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San Agustín
Ilustración: San Agustín: Toma y Lee.
Palomares, México D.F.


Ante todo, queridos hermanos, amemos a Dios; después, también al prójimo, porque éstos son los mandatos principales que se nos han dado. [La Regla]


Los personajes que rodearon a San Agustín
Mónica, su madre
Santa Mónica. Ciudad de los Niños, Costa Rica.
Nace en Tagaste el año 331. Su familia era de clase media. El ambiente familiar en el que nace y se cría Mónica era de recias convicciones cristianas. En Mónica descubrimos un carácter decidido. Siempre la veremos pronta a afrontar las situaciones más dispares y a responder de forma sobria y definitiva; será mujer de una sola palabra.

En cuanto a la formación intelectual, Mónica no pasó del grado primario. En Roma capital las mujeres podían acceder con facilidad a la cultura; sin embargo, en las provincias no tenían esta suerte. Aquí estaban destinadas al matrimonio y al trabajo del hogar.

Mónica se casó con un pagano de Tagaste , Patricio . Se dedicó a dirigir su casa. Como toda mujer romana, tenía la misión de cuidar las compras, la marcha de las actividades, vigilar a los criados… Era la responsable de la vida interna de su hogar.

La relación con Patricio fue difícil, pero ejemplar. Mónica vivió en una sociedad típicamente machista. No eran infrecuentes los abusos y malos tratos por parte de los maridos. Patricio tenía un carácter muy voluble; era sumamente cariñoso, pero igualmente colérico. Por esto tuvo que ejercitar con él una paciencia y una prudencia heróicas.

Santa Mónica. Tabla labrada en Filipinas. Cuernavaca (Morelos), México.
Mónica tenía en mente una empresa: la conversión de su marido. Patricio empezó a prepararse para el bautismo cuando Agustín contaba unos 16 años; y bautizado murió el año 371. Ella había triunfado de la única forma posible, con el verdadero amor. Él terminó amándola, admirándola y aceptando su fe.

Patricio y Mónica tuvieron, no sabemos en qué orden, tres hijos: Navigio, una hija de nombre desconocido y Agustín . Su educación, como en toda familia romana, corrió a cargo de la madre. Esto la convirtió en la gran catequista de sus hijos.

El verdadero calvario de Mónica comenzó al terminar Agustín sus estudios y volver de Cartago a Tagaste . Su hijo volvía a casa maniqueo. Desde este momento Mónica no parará hasta verle convertido. Fueron años de lágrimas y de intensa oración. Asediaba a un obispo para que hablase con él. El obispo había sido discípulo de los maniqueos, y de forma espontánea los abandonó. Le dijo a Mónica: Anda, vete y que vivas muchos años. Es imposible que se pierda el hijo de esas lágrimas.

Con todo, Mónica quería estar siempre al lado de Agustín. Este marchó a enseñar a Cartago, y allí lo siguió ella. Allí sufrió la experiencia más dolorosa de su vida. Agustín   había decidido marcharse a Roma. Mónica quería acompañarlo, pero él no lo aceptaba. Recurrió al engaño: dijo a su madre que iba al puerto a despedir a un amigo. Al amanecer, Mónica descubrió que Agustín se había embarcado y había abandonado África. Al cabo de un año, Mónica se embarcó también para Italia.

Santa Mónica. Iglesia Santa Rita de Madrid (España).
Encontró a Agustín en Milán. Ya había abandonado la secta maniquea. Su hijo decide no sólo bautizarse, sino hacerse monje. Es el año 386. Mónica vivió llena de júbilo la vigilia pascual del año 387. Aquella noche recibieron el bautismo su hijo y su nieto, junto con Alipio, el amigo de Agustín. Después todos ellos se trasladaron a Ostia, el puerto de Roma, y allí quedaron a la espera del primer barco hacia África.

Un día, en la posada, Agustín y ella iniciaron una conversación de lo por venir: ambos estaban hambrientos de Dios. En escala ascendente, comenzaron a degustar todos los seres, admirándolo todo, y sin sentir saciedad en nada, hasta llegar a tocar un poco la región de la Sabiduría que ni fue ni será, sino sólo es . Es lo que se conoce como «el éxtasis de Ostia».

Cinco días después, Mónica enfermó de gravedad. A los nueve días, rodeada de sus seres queridos, feliz porque Dios le había demostrado que no abandona a quienes confían en Él, expiró. Era el verano del 387. Tenía 56 años.

Su amiga y amante
Agustín conoce en Cartago a una mujer que llenará sus necesidades afectivas por un tiempo. De ella no conocemos el nombre. Parece que era cristiana, pues el santo da a entender que la conoció en una iglesia. Convivió doce años con Agustín. Su condición social era inferior que la de Agustín, quizá por eso nunca se plantearon el matrimonio: el varón de condición social superior no podía casarse con una mujer de condición inferior según las costumbres de la época. De esta relación afectiva nació Adeodato. Cuando Agustín quiere asentar su vida le plantea a su amante dejar la relación. Ella lo deja, prometiendo que nunca conocerá a otro hombre.

Terminada esta relación, Agustín tuvo otra, más fugaz, mientras esperaba los dos años que le faltaban para la edad matrimonial. Luego se separaron, también dolorosamente. Agustín asegura que fue fiel a ambas, algo poco común en la época.

Adeodato
Nació alrededor del año 371, cuando Agustín, su padre, contaba con 17 años. Murió joven, el año 388 o el 389. Las referencias que Agustín nos da de su hijo son de la última época de la vida de éste: se bautizó el mismo día que su padre, viajó con él a África y estuvo en las primeras experiencias de vida común de Agustín. Nos queda una obra literaria de Agustín, De Magistro, que reproduce una conversación de Agustín y Adeodato.

Alipio
Fue el amigo entrañable de Agustín. Se conocieron cuando Agustín le dio clases como alumno. Pertenecía a una familia acomodada y rica, lo que marcó su formación. Se sabía desenvolver entre la alta sociedad. Sabemos que tuvieron solamente un momento de alejamiento cuando Agustín discutió con el padre de Alipio. Alipio estaba completamente alienado con los juegos imperiales, y Agustín consigue librarle de esa auténtica adicción.

Alipio era una persona sumamente sensible. Estudió Derecho, convirtiéndose en una persona muy exigente en su profesión, con dotes de político. Luchó contra corrupciones e injusticias, hasta el punto de enfrentarse a algunos senadores y ser por ello casi perseguido.

Alipio renunció a su oficio al ir a Milán y quiere dedicarse al ideal del Hortensius de Cicerón, con un camino muy parecido a Agustín en cuanto a valores e ideología. De hecho será sucesor de su amigo tanto en la presidencia de la comunidad de Tagaste como en la defensa de los valores católicos, y también será elegido obispo.

Posidio
Santos Alipio y Posidio. Rafael Nieto (2000). Convento de los Agustinos Recoletos de Marcilla (Navarra).
Discípulo de Agustín, también llegó al episcopado. Sus escritos, especialmente su Vita Augustini y el Indiculus son obras fundamentales para conocer a Agustín. El primero es la primera biografía escrita del santo. El segundo, un índice de todas las obras escritas por el santo, divididas en obras, epístolas y sermones. Conocía muy bien la biblioteca de Agustín en Hipona y siempre estuvo muy cerca de él.

Nebridio
Es otro de los grandes amigos de Agustín, con quien intercambió un gran número de cartas. Era de Cartago y también, como Posidio, era de familia rica y elevada socialmente. Se encuentra con Agustín cuando éste pertenecía a la secta maniquea. Nebridio le sigue a esta secta, pero no se dejó arrastrar tanto como Agustín, quizá por su elevada inteligencia. De hecho, criticó con severidad el maniqueísmo y el propio Agustín comienza a dudar de la secta por influencia de Nebridio. Forma con Agustín las primeras comunidades con que tanto habían soñado. Era investigador acérrimo, empedernido lector y Agustín lo tuvo como modelo de intelectual.

No se bautizó con San Agustín, pero sabemos que murió cristiano. La última noticia que se ofrece de él es poco antes de la ordenación sacerdotal de Agustín, en el año 391. Fue firme defensor de la vida íntima de la comunidad, hasta el punto de que no pocas veces criticó a Agustín por dedicarse excesivamente a los que llegaban al monasterio pidiendo ayuda, excesivas salidas, etc.

Romaniano
Fue el mecenas de Agustín. Era paisano suyo y uno de sus hijos, Licencio, estará en la comunidad de Casiciaco cuando Agustín la forme. Romaniano era pariente de Alipio y famoso por su liberalidad. Se hizo maniqueo con Agustín, le pagó los estudios superiores en Cartago y también se relacionará con él en Milán cuando vaya a resolver asuntos en la corte. Quiso participar en la comunidad de filósofos de Milán, y permaneció maniqueo una vez que Agustín se bautiza. Parece que se convirtió al final de sus días, no en vano para él había escrito libros como De vera religione y Contra académicos.

Simpliciano
Era sacerdote católico, muy culto, bautizó a San Ambrosio, acompañó a Agustín antes de su conversión. Fue ordenado obispo de Milán casi al mismo tiempo que Agustín lo fue en Hipona.

Verecundo
Era el dueño de la finca de Casiciaco donde se inicia la comunidad de Agustín. Estaba casado con una cristiana y aunque siempre quiso vivir en la comunidad nunca pudo. Finalmente, en su lecho de muerte se bautizó.

Paulino de Nola
Desarrolla su amistad con Agustín mediante cartas. Nunca se conocieron cara a cara. Era un admirador de Agustín. Había nacido en Burdeos en el 353 de una familia importantísima. Como Agustín, fue bautizado por San Ambrosio tras una conversión radical. Estaba casado con una mujer de nombre Terencia, pero vendió todas sus posesiones y se retiró a Barcelona. El 394 es ordenado sacerdote y se traslada a Nola (Italia) para vivir como monje al lado de la tumba de San Félix de Nola. Sin embargo, durante su vida sufrió los embates del pelagianismo y sus muchas cartas con Agustín eran fruto de sus dudas por decantarse entre Agustín o Pelagio.

Aurelio de Cartago
Era el obispo de Cartago mientras Agustín presidía la sede de Hipona. Se conocieron en el 385 en un viaje de vuelta de Italia a África. Entonces Aurelio era ya diácono. Entre ambos se complementaron en la búsqueda de la reforma de la Iglesia africana. Aurelio era organizador nato y Agustín el ideólogo. Los dos unidos logran así que la iglesia africana supere la crisis donatista, volviendo todos a la unidad mediante la Conferencia de Cartago del 411.

El llamado partido de Donato o donatismo apareció en Africa hacia el año 305 como reacción ante las defecciones habidas durante la última gran persecución (años 303-305). Pretendía que la Iglesia sólo estuviera formada de santos, y que los pecadores no tuviesen cabida en ella. Era como el fariseo de la parábola (cf. Lc 18, 9-14), que comienza presentando a un Dios juez, continúa por poner en duda su misericordia y, en el fondo, termina por negar el poder del mismo Dios para perdonar. Las consecuencias fueron desastrosas para la cristiandad africana por la división y la persecución sangrienta que desató la secta contra los católicos. Al final, en el año 411 se consiguió la reunificación en la Conferencia de Cartago.

Marcelino
Fue un laico enviado por las autoridades imperiales para presidir la Conferencia de Cartago del 411. Honorio, el Emperador, lo había enviado para que sancionase y decidiese quién tenía razón en la Conferencia, a la que asistían donatistas y católicos a exponer sus puntos de vista. Emitió el juicio a favor de los católicos, pero además desde entonces tuvo una importante relación con Agustín, participante en la Conferencia. Varias de las obras antipelagianas de Agustín estuvieron escritas por encargo de Marcelino. Y a él están dedicados los primeros libros de De Civitate Dei. El año 413 Marcelino fue decapitado con su hermano, acusados ambos de participar en una sedición.

Horosio
Nacido en la ciudad hoy portuguesa de Braga entre el 375 y el 380, conoció a Agustín hacia el 414, cuando viaja hasta Hipona deseando estudiar con él y vivir en su comunidad. Agustín lo envió a Jerusalén para que estudiase con San Jerónimo y le pidió que escribiese una Historia Universal que hoy se conserva.

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