 167. 28036 -Madrid, España. Teléfono: 913 453 460. CIF: R-2800087-E. Inscrita en el Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia, número 1398-a-SE/B. Política de privacidad.
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