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La obra: Historia de los Agustinos Recoletos




¿Y tú que opinas?

Ángel Martínez Cuesta: 50 años de historiografía moderna en la Orden de Agustinos Recoletos
» El horizonte desde la atalaya del investigador «
Abril 2016

Ángel celebrando su 65 aniversario.

La persona:
¿Tienes aficiones que se aparten del campo de la investigación?

En los años de estudiante y joven profeso fui seguidor entusiasta de los avatares deportivos: fútbol y ciclismo. Luego me olvidé de ellos. Ya en Roma, coincidiendo con los triunfos de Santana y de la mano de Francisco Ripollés, pasé al tenis.

Siguieron muchos años en que me desvinculé totalmente de ellos, para reasumirlos en estos últimos años. El tenis sigue siendo mi deporte favorito. Durante algunos años pude practicarlo en Roma con el hermano Patrick Diviny y un ingeniero ecuatoriano de la FAO en el campo que gentilmente nos cedían los clérigos de San Viator. De estudiante y también en Roma practiqué la pelota a pala.

Más tiempo me duró la afición al cine. Me atraían de modo especial las películas policiacas, las históricas, especialmente las inglesas, y también las musicales. Nunca pude aguantar el cine de terror. El circo tampoco me desagradaba. Durante varios años no concebía unas navidades sin presenciar algún espectáculo circense.



Fotografía de la familia Martínez Cuesta. Abajo, agachada, con hábito, Guadalupe Martínez, carmelita de la caridad.

Testimonio: Hermana Guadalupe Martínez, religiosa carmelita de la caridad
Hermana de Ángel Martínez Cuesta

Tengo muy buen recuerdo de él. Ya, desde niño, era muy cariñoso, alegre, humilde, generoso y muy trabajador. También le gustaba hacer algunas travesuras propias de esa edad, como ir con los otros niños a coger fruta a las huertas del pueblo. De mayor, siempre le he visto muy humano, humilde, sencillo, generoso, desprendido, caritativo y trabajador.



Fotografía de la familia Martínez Cuesta. Luis, primero de la izquierda, de pie, junto a Ángel.

Testimonio: Luis Martínez
Hermano de Ángel Martínez Cuesta

En su niñez era un niño extrovertido, amigo de sus amigos, un tanto travieso e inquieto. Se dejaba llevar por sus amigos, pero siempre demostró tener un gran corazón, era generoso: lo suyo era de todos, de tal manera que, en ocasiones, cuando los amigos pensaban ir a coger algo a alguna huerta, decía: “Vamos a la mía, que está más cerca”.

Ya en el colegio, cuando venía de vacaciones, se le veía que iba madurando y seguía siendo tan desprendido de lo suyo como siempre. Se hacía querer por todos y esto lo ha conservado hasta ahora, en que toda la familia y amigos le queremos y apreciamos. Conmigo, el más cercano a él en edad, tenía una relación más cercana.

En su vida de adulto, he visto a Ángel como una persona muy desprendida, con mucho amor a la familia y a todos en general; una persona muy sencilla y humilde, tratando a todos de la misma forma, sin importar su estatus o posición social; es algo que siempre he admirado en él, no haciendo nunca alarde de sus conocimientos intelectuales; muy cariñoso y de conversación amena.

Recuerdo que cuando íbamos de vacaciones al pueblo nos iba explicando la historia de los pueblos por donde pasábamos, con lo que el viaje se hacía más corto y ameno.
Fotografía de la familia Martínez Cuesta.

Testimonio: Carmen Martínez
Hermana de Ángel Martínez Cuesta

Ángel era un niño travieso, a la vez que bondadoso y muy generoso. Recuerdo que un domingo nos encontrábamos él y yo solos en casa porque éramos muy pequeños y los demás habían ido a misa al pueblo más cercano, a cuatro kilómetros de distancia. Ángel cogió un queso que tenía mi madre guardado, partió un trozo para mí pero nada para él. Creo que después tuvo una pequeña regañina por haberle empezado, pero no dijo que era para mí.

También se ofrecía para ayudar en las tareas de clase y en los pequeños trabajos que les mandaban en casa a los demás chicos de su edad. De sus travesuras, que eran muchas, le quedó un problema en un pie. Le gustaba mucho correr en la burra y lo hacía con gran maestría.

Ayudaba en lo que podía en las tareas agrícolas. Yo, que era más pequeña, recuerdo oír a todos que era muy trabajador

Los recuerdos que tengo de los primeros años del colegio son que hablaba mucho y era muy amena su conversación, haciéndonos pasar ratos muy agradables. También que sacaba buenas notas.

Cuando llegó al noviciado no tuvimos ninguna noticia, pero una vez profeso desde Marcilla escribía con frecuencia; sus cartas eran cariñosas y muy amenas.

Cuando se ordenó de sacerdote le veía cumplidor, sacrificado y tradicional. Después en Roma, durante sus estudios en la Gregoriana, se hizo más abierto, veía el mundo con optimismo pero seguía siendo sacrificado y cumplidor.

Cuando escribió la vida para la beatificación de san Ezequiel Moreno le vi cambiado, mas centrado en su vida religiosa, comenzando a hablar menos, cosa que ha ido aumentando hasta ahora.



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